La mano invisible es una metáfora económica creada por el filósofo escocés Adam Smith que describe cómo la búsqueda del beneficio individual en un mercado libre y competitivo conduce de manera natural e inintencionada al bienestar social y a la asignación eficiente de los recursos económicos.
El concepto de la mano invisible se ha erigido como el pilar fundamental de la economía clásica y del liberalismo económico contemporáneo. Lejos de ser una justificación doctrinaria para la avaricia desmedida, esta teoría representa un profundo análisis de la sociología humana y de los mecanismos espontáneos de coordinación social. Comprender la magnitud de esta metáfora exige trascender la simplificación popular y adentrarse en la compleja arquitectura analítica que Adam Smith construyó para explicar cómo las sociedades comerciales logran sostenerse, prosperar y expandir su riqueza material sin la necesidad de un órgano central que dicte cada movimiento productivo.
La genialidad de esta formulación radica en la transformación de un instinto básico —el interés propio— en una herramienta de utilidad pública. En un entorno institucional estructurado bajo el imperio de la ley y la justicia, la mano invisible opera como un director de orquesta imperceptible. Alinea las capacidades productivas de millones de individuos dispersos, asegurando que los bienes y servicios que la sociedad demanda imperativamente sean producidos en las cantidades adecuadas, con los métodos más eficientes y a los precios más accesibles posibles.

- Qué es la mano invisible en economía y cuál es su significado
- Origen y evolución de la teoría de la mano invisible de Adam Smith
- El mecanismo de la mano invisible del mercado: Cómo funciona internamente
- El papel del interés propio y la competencia en la economía
- Ejemplos de la mano invisible en la economía contemporánea
- El mecanismo de la mano invisible del mercado: Cómo funciona internamente
- El papel del interés propio y la competencia en la economía
- Ejemplos de la mano invisible en la economía contemporánea
- Límites y contradicciones: Externalidades negativas y fallos del mercado
- Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre la mano invisible
- ¿Cuántas veces menciona literalmente Adam Smith la "mano invisible" en sus obras?
- ¿Cuál es el significado de la "mano invisible de Júpiter" en el ensayo de Astronomía?
- ¿La teoría de la mano invisible prohíbe absolutamente la intervención del Estado y los aranceles?
- ¿Cómo abordó Adam Smith el problema de la alienación generada por la división del trabajo?
- Referencias para profundizar sobre la mano invisible
Qué es la mano invisible en economía y cuál es su significado
En economía, la mano invisible significa el proceso incesante de autorregulación de los mercados libres. Este concepto establece que, mediante la interacción de la oferta y la demanda, las decisiones egoístas de productores y consumidores generan un equilibrio óptimo sin requerir intervención estatal o planificación económica centralizada.
El significado intrínseco de la mano invisible del mercado descansa sobre el principio del orden espontáneo. Los sistemas económicos son estructuras de complejidad asombrosa, compuestas por cadenas de suministro globales, miles de etapas de procesamiento y preferencias de consumo que fluctúan dinámicamente. La teoría postula que ninguna autoridad central posee la capacidad cognitiva ni la información suficiente para calcular qué, cómo y para quién producir en tiempo real. Es el mecanismo de precios libres el que asume este colosal desafío de procesamiento de datos.
Cuando un individuo actúa en la economía, ya sea como trabajador, inversionista o consumidor, lo hace guiado predominantemente por incentivos personales. El capitalista busca maximizar la tasa de retorno de su inversión; el trabajador busca el salario más alto por su esfuerzo; y el consumidor busca maximizar su utilidad adquiriendo los mejores productos al menor costo. La teoría de la mano invisible de Adam Smith demuestra que estas fuerzas concurrentes y aparentemente antagónicas no generan caos, sino una intrincada red de cooperación social.
Para que el productor logre captar el dinero del consumidor, está obligado a ofrecer un producto que este último valore más que el dinero que entregará a cambio. El capitalista no puede obligar al consumidor a comprar; debe seducirlo mediante la calidad y el precio. Por consiguiente, el afán de lucro personal queda estrictamente condicionado a la satisfacción de las necesidades ajenas. El individuo “es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones”, maximizando así el producto anual de la nación de una forma mucho más eficaz que si hubiese intentado promover el interés público de manera deliberada.
