Microeconomía

Utilidad marginal: por qué la última unidad siempre vale menos

La utilidad marginal es la satisfacción adicional que aporta consumir una unidad más de un bien. Su ley central —la utilidad marginal decreciente— dice que cada unidad extra satisface menos que la anterior. De ahí que la curva de demanda baje, que lo escaso cueste más que lo básico y que convenga gravar más a quien más gana.

Por Jhon Mosquera20 jul 20267 min de lectura

Última actualización: 2026-07-20

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Es la una de la tarde en Girón y el sol de Santander no da tregua. Después de cargar el mercado desde la plaza hasta la casa, don Efraín se sienta bajo el árbol del patio y se toma de un tirón el primer vaso de agua helada: puro alivio. El segundo también entra bien. El tercero ya lo bebe despacio; el cuarto lo deja por la mitad sobre la mesa. La jarra sigue llena y el agua sigue igual de fría, pero cada vaso le importa un poco menos que el anterior.

Ese detalle tan doméstico —que la misma agua valga muchísimo cuando hay sed y casi nada cuando ya estamos saciados— esconde una de las ideas más potentes de la microeconomía. Tiene nombre propio: utilidad marginal. Y sirve para explicar cosas tan distintas como el precio de un tinto, por qué la curva de demanda baja o por qué el impuesto de renta cobra más a quien más gana.

Fila de vasos idénticos de agua con hielo sobre una mesa, cada uno menos apetecible que el anterior, imagen que ilustra la utilidad marginal decreciente.

¿Qué es la utilidad marginal?

La utilidad marginal es el bienestar extra que una persona obtiene al consumir una unidad más de un bien o servicio. No mide lo útil que es el bien en total, sino cuánto suma esa última unidad: el empujón de bienestar del siguiente vaso de agua, de la siguiente hora de música o del siguiente peso gastado. El economista Alfred Marshall le dio su nombre moderno —”marginal utility”— y la colocó en el centro del análisis de la demanda en 1890 [1].

Conviene no confundirla con la utilidad total. La utilidad total es el bienestar acumulado por todo lo que consumimos de un bien; la utilidad marginal es solo el pedacito que aporta la última unidad. Cuando don Efraín va por su cuarto vaso, su utilidad total sigue subiendo —está algo mejor que con tres—, pero su utilidad marginal ya casi no se mueve, porque la sed prácticamente desapareció.

Esa distinción es la que hace interesante al concepto. Las decisiones de gasto no se toman mirando el valor total de un bien, sino su valor “al margen”: ¿vale la pena una unidad más, dado lo que ya tengo? Toda la teoría moderna de cómo elegimos qué comprar, que desarrollamos en la teoría del consumidor, gira alrededor de esa pregunta.

La ley de la utilidad marginal decreciente

La ley de la utilidad marginal decreciente establece que, a medida que consumimos más unidades de un mismo bien en un mismo momento, cada unidad adicional aporta menos satisfacción que la anterior. Fue el prusiano Hermann Heinrich Gossen quien la formuló de manera sistemática en 1854 [2], mucho antes de que se convirtiera en piedra angular de la economía.

La obra de Gossen pasó casi inadvertida en su época. Dos décadas más tarde, hacia 1871, William Stanley Jevons en Inglaterra la redescubrió por su cuenta con su idea del “final degree of utility” [3], y por caminos separados llegaron a lo mismo Carl Menger y Léon Walras. Esa convergencia dio lugar a la llamada revolución marginalista, cuya historia contamos aparte en la teoría del valor.

La ley se ve mejor con números. Supongamos que medimos la satisfacción de don Efraín en “útiles” imaginarios —una unidad cualquiera solo para ilustrar— por cada vaso de agua que se toma seguido:

Vaso de aguaUtilidad total (útiles)Utilidad marginal (útiles)
1.º10+10
2.º18+8
3.º23+5
4.º25+2
5.º250
6.º22−3

Dos cosas saltan a la vista. La utilidad total sube con cada vaso, pero cada vez sube menos (de +10 a +8, a +5…): el bienestar crece a un ritmo decreciente. Y la utilidad marginal cae vaso a vaso hasta que el quinto ya no aporta nada (saturación) y el sexto resta, porque tomar agua de más incomoda. Ese punto en que la utilidad marginal se vuelve cero marca el máximo de la utilidad total.

Gráfico de la utilidad total creciente a ritmo decreciente y la utilidad marginal decreciente que cruza el cero al llegar a la saturación.

La ley no dice que el agua deje de ser útil, sino que su utilidad al margen se agota con la cantidad. Por eso nadie —salvo emergencia— gasta toda su plata en un solo producto: siempre llega un punto en que el siguiente peso rinde más en otra cosa.

