Teoría del Valor-Trabajo: Qué es, Origen y Críticas

En cada producto que consumes hay una pregunta escondida: ¿de dónde viene realmente su valor? La teoría del valor‑trabajo responde que la clave no está solo en los precios de mercado, sino en el tiempo de trabajo humano que hay detrás. Entenderla cambia cómo ves los salarios, los beneficios empresariales y la desigualdad.

Retratos de Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx, padres de la teoría del valor-trabajo en la economía clásica

¿Qué es la teoría del valor-trabajo y cómo se diferencia de la teoría del valor subjetivo?

La teoría del valor‑trabajo afirma que el valor de una mercancía depende del trabajo socialmente necesario para producirla, medido en tiempo bajo condiciones técnicas normales. En cambio, la teoría subjetiva del valor sostiene que el valor se determina por la utilidad, la escasez y las preferencias individuales de los consumidores, reflejadas en los precios de mercado.

En la teoría del valor‑trabajo, el foco está en la producción: cuánto esfuerzo humano, con cierta tecnología promedio, se cristaliza en cada bien o servicio. Ese esfuerzo explica por qué unas mercancías valen más que otras, independientemente de caprichos individuales.

La teoría subjetiva desplaza la atención hacia la demanda y la utilidad marginal: el valor se entiende como una percepción subjetiva, dependiente del contexto, del ingreso disponible y de alternativas. Esto fundamenta la microeconomía neoclásica moderna y el análisis de precios relativos.

Mientras la teoría del valor‑trabajo es la base de la economía política clásica y de la crítica de Karl Marx al capitalismo, la teoría del valor subjetivo sostiene la macro y microeconomía dominantes, desde Carl Menger hasta la teoría del equilibrio general. La diferencia no es solo técnica: implica lecturas opuestas sobre plusvalía, explotación y distribución del ingreso.

Cuadro comparativo entre la teoría del valor-trabajo (costos de producción) y la teoría del valor subjetivo (utilidad marginal)

Orígenes históricos: de Adam Smith y David Ricardo a Karl Marx y la economía política clásica

La teoría del valor‑trabajo nace con la economía clásica del siglo XVIII. Adam Smith, en “La riqueza de las naciones”, plantea que en sociedades simples el valor de cambio de los bienes se mide por la cantidad de trabajo que pueden comprar o comandar. El trabajo funciona como “patrón” de valor en el largo plazo.

Más tarde, David Ricardo refina esta idea: el valor de una mercancía se determina principalmente por la cantidad de trabajo incorporado en su producción, incluidas las herramientas y el capital fijo necesarios. Ricardo reconoce, sin embargo, que la composición del capital y la tasa de beneficio complican la relación directa entre valor y precio.

Karl Marx retoma y radicaliza esta tradición. Distingue entre trabajo concreto (las actividades específicas: tejer, programar, construir) y trabajo abstracto (el trabajo humano en general, medido en tiempo). De este último deriva la categoría de valor. Con ello, Marx transforma la teoría del valor‑trabajo en un instrumento para analizar clases sociales y relaciones de poder.

La economía política clásica utilizaba esta teoría del valor para explicar:

  • La formación del valor de cambio más allá de las oscilaciones de oferta y demanda.
  • La distribución funcional de la renta entre salarios, beneficios y rentas de la tierra.
  • Los precios de largo plazo (o “naturales”), sobre los que gravitan los precios de mercado.

Marx añade un giro crítico: muestra cómo, a partir de esta teoría, se puede explicar la plusvalía como parte del valor creado por los trabajadores y apropiado por los capitalistas. La teoría del valor‑trabajo deja de ser solo un modelo de precios para convertirse en una teoría de la explotación.


¿Cómo explica la teoría del valor-trabajo la formación de precios, la plusvalía y la explotación en el capitalismo?

Según la teoría del valor‑trabajo, el valor de una mercancía está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla con la tecnología y organización promedio del sector. A partir de ese valor, la competencia y la movilidad del capital transforman los valores en precios de producción, que incluyen una tasa de ganancia promedio. La plusvalía surge porque los salarios cubren solo una parte del valor creado, generando un excedente apropiado por el capitalista, base del concepto marxista de explotación.

Diagrama de la composición del valor de una mercancía capital constante, capital variable y plusvalía según la teoría marxista

En el esquema marxista, los precios de producción son los precios de equilibrio de largo plazo en una economía capitalista competitiva. Se componen de:

  • Capital constante (c): valor de los medios de producción usados (maquinaria, materias primas).
  • Capital variable (v): salarios pagados a la fuerza de trabajo.
  • Plusvalía (p o s): valor creado por el trabajo no remunerado al trabajador.