Origen y evolución de la teoría de la mano invisible de Adam Smith
Adam Smith introdujo la teoría de la mano invisible inicialmente en su obra “La teoría de los sentimientos morales” (1759) para describir la distribución de la riqueza, y la consolidó en “La riqueza de las naciones” (1776) como el motor central del crecimiento económico y la prosperidad material.
El desarrollo intelectual de la teoría de la mano invisible no ocurrió en el vacío. Adam Smith, profundamente influenciado por su maestro Francis Hutcheson y por el filósofo David Hume, observó con escepticismo las doctrinas mercantilistas que dominaban Europa. El mercantilismo sostenía que la riqueza de una nación se medía por sus reservas de metales preciosos y que el comercio era un juego de suma cero, lo que justificaba monopolios estatales, aranceles punitivos y la estricta regulación de la industria.
Smith concibió la mano invisible como una refutación directa a este paradigma intervencionista. Su contacto con los fisiócratas franceses, especialmente con François Quesnay, le proporcionó la noción de que existía un orden natural subyacente en las relaciones económicas que no requería coacción gubernamental para funcionar. Sin embargo, mientras los fisiócratas veían en la agricultura la única fuente de valor, Smith expandió esta visión, identificando el trabajo humano y su división como los verdaderos generadores de la riqueza de las naciones.
El concepto maduró a lo largo de las décadas. En su etapa inicial, enfocada en la moralidad, Smith utilizó la metáfora para explicar cómo los terratenientes ricos, a pesar de su codicia natural, terminaban distribuyendo los medios de subsistencia entre sus sirvientes, logrando una distribución de bienes casi equivalente a la que existiría si la tierra se hubiese dividido en porciones iguales. Posteriormente, en su tratado económico magna, la metáfora fue reorientada hacia la asignación del capital. Argumentó que el comerciante, al preferir apoyar la industria doméstica sobre la extranjera por una cuestión de seguridad personal, dirige su capital de la manera que mayor valor añade a la sociedad, impulsando así el crecimiento macroeconómico sin percatarse de ello.

El mecanismo de la mano invisible del mercado: Cómo funciona internamente
El mecanismo de la mano invisible funciona mediante un sistema de precios relativos que actúan como señales. Cuando un producto escasea, su precio sube, incentivando a los productores a fabricar más; cuando abunda, el precio baja, expulsando a los competidores ineficientes y equilibrando automáticamente el mercado competitivo.
Para comprender a un nivel técnico cómo opera la mano invisible del mercado, es imperativo desglosar el marco analítico de los precios desarrollado por la economía clásica. Este mecanismo de relojería se fundamenta en la gravitación constante del precio de mercado alrededor del precio natural.
La estructura del Precio Natural y el Precio de Mercado
Adam Smith identificó que toda mercancía posee un “precio natural”. Este es el precio que es exactamente suficiente para pagar las tasas promedio de los salarios del trabajo, los beneficios del capital y las rentas de la tierra utilizadas en la producción, preparación y transporte del bien al mercado. Representa el costo estructural de producción a largo plazo.
Por otro lado, existe el “precio de mercado”, que es el valor real al que se vende un producto en un momento y lugar determinados. Este precio está dictado exclusivamente por la proporción entre la cantidad de mercancías llevadas al mercado y la demanda de aquellos dispuestos a pagar el precio natural (la demanda efectiva).
| Componente | Definición Económica Clásica | Función en el Mecanismo del Mercado |
|---|---|---|
| Precio Natural | El costo real de producción (salarios, rentas, beneficios). | Actúa como el centro de gravedad o punto de equilibrio a largo plazo. |
| Precio de Mercado | El precio efectivo de intercambio transaccional. | Actúa como la señal inmediata que refleja la escasez o abundancia temporal. |
| Demanda Efectiva | Consumidores dispuestos y con capacidad de pagar el precio natural. | Define la dirección hacia la cual deben movilizarse los recursos productivos. |
Si la cantidad de una mercancía llevada al mercado es insuficiente para cubrir la demanda efectiva, la competencia entre los compradores hará subir el precio de mercado por encima del precio natural. Esta rentabilidad extraordinaria actuará como un poderoso imán, atrayendo nuevo capital y trabajo hacia este sector productivo. Con la entrada de nuevos oferentes, la producción aumentará, saturando la demanda y empujando el precio de mercado nuevamente hacia abajo, hasta estabilizarse en el precio natural.