Por qué la curva de demanda tiene pendiente negativa

La utilidad marginal decreciente es la razón de fondo por la que la curva de demanda baja: si cada unidad adicional de un bien nos satisface menos, solo estaremos dispuestos a comprar más unidades cuando el precio también baje. Un consumidor sigue comprando mientras la utilidad de la siguiente unidad supere lo que le cuesta; como esa utilidad se desvanece con la cantidad, hace falta un precio menor para que valga la pena una unidad más.

Marshall lo formuló midiendo la utilidad en “unidades de dinero”: alguien compra vasos de agua hasta que el valor del último vaso iguala su precio [1]. Si el precio sube, ese punto se alcanza antes y se compra menos; si baja, se compra más. Ahí está, en una sola idea, la ley de la demanda.

Gossen añadió una segunda regla, hoy conocida como principio de igualación en el margen: un consumidor reparte su presupuesto de modo que el último peso gastado en cada bien le rinda la misma satisfacción [2]. Si un peso en café me diera más bienestar que un peso en pan, movería gasto hacia el café hasta que ambos se igualaran. La economía moderna llega a la misma conclusión sin necesidad de medir la utilidad en números exactos, por la vía de las curvas de indiferencia que explicamos en la teoría del consumidor.

La utilidad marginal y la paradoja del valor

La utilidad marginal resuelve un viejo enigma: por qué el agua, indispensable para vivir, casi no cuesta, mientras que un diamante, prácticamente inútil, vale una fortuna. La respuesta está en el margen, no en el total. Como el agua abunda, la última gota disponible aporta muy poco y su precio es bajo; como los diamantes escasean, cada unidad adicional pesa muchísimo. La utilidad total del agua es enorme, pero su utilidad marginal es mínima.

Esa paradoja del valor y la disputa histórica que desató la desarrollamos en detalle en la página de teoría del valor; aquí basta con quedarnos con la moraleja: el precio de las cosas no sigue lo útiles que son en abstracto, sino cuánto vale su última unidad en un contexto de escasez.

Aplicaciones: impuestos, tarifas y precios

La utilidad marginal no es solo teoría de pizarra: está detrás de decisiones que afectan el bolsillo de millones de colombianos, desde cuánto paga cada quien de impuestos hasta cuánto cuesta el agua del acueducto. Estas tres aplicaciones muestran la misma idea en acción.

ÁmbitoLógica de utilidad marginalEjemplo en Colombia
Impuesto de rentaEl último peso de un ingreso alto aporta menos bienestar, así que se puede gravar másTarifa progresiva del 0% al 39% (art. 241 ET) [6]
Servicios públicosEl consumo de subsistencia (alta utilidad marginal) se protege; el excedente (baja) paga másSubsidios a estratos 1-3 y contribución de estratos 5-6 (Ley 142) [5]
Precios y promocionesLa segunda o tercera unidad vale menos para el cliente, así que se descuenta“Lleve 2, pague 1”; segunda unidad a mitad de precio

Impuestos progresivos y la utilidad marginal del ingreso

El dinero también tiene utilidad marginal decreciente. Daniel Bernoulli lo intuyó en 1738 al estudiar las apuestas: un mismo peso adicional aporta menos bienestar cuanto más rico ya se es, porque las primeras necesidades —comer, techo, transporte— son las más urgentes [4]. Cien mil pesos cambian la semana de un hogar que apenas llega a fin de mes; para alguien de ingresos muy altos son casi imperceptibles.

De esa idea nace el argumento clásico a favor de los impuestos progresivos: si el último peso que gana una persona rica vale menos en bienestar que el de una persona pobre, cobrarle una tarifa mayor le “duele” proporcionalmente menos. Colombia lo aplica en el impuesto de renta de personas naturales, cuya tarifa sube por tramos: los ingresos más bajos quedan exentos (0%) y la tarifa marginal máxima llega al 39% para los más altos [6].

Tarifas por bloques y subsidios en Colombia

La misma lógica ordena las tarifas de los servicios públicos domiciliarios. La primera porción de agua o de energía que consume un hogar —la de cocinar, asearse, beber— tiene una utilidad marginal altísima: es de subsistencia. La que se usa para llenar una piscina o regar un jardín amplio tiene una utilidad marginal mucho menor. Por eso la Ley 142 de 1994 subsidia el consumo básico de los estratos 1, 2 y 3, mientras que los estratos 5 y 6, el comercio y la industria pagan una contribución sobre el suyo [5].

Es utilidad marginal convertida en política pública: proteger las primeras unidades, que valen mucho para todos, y hacer que el consumo excedente —el de menor utilidad marginal, y típico de quien más tiene— financie ese apoyo. El mismo principio explica los “2×1” y los descuentos por volumen del comercio: como la segunda unidad vale menos para el cliente, rebajar su precio es lo único que lo anima a llevarla.

Preguntas frecuentes

¿La utilidad marginal puede ser negativa?

Sí. Cuando ya estamos saciados, una unidad más deja de aportar bienestar e incluso puede restarlo. El sexto vaso de agua seguido incomoda; el cuarto pan en la sentada empalaga. En ese punto la utilidad marginal cruza el cero y se vuelve negativa, señal de que consumir más ya nos empeora. Por eso la utilidad total no crece para siempre: alcanza un máximo justo cuando la utilidad marginal se hace cero y empieza a caer si seguimos.