El valor total de la mercancía es c + v + p, pero solo v se paga como salario. La diferencia entre el nuevo valor creado por la jornada laboral y el salario constituye la plusvalía.

Ejemplo simplificado: si una empresa textil gasta 50 unidades monetarias en insumos (c), 50 en salarios (v) y vende la producción por 150, los 50 restantes son plusvalía (p). Desde la teoría del valor‑trabajo, ese excedente no se debe “al capital” en sí, sino al trabajo no pagado que se oculta tras la relación salarial.

La explotación no es, en este marco, un juicio moral sino una relación técnica: el trabajador vende su fuerza de trabajo por un salario que cubre su reproducción (alimento, vivienda, formación), pero durante la jornada genera más valor del equivalente a ese salario. Esa diferencia sistemática, organizada por la propiedad privada de los medios de producción, se concentra como ganancia, interés y renta.

Esta lógica permite interpretar fenómenos como:

  • Jornadas laborales largas con salarios estancados: aumento de la tasa de plusvalía.
  • Incrementos de productividad que no se traducen en salarios, sino en mayores márgenes empresariales.
  • Competencia entre capitalistas por abaratar costos laborales directos e indirectos (precariedad, externalización, automatización).

La teoría del valor‑trabajo, así, conecta la formación de precios de producción con un análisis estructural de la distribución del excedente dentro del capitalismo, más allá de la mera oferta y demanda instantánea.


Aplicaciones contemporáneas: productividad, cadenas globales de valor y distribución funcional de la renta

Hoy, la teoría del valor‑trabajo sigue siendo útil para analizar cómo la productividad y la organización global del trabajo determinan quién se queda con el excedente económico. Aunque la teoría neoclásica domina los manuales, el enfoque del valor‑trabajo es clave en debates sobre desigualdad, salarios reales y financiarización.

En términos de productividad laboral, la teoría plantea preguntas incómodas:
si la productividad crece (más output por hora trabajada), pero los salarios reales crecen mucho menos, la diferencia se manifiesta como un aumento de la participación del capital en la renta nacional. Organismos como la OCDE y la OIT han documentado, desde los años 80, una caída de la participación salarial en muchos países desarrollados y emergentes.

Al observar las cadenas globales de valor (CGV), el enfoque del valor‑trabajo ayuda a entender:

  • Cómo el trabajo de bajo coste en países en desarrollo (Bangladés, Vietnam, México) genera gran parte del valor de productos vendidos en mercados de alto ingreso.
  • Por qué las multinacionales capturan una fracción desproporcionada del excedente a través de marcas, patentes y control logístico.
  • Cómo la subcontratación y la fragmentación productiva invisibilizan el origen del valor en eslabones intensivos en trabajo.

Ejemplo: un smartphone ensamblado en Asia incorpora trabajo minero en África, manufactura en varias economías emergentes y diseño/marketing en economías avanzadas. El enfoque del valor‑trabajo pregunta: ¿dónde se genera efectivamente el valor y dónde se apropia la plusvalía? Normalmente, la renta económica se concentra en sedes corporativas y accionistas, más que en las plantas donde se realiza el trabajo productivo.

En la distribución funcional de la renta (entre trabajo y capital), la teoría del valor‑trabajo proporciona un lente para:

  • Interpretar la caída de la masa salarial relativa como signo de mayor explotación (aumento de la tasa de plusvalía).
  • Analizar el papel de la negociación colectiva, el salario mínimo y la política fiscal en la redistribución del excedente.
  • Entender por qué la expansión del sector financiero (intereses, dividendos) puede significar una apropiación creciente de plusvalía producida en la economía real.

Este enfoque se complementa con datos empíricos de cuentas nacionales, cuentas de distribución del ingreso y estudios de input‑output. No reemplaza el análisis estándar de productividad y competitividad, pero lo matiza con una pregunta central: ¿quién trabaja, quién se apropia y bajo qué relaciones de poder?


Críticas modernas y relevancia actual de la teoría del valor-trabajo en el análisis económico y social

La teoría del valor‑trabajo ha recibido críticas sustanciales desde la revolución marginalista del siglo XIX. La principal objeción neoclásica es que el valor no puede derivarse solo del trabajo porque los precios de mercado reflejan utilidad marginal, escasez relativa y las condiciones de oferta y demanda, no solo costos laborales.