Inversamente, si hay sobreproducción, el precio de mercado colapsará por debajo del precio natural. Los productores sufrirán pérdidas, el capital migrará hacia sectores más rentables, la oferta disminuirá y el precio se recuperará. Esta incesante reasignación sectorial del capital es la verdadera manifestación técnica de la mano invisible.
El papel del interés propio y la competencia en la economía
El interés propio actúa como el combustible del mercado, motivando a las personas a producir bienes valorados por otros. Simultáneamente, la competencia funciona como el freno, impidiendo que los productores cobren precios excesivos y obligándolos a innovar y mejorar constantemente la eficiencia de sus métodos.
La teoría de la mano invisible de Adam Smith es categórica en afirmar que la benevolencia no es la base de la civilización comercial. Es la dependencia mutua canalizada a través del intercambio interesado lo que garantiza el abastecimiento social. No es de la generosidad del carnicero, del cervecero o del panadero de donde obtenemos nuestra cena, sino de su consideración por su propio interés económico. Al apelar no a su humanidad sino a su amor propio, la sociedad logra automatizar el suministro de necesidades.
Sin embargo, el interés propio aislado conduciría inevitablemente a la extorsión del consumidor. Aquí es donde interviene la competencia, el segundo pilar inalienable de la mano invisible. La multiplicidad de oferentes descentralizados es lo que disciplina la avaricia individual. Si un panadero decide cobrar un precio artificialmente alto por su pan, perderá instantáneamente a su clientela frente a panaderos rivales. Esta presión competitiva fuerza a todos los participantes a operar con márgenes de beneficio normales y a maximizar la eficiencia productiva.
- Innovación tecnológica: La competencia por el favor del consumidor empuja a las empresas a desarrollar nuevas maquinarias y métodos. La reducción de costos resultante amplía el acceso de bienes a las clases bajas.
- División del trabajo: Para ser más competitivos, los empresarios subdividen los procesos productivos, lo que aumenta exponencialmente la destreza de cada obrero, ahorra tiempo y facilita la invención de maquinaria especializada.
- Asignación de capitales: El capital fluye con agilidad hacia las industrias donde la rentabilidad es más alta, garantizando que el dinero financie las prioridades más urgentes de la sociedad dictaminadas por la demanda efectiva.
Ejemplos de la mano invisible en la economía contemporánea
Un ejemplo de la mano invisible ocurre cuando una innovación tecnológica, motivada por el afán de lucro del inventor, reduce los costos de producción. Esto obliga a la competencia a adoptar tecnologías similares, resultando en bienes más asequibles y un aumento del nivel de vida general.
Observar la mano invisible en economía en la práctica contemporánea requiere analizar la logística descentralizada y las cadenas de suministro globales. Los supermercados modernos representan un milagro continuo de este mecanismo. Un establecimiento promedio contiene decenas de miles de productos diferentes, cultivados, ensamblados y procesados en múltiples continentes. Nadie planificó centralmente que los aguacates de América Latina, el trigo de Norteamérica y las especias de Asia coincidieran simultáneamente en una estantería en Europa, frescos y a precios competitivos. Fue el interés individual interconectado a través de señales de precios lo que coordinó esta vasta coreografía global.
Otro claro ejemplo de la mano invisible de Adam Smith reside en el desarrollo de la economía digital y los dispositivos móviles. Cuando los fabricantes de teléfonos inteligentes iniciaron el desarrollo de estos dispositivos, su motivación primordial era capturar un mercado masivo y asegurar beneficios corporativos estratosféricos. No operaron por un mandato estatal de democratizar el acceso a la información.
Sin embargo, la feroz competencia entre los gigantes tecnológicos impulsó una caída vertiginosa en los costos de los semiconductores y un salto exponencial en la capacidad de procesamiento computacional. El resultado no intencionado fue la integración de miles de millones de personas a la economía digital, reduciendo drásticamente la brecha de información, habilitando modelos de banca móvil en países en vías de desarrollo y proporcionando herramientas educativas gratuitas a escala global. El lucro corporativo fue la intención; el progreso civilizatorio y tecnológico generalizado fue el corolario dictado por la mano invisible.
