Macroeconomía

¿Qué es la división del trabajo y cuáles son sus límites?

La división del trabajo es el reparto de un proceso productivo entre personas que se especializan en una sola tarea. Adam Smith la señaló en 1776 como la causa principal del aumento de la productividad, por tres vías: más destreza, menos tiempo perdido al cambiar de labor y más máquinas. Su límite es el tamaño del mercado donde colocar lo producido.

Por Jhon Mosquera8 sep 202612 min de lectura

Última actualización: 2026-09-08

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Banco de trabajo dividido en cuatro estaciones con piezas a medio ensamblar, una imagen de la división del trabajo en un taller moderno

En los centros poblados y el área rural dispersa de Colombia, el 83,2 % de quienes trabajan lo hacen de manera informal. En las trece principales ciudades y sus áreas metropolitanas, el 40,7 %. Mismo país, mismo trimestre —abril-junio de 2026—, más de cuarenta puntos de diferencia [1].

Detrás de esa brecha hay algo más viejo que la encuesta de hogares. Tome el caso de un carpintero en un municipio de seiscientos habitantes: tiene que ser su propio contador, su vendedor, su instalador y su cobrador, porque nadie le compra suficiente carpintería como para vivir solo de ensamblar muebles. Uno de Bucaramanga puede subcontratar las cuatro cosas. La diferencia no es de talento ni de disciplina. Es de tamaño de mercado, y quien lo formuló primero fue Adam Smith, en el capítulo III del primer libro de su obra de 1776 [2].

Esta página trata del mecanismo: qué es, por qué multiplica la producción, dónde topa y qué le cuesta a quien la ejecuta. La biografía de Smith y su fábrica de alfileres viven en Adam Smith; el libro que la contiene, en La riqueza de las naciones.

¿Qué es la división del trabajo en economía?

Dividir el trabajo es partir una actividad productiva en tareas más simples y asignar cada una a una persona distinta, que se vuelve especialista en esa y solo en esa. Smith abre su obra afirmando que las mayores mejoras en la capacidad productiva del trabajo, y buena parte de la habilidad y el juicio con que se aplica, parecen ser efecto de esa división [3]. No de mejores trabajadores: de un mejor reparto de las tareas entre ellos.

El dato que todo el mundo recuerda es el de los alfileres. Aquellos más de 48.000 diarios salían a 4.800 por cabeza, y Smith sostiene que el taller multiplicaba por más de doscientas cuarenta lo que cada hombre, solo y sin el oficio aprendido, habría producido [3]. Lo que casi nunca se cita es el corolario que aparece dos capítulos después.

Smith sostiene que la diferencia de talentos naturales es mucho menor de lo que creemos, y que el genio distinto de cada profesión no es, en muchas ocasiones, tanto la causa como el efecto de la división del trabajo. Entre un filósofo y un mozo de cuerda, dice, la distancia parece venir no tanto de la naturaleza como del hábito, la costumbre y la educación: a los seis u ocho años eran acaso muy parecidos, y ni sus padres ni sus compañeros de juego notaban diferencia [4]. Buena parte de lo que llamamos vocación, entonces, llega después del reparto de tareas y no antes.

Las tres fuentes de productividad que identificó Adam Smith

El salto de producción se debe, según Smith, a tres circunstancias: el aumento de la destreza de cada trabajador, el ahorro del tiempo que se pierde al pasar de una labor a otra, y la invención de máquinas que facilitan y abrevian el trabajo, permitiendo que un hombre haga el trabajo de muchos [3]. Tres mecanismos distintos, no tres formas de decir lo mismo.

El primero se mide bien con los clavos, ejemplo del mismo capítulo que casi nadie cita porque se lo comieron los alfileres.

Quién hace el clavoClavos por díaQué explica la diferencia
Un herrero que nunca ha hecho clavos200 a 300, y de mala calidadSabe manejar el martillo; no sabe hacer clavos
Un herrero acostumbrado a hacerlos, pero que no vive de eso800 a 1.000La práctica, sin exclusividad
Un muchacho de menos de veinte años que nunca ha ejercido otro oficiomás de 2.300La exclusividad, no la experiencia ni la fuerza

Fuente: Adam Smith, La riqueza de las naciones, Libro I, capítulo I [3].

Léala de abajo hacia arriba. El muchacho hace más del doble de clavos que el herrero que sí sabe hacerlos, y entre siete y once veces los del que nunca los ha hecho. No porque sea mejor artesano: es peor artesano, sabe hacer una sola cosa. Esa es toda la tesis.

El segundo mecanismo, el tiempo, parece menor y no lo es: quien cambia constantemente de tarea y de herramienta adquiere, observa Smith, el hábito de una aplicación indolente y descuidada, y trabaja lento aunque quiera ir rápido [3]. Cualquiera que haya programado, contestado correos y facturado en la misma mañana sabe de qué habla.

El tercero es el que peor ha envejecido. Smith atribuye buena parte de las máquinas de su época a la invención de obreros comunes, que al concentrar su atención en una operación sencilla daban con métodos más rápidos de ejecutarla [3]. Ciento cincuenta años después, Allyn Young le enmendó la plana: lo decisivo no es que el obrero especializado invente, sino que al partir un proceso complejo en una sucesión de procesos simples algunos de esos pedazos se vuelven mecanizables [5]. Primero se divide; después llega la máquina.

¿Por qué la división del trabajo está limitada por la extensión del mercado?