¿En qué se diferencian la utilidad total y la utilidad marginal?

Son dos medidas del mismo consumo. La utilidad total responde a “¿cuánto bienestar me ha dado en conjunto todo lo que llevo?”; la utilidad marginal, a “¿cuánto me aporta la próxima unidad?”. Pueden moverse en direcciones opuestas: mientras avanzas en una serie de televisión, tu disfrute total se acumula capítulo a capítulo, pero lo que suma cada nuevo capítulo tiende a menguar. Quien decide si consumir “uno más” se guía por la marginal, nunca por la total.

¿Quién formuló la ley de la utilidad marginal decreciente?

El primero en enunciarla de forma sistemática fue Hermann Heinrich Gossen, en un libro de 1854 que casi nadie leyó. Hacia 1871, William Stanley Jevons, Carl Menger y Léon Walras la redescubrieron por separado y la convirtieron en el corazón de la economía marginalista. Años después, Alfred Marshall le dio su nombre moderno y la integró con la oferta y la demanda en su tratado de 1890.

¿Cómo influye la utilidad marginal en el precio que estamos dispuestos a pagar?

Pagamos por una unidad, como mucho, lo que nos vale su utilidad marginal. Como esa utilidad decrece con la cantidad, cada unidad extra la valoramos menos y solo la compramos si baja de precio. Por eso quien tiene poco de algo paga más por conseguirlo y quien ya tiene mucho apenas ofrece nada por otra unidad. La disposición a pagar no depende de lo útil que sea el bien en general, sino de cuánto vale para uno la siguiente unidad.

¿Por qué las empresas ofrecen descuentos por cantidad?

Porque conocen la utilidad marginal decreciente de sus clientes, aunque no la llamen así. La primera unidad de un producto se vende sola; la segunda o la tercera valen menos para el comprador, que no las llevaría al mismo precio. Rebajar esas unidades adicionales —el “lleve 2, pague 1”, la segunda a mitad de precio— es la forma de venderlas sin bajar el precio de la primera. El descuento compensa, justo, la satisfacción que se va apagando con cada unidad extra.

Referencias

  1. Alfred Marshall. Principles of Economics (1890), Libro III, Cap. III «Gradations of Consumers’ Demand» — enuncia la ley de la utilidad marginal decreciente y populariza el término «marginal utility»: «The marginal utility of a thing to anyone diminishes with every increase in the amount of it he already has». Marshall: Principles of Economics, Libro III (Internet Archive) — Consultada: 2026-07-20.
  2. Hermann Heinrich Gossen. Entwickelung der Gesetze des menschlichen Verkehrs, und der daraus fliessenden Regeln für menschliches Handeln (1854) — primera formulación sistemática de la ley de la utilidad marginal decreciente (primera ley de Gossen) y del principio de igualación en el margen (segunda ley de Gossen), base del análisis marginal moderno. Gossen: Entwickelung der Gesetze des menschlichen Verkehrs (Internet Archive) — Consultada: 2026-07-20.
  3. William Stanley Jevons. The Theory of Political Economy (1871) — redescubre de manera independiente el principio marginal con su «final degree of utility», mostrando que la utilidad de un bien decrece con cada porción adicional consumida. Jevons: The Theory of Political Economy (Internet Archive) — Consultada: 2026-07-20.
  4. Daniel Bernoulli. Exposition of a New Theory on the Measurement of Risk (orig. «Specimen theoriae novae de mensura sortis», 1738; trad. Louise Sommer), Econometrica, vol. 22, n.º 1 (1954), pp. 23-36 — introduce la utilidad marginal decreciente de la riqueza para resolver la paradoja de San Petersburgo: un mismo peso adicional aporta menos bienestar cuanto más rico ya se es. Bernoulli: Exposition of a New Theory on the Measurement of Risk (DOI 10.2307/1909829) — Consultada: 2026-07-20.
  5. Congreso de la República de Colombia. Ley 142 de 1994, régimen de los servicios públicos domiciliarios (arts. 99 y 89) — establece subsidios al consumo básico o de subsistencia para los estratos 1, 2 y 3 y contribuciones a cargo de los estratos 5 y 6, el comercio y la industria: protege las primeras unidades (de alta utilidad marginal) y grava el consumo excedente. Función Pública: Ley 142 de 1994 — Consultada: 2026-07-20.
  6. Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN). Cálculo del impuesto a cargo en la cédula general (artículo 241 del Estatuto Tributario) — la tarifa del impuesto de renta de personas naturales es progresiva por rangos en UVT, con un primer tramo exento (0%, hasta 1.090 UVT) y una tarifa marginal máxima del 39% (más de 31.000 UVT). DIAN: cálculo del impuesto en la cédula general — Consultada: 2026-07-20.
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