El mecanismo de la mano invisible del mercado: Cómo funciona internamente
El mecanismo de la mano invisible funciona mediante un sistema de precios relativos que actúan como señales. Cuando un producto escasea, su precio sube, incentivando a los productores a fabricar más; cuando abunda, el precio baja, expulsando a los competidores ineficientes y equilibrando automáticamente el mercado competitivo.
Para comprender a un nivel técnico cómo opera la mano invisible del mercado, es imperativo desglosar el marco analítico de los precios desarrollado por la economía clásica. Este mecanismo de relojería se fundamenta en la gravitación constante del precio de mercado alrededor del precio natural.
La estructura del Precio Natural y el Precio de Mercado
Adam Smith identificó que toda mercancía posee un “precio natural”. Este es el precio que es exactamente suficiente para pagar las tasas promedio de los salarios del trabajo, los beneficios del capital y las rentas de la tierra utilizadas en la producción, preparación y transporte del bien al mercado. Representa el costo estructural de producción a largo plazo.
Por otro lado, existe el “precio de mercado”, que es el valor real al que se vende un producto en un momento y lugar determinados. Este precio está dictado exclusivamente por la proporción entre la cantidad de mercancías llevadas al mercado y la demanda de aquellos dispuestos a pagar el precio natural (la demanda efectiva).
| Componente | Definición Económica Clásica | Función en el Mecanismo del Mercado |
|---|---|---|
| Precio Natural | El costo real de producción (salarios, rentas, beneficios). | Actúa como el centro de gravedad o punto de equilibrio a largo plazo. |
| Precio de Mercado | El precio efectivo de intercambio transaccional. | Actúa como la señal inmediata que refleja la escasez o abundancia temporal. |
| Demanda Efectiva | Consumidores dispuestos y con capacidad de pagar el precio natural. | Define la dirección hacia la cual deben movilizarse los recursos productivos. |
Si la cantidad de una mercancía llevada al mercado es insuficiente para cubrir la demanda efectiva, la competencia entre los compradores hará subir el precio de mercado por encima del precio natural. Esta rentabilidad extraordinaria actuará como un poderoso imán, atrayendo nuevo capital y trabajo hacia este sector productivo. Con la entrada de nuevos oferentes, la producción aumentará, saturando la demanda y empujando el precio de mercado nuevamente hacia abajo, hasta estabilizarse en el precio natural.
Inversamente, si hay sobreproducción, el precio de mercado colapsará por debajo del precio natural. Los productores sufrirán pérdidas, el capital migrará hacia sectores más rentables, la oferta disminuirá y el precio se recuperará. Esta incesante reasignación sectorial del capital es la verdadera manifestación técnica de la mano invisible.
El papel del interés propio y la competencia en la economía
El interés propio actúa como el combustible del mercado, motivando a las personas a producir bienes valorados por otros. Simultáneamente, la competencia funciona como el freno, impidiendo que los productores cobren precios excesivos y obligándolos a innovar y mejorar constantemente la eficiencia de sus métodos.
La teoría de la mano invisible de Adam Smith es categórica en afirmar que la benevolencia no es la base de la civilización comercial. Es la dependencia mutua canalizada a través del intercambio interesado lo que garantiza el abastecimiento social. No es de la generosidad del carnicero, del cervecero o del panadero de donde obtenemos nuestra cena, sino de su consideración por su propio interés económico. Al apelar no a su humanidad sino a su amor propio, la sociedad logra automatizar el suministro de necesidades.
Sin embargo, el interés propio aislado conduciría inevitablemente a la extorsión del consumidor. Aquí es donde interviene la competencia, el segundo pilar inalienable de la mano invisible. La multiplicidad de oferentes descentralizados es lo que disciplina la avaricia individual. Si un panadero decide cobrar un precio artificialmente alto por su pan, perderá instantáneamente a su clientela frente a panaderos rivales. Esta presión competitiva fuerza a todos los participantes a operar con márgenes de beneficio normales y a maximizar la eficiencia productiva.