Otra crítica técnica es el llamado “problema de la transformación”: cómo pasar de valores (en tiempo de trabajo) a precios de producción que incorporan una tasa de ganancia uniforme entre sectores con distinta composición de capital. Aunque Marx ofrece una solución parcial en el Tomo III de “El Capital”, economistas posteriores (como Böhm-Bawerk) han argumentado que existe una inconsistencia interna. Autores marxistas y sraffianos han propuesto soluciones y reformulaciones, mostrando que es posible compatibilizar la teoría del valor‑trabajo con precios de producción coherentes.

Además, críticos señalan que la teoría tiende a subestimar el papel de:

  • La innovación, el conocimiento y el capital intangible.
  • Las preferencias del consumidor y la dinámica de la demanda.
  • Instituciones como el Estado, la regulación y normas sociales en la formación de precios.

Pese a estas críticas, la teoría del valor‑trabajo mantiene relevancia analítica en varios frentes:

  • Estudios de desigualdad (Piketty, Milanovic) muestran una creciente concentración de riqueza y de rentas del capital, coherente con una lectura de apropiación desigual del excedente.
  • Los debates sobre salario mínimo vital, trabajo de plataformas (riders, apps) y gig economy se interpretan de forma clara con categorías como plusvalía relativa, precarización y intensificación del trabajo.
  • El análisis de crisis (por ejemplo, la crisis financiera de 2008) se enriquece al distinguir entre economía real donde se produce valor y la esfera financiera, donde se redistribuye y, a veces, se anticipa valor futuro mediante deuda.

En la academia, muchos modelos cuantitativos no utilizan explícitamente la teoría del valor‑trabajo, pero la investigación postkeynesiana, marxista y estructuralista sigue aplicándola en:

  • Modelos de crecimiento con distribución (por ejemplo, modelos de Bhaduri‑Marglin).
  • Estudios de cadenas globales de valor y desarrollo desigual.
  • Análisis de políticas laborales y fiscales con foco en la participación salarial.

Su utilidad actual no reside tanto en predecir precios concretos, sino en ofrecer un marco estructural para pensar el capitalismo como un sistema de producción y apropiación de trabajo humano, donde la lucha por el excedente es central. En un contexto de automatización, crisis climática y tensiones geopolíticas, esta pregunta por el origen y destino del valor es más relevante que nunca.


Sesión de Preguntas Frecuentes sobre la Teoría del Valor-Trabajo

¿Qué es la teoría del valor-trabajo?

La teoría del valor-trabajo es un principio de la economía clásica que postula que el valor económico de un bien o servicio está determinado por la cantidad total de trabajo socialmente necesario para producirlo, en lugar de por su utilidad o placer que genera al consumidor.

¿Cuál es la diferencia entre la teoría del valor-trabajo y la teoría del valor subjetivo?

La diferencia fundamental es el origen del valor. La teoría del valor-trabajo es objetiva y se basa en el costo de producción (tiempo de trabajo), mientras que la teoría del valor subjetivo sostiene que el valor depende de la percepción individual, la escasez y la utilidad marginal para el consumidor.

¿Qué relación tiene la plusvalía con la teoría del valor-trabajo?

Según Karl Marx, la plusvalía es el valor excedente creado por el trabajador durante su jornada que no es remunerado en su salario. La teoría del valor-trabajo explica este fenómeno demostrando que el trabajo genera más valor del que cuesta reproducir la fuerza laboral (salario).

¿Sigue siendo vigente la teoría del valor-trabajo hoy en día?

Aunque la economía neoclásica prefiere la teoría subjetiva para fijar precios, la teoría del valor-trabajo sigue vigente en análisis sociológicos y de economía política para estudiar la desigualdad, la distribución del ingreso, las cadenas globales de valor y la explotación laboral en el capitalismo moderno.

A menudo subestimamos la Teoría del Valor-Trabajo considerándola una reliquia ideológica, pero la evidencia empírica es obstinada. Los datos macroeconómicos recientes nos revelan que, incluso en la era digital, los precios siguen gravitando sorprendentemente cerca de los valores laborales. Como analistas, esto nos obliga a reconocer que, pese a la complejidad de los algoritmos y la automatización, el tiempo de trabajo socialmente necesario sigue siendo una brújula fundamental para entender la estructura profunda de nuestros precios y la distribución real de la riqueza.

Jhon Mosquera

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