- Innovación tecnológica: La competencia por el favor del consumidor empuja a las empresas a desarrollar nuevas maquinarias y métodos. La reducción de costos resultante amplía el acceso de bienes a las clases bajas.
- División del trabajo: Para ser más competitivos, los empresarios subdividen los procesos productivos, lo que aumenta exponencialmente la destreza de cada obrero, ahorra tiempo y facilita la invención de maquinaria especializada.
- Asignación de capitales: El capital fluye con agilidad hacia las industrias donde la rentabilidad es más alta, garantizando que el dinero financie las prioridades más urgentes de la sociedad dictaminadas por la demanda efectiva.
Ejemplos de la mano invisible en la economía contemporánea
Un ejemplo de la mano invisible ocurre cuando una innovación tecnológica, motivada por el afán de lucro del inventor, reduce los costos de producción. Esto obliga a la competencia a adoptar tecnologías similares, resultando en bienes más asequibles y un aumento del nivel de vida general.
Observar la mano invisible en economía en la práctica contemporánea requiere analizar la logística descentralizada y las cadenas de suministro globales. Los supermercados modernos representan un milagro continuo de este mecanismo. Un establecimiento promedio contiene decenas de miles de productos diferentes, cultivados, ensamblados y procesados en múltiples continentes. Nadie planificó centralmente que los aguacates de América Latina, el trigo de Norteamérica y las especias de Asia coincidieran simultáneamente en una estantería en Europa, frescos y a precios competitivos. Fue el interés individual interconectado a través de señales de precios lo que coordinó esta vasta coreografía global.
Otro claro ejemplo de la mano invisible de Adam Smith reside en el desarrollo de la economía digital y los dispositivos móviles. Cuando los fabricantes de teléfonos inteligentes iniciaron el desarrollo de estos dispositivos, su motivación primordial era capturar un mercado masivo y asegurar beneficios corporativos estratosféricos. No operaron por un mandato estatal de democratizar el acceso a la información.
Sin embargo, la feroz competencia entre los gigantes tecnológicos impulsó una caída vertiginosa en los costos de los semiconductores y un salto exponencial en la capacidad de procesamiento computacional. El resultado no intencionado fue la integración de miles de millones de personas a la economía digital, reduciendo drásticamente la brecha de información, habilitando modelos de banca móvil en países en vías de desarrollo y proporcionando herramientas educativas gratuitas a escala global. El lucro corporativo fue la intención; el progreso civilizatorio y tecnológico generalizado fue el corolario dictado por la mano invisible.
Límites y contradicciones: Externalidades negativas y fallos del mercado
La mano invisible presenta límites estructurales ante las fallas del mercado, como la formación sistemática de monopolios, asimetrías de información y externalidades negativas. En estos escenarios, la búsqueda del beneficio individual degenera en degradación ecológica, extrema desigualdad económica y graves crisis sistémicas.
La teoría de la mano invisible presupone un escenario de competencia perfecta y asimilación total de costos que rara vez se manifiesta en toda su pureza empírica. La evolución contemporánea de la teoría económica, complementada por enfoques heterodoxos e institucionalistas, ha cartografiado con precisión matemática e histórica las zonas ciegas de este mecanismo, demostrando que la alineación entre beneficio privado y bienestar público frecuentemente se quiebra.

El impacto devastador de las externalidades negativas
El fallo más crítico del mecanismo radica en la incapacidad de los precios de mercado para reflejar los costos sociales ocultos, conocidos como externalidades negativas. El paradigma smithiano asume implícitamente que los recursos naturales son infinitos y de libre apropiación. Cuando un complejo industrial contemporáneo busca maximizar sus ganancias, su incentivo inmediato es externalizar el costo del manejo de residuos arrojándolos al medio ambiente.
Al no pagar por la contaminación atmosférica o el agotamiento de acuíferos, su costo de producción es artificialmente bajo y su precio de mercado resulta competitivo. La mano invisible recompensa esta ineficiencia social, canalizando capital hacia empresas que depredan el entorno ecológico. La crisis ambiental global representa la frontera termodinámica y metabólica del capital, donde la racionalidad individual corporativa se convierte en una profunda irracionalidad colectiva que amenaza la base material de la subsistencia humana. Sin intervención estatal coercitiva (como impuestos pigouvianos o mercados de emisiones), el mercado libre es incapaz de internalizar estos pasivos ambientales.
La acumulación por desposesión y el monopolio
Lejos de una utopía de libre competencia incesante, el devenir del capitalismo ha evidenciado una tendencia hacia la concentración extrema del capital. La mano invisible del mercado requiere la multiplicidad de actores; sin embargo, en la práctica, las empresas exitosas buscan aniquilar la competencia erigiendo barreras de entrada, integrándose verticalmente y monopolizando industrias.
En la esfera de la economía digital y las grandes plataformas tecnológicas (Big Tech), los mercados tienden hacia configuraciones oligopólicas debido a los efectos de red. Además, dinámicas identificadas por economistas contemporáneos, como la “acumulación por desposesión”, demuestran que gran parte del enriquecimiento no proviene de dinámicas productivas impulsadas por la mano invisible, sino de la expropiación de bienes comunes, la especulación financiera, la mercantilización de los datos personales y la reconfiguración agresiva de los marcos legales para blindar las rentas del capital intangible multinacional.
En estos casos, el interés propio corporativo captura los aparatos reguladores del Estado, distorsionando los precios naturales, oprimiendo la remuneración laboral del trabajo mediante prácticas monopsonistas y fracturando el vínculo entre progreso económico y distribución equitativa de la riqueza postulado en la teoría clásica original.
Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre la mano invisible
Esta sección resuelve dudas específicas y casos de uso atípicos relacionados con la teoría económica de Adam Smith que no se limitan a la definición estándar, abordando su aplicación en contextos históricos precisos y su interpretación técnica en el análisis del pensamiento económico heterodoxo.
¿Cuántas veces menciona literalmente Adam Smith la “mano invisible” en sus obras?
A pesar de ser su concepto más famoso y la base de la economía moderna, Adam Smith solo utilizó la expresión explícitamente en tres ocasiones en toda su vasta obra literaria: una vez en un ensayo temprano sobre astronomía, una vez en “La teoría de los sentimientos morales” referida a los terratenientes, y únicamente una vez en el “Libro IV” de “La riqueza de las naciones” refiriéndose a la preferencia por la inversión doméstica sobre la extranjera.
¿Cuál es el significado de la “mano invisible de Júpiter” en el ensayo de Astronomía?
Antes de consolidarla como un teorema económico, Smith usó el término en su ensayo sobre la Historia de la Astronomía para referirse al paganismo de la antigüedad. Describió cómo los pueblos primitivos no veían intervenciones divinas en los eventos regulares de la naturaleza (como el fuego que quema o el agua que cae), sino que atribuían únicamente los eventos irregulares y aterradores (como los rayos o eclipses) a la ira y a la “mano invisible de Júpiter”.
¿La teoría de la mano invisible prohíbe absolutamente la intervención del Estado y los aranceles?
No en términos absolutos. Adam Smith era un pensador pragmático, no un ideólogo anarquista. Aunque propugnaba el libre comercio, apoyó explícitamente leyes intervencionistas como las Actas de Navegación británicas, que imponían fuertes restricciones comerciales. Argumentaba que, dado que la seguridad nacional es de mucha mayor importancia que la opulencia, la defensa justifica intervenciones severas en el mercado para garantizar una flota mercante soberana robusta en tiempos de guerra.
¿Cómo abordó Adam Smith el problema de la alienación generada por la división del trabajo?
Si bien la mano invisible y la división del trabajo potencian la riqueza, Smith advirtió un efecto secundario atroz: la repetición incesante de operaciones mecánicas simples atrofia intelectual y moralmente al trabajador manual, convirtiéndolo en un ser alienado. Para contrarrestar esta falla intrínseca del mercado capitalista, Smith recomendó decididamente que el Estado financiara y organizara sistemas de educación pública universal para la clase trabajadora, algo inaudito para el pensamiento laissez-faire más estricto.
Referencias para profundizar sobre la mano invisible
- An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Adam Smith (1776). (Libro IV, Capítulo II).
- The Use of Knowledge in Society. Friedrich A. Hayek (American Economic Review, 1945).
- Information and the Change in the Paradigm in Economics (Nobel Prize Lecture). Joseph E. Stiglitz (2001).
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