Porque especializarse solo tiene sentido si hay a quién venderle el excedente. Smith lo demuestra con un caso de aritmética brutal: un clavero que produce mil clavos diarios y trabaja trescientos días llega a trescientos mil clavos al año; en las tierras altas de Escocia sería imposible colocar mil, es decir, el trabajo de un solo día en todo el año. Por eso allí no existe el oficio de clavero, y cada granjero debe ser carnicero, panadero y cervecero de su propia familia [2].

Circuito de realimentación entre la extensión del mercado y la división del trabajo

Ese es el teorema: la profundidad de la especialización la fija el tamaño del mercado. Smith añade el corolario geográfico —donde primero se subdivide y mejora la industria es en la costa y a orillas de los ríos navegables, porque el transporte por agua abre un mercado más extenso que el terrestre [2]— y el antropológico: la división del trabajo no es producto de la sabiduría humana ni de un plan, sino la consecuencia lenta de una propensión a trocar, permutar y cambiar una cosa por otra [4].

Allyn Young, en 1928, le dio la vuelta al teorema y lo convirtió en un motor. Si el mercado no es la clientela de una industria sino el conjunto de actividades productivas atadas por el intercambio, su tamaño lo determina el volumen de lo que se produce, y la fórmula de Smith se convierte en que «la división del trabajo depende en gran parte de la división del trabajo» (traducción propia) [5]. Young advierte que eso «es más que una mera tautología» (traducción propia) [5]: es un circuito que se realimenta. Más especialización abarata; el abaratamiento amplía el mercado; el mercado más amplio permite especializarse más. De ahí sale buena parte de la teoría moderna del crecimiento económico.

Tipos de división del trabajo: técnica, social e internacional

Hay tres niveles, y confundirlos genera la mitad de los malentendidos. Smith los distingue desde la primera página: una cosa es cómo opera la división del trabajo en manufacturas particulares y otra cómo opera en el negocio general de la sociedad [3]. La primera se decide dentro de una organización; la segunda no la decide nadie.

TipoDónde ocurreQuién la coordinaEjemplo
TécnicaDentro de una empresa o un tallerUna jerarquía: un plan, un procedimiento, un jefeLas estaciones de una línea de ensamblaje; los roles de un equipo de software
SocialEntre oficios y sectores de una misma economíaLos precios y el intercambio, sin decisión centralQue el pan lo haga un panadero, las cuentas un contador y el transporte un transportador
InternacionalEntre paísesPrecios relativos, costos de transporte y acuerdos comercialesQue el café se cultive aquí y la maquinaria que lo procesa se fabrique afuera

El tercer nivel tiene sus propias páginas: por qué a un país le conviene especializarse aunque sea peor que otro en todo se explica en ventaja comparativa, y el caso más simple, en ventaja absoluta.

El nivel social tiene consecuencias fuera de la economía. Émile Durkheim le dedicó su tesis de 1893 y llegó a una conclusión que a los economistas se les escapa: la división del trabajo no solo produce bienes, produce cohesión. Distinguió la solidaridad mecánica, la de las sociedades donde la gente se parece y comparte creencias, de la solidaridad orgánica, la de aquellas donde la gente se necesita porque hace cosas distintas [6]. El vínculo con el desconocido deja de ser la semejanza y pasa a ser la dependencia.

Los límites de la división del trabajo: qué se pierde al partir el trabajo en pedazos

El crítico más duro de la división del trabajo fue el mismo que la celebró. En el Libro V, discutiendo qué debe pagar el Estado, Smith describe al hombre cuya vida entera transcurre ejecutando unas pocas operaciones simples y concluye que «su destreza en su propio oficio parece adquirirse, de este modo, a expensas de sus virtudes intelectuales, sociales y marciales» (traducción propia) [7]. Mismo autor, misma obra, cuatro libros después.

Y no se quedó en el diagnóstico. Por un gasto muy pequeño, dice, el Estado puede facilitar, estimular e incluso imponer a casi todo el cuerpo del pueblo la necesidad de adquirir las partes más esenciales de la educación, con una escuelita en cada parroquia o distrito y una retribución tan moderada que hasta un jornalero pueda pagarla [7]. Educación pública pagada en parte —no del todo, para que el maestro no descuide su oficio— como contrapeso deliberado de la especialización industrial.

Marx radicalizó el diagnóstico: en los manuscritos de 1844 sostuvo que bajo la propiedad privada el trabajo se vuelve ajeno al trabajador, lo que llamó trabajo enajenado [8]; esa crítica se desarrolla en lucha de clases y su aparato conceptual, en teoría del valor. Frederick Taylor, en cambio, subió la división un piso: la aplicó al pensamiento. En 1911 escribió que toda la planeación que bajo el sistema antiguo hacía el obrero a partir de su experiencia personal debía pasar necesariamente a la gerencia y hacerse conforme a las leyes de la ciencia, porque «en la mayoría de los casos se necesita un tipo de hombre para planear y uno enteramente distinto para ejecutar el trabajo» (traducción propia) [9]. La destreza que Smith veía perderse era manual. La que se pierde con Taylor es el criterio.

Hay además un límite económico, no moral. Gary Becker y Kevin Murphy argumentaron en 1992 que el grado de especialización rara vez lo fija el tamaño del mercado: lo fijan los costos de coordinar a trabajadores especializados que ejecutan tareas complementarias, y la cantidad de conocimiento general disponible [10]. Cada corte adicional añade una junta que hay que administrar, y llega un punto en que la junta cuesta más de lo que ahorra el corte. Ahí se detiene la división, aunque el mercado siga creciendo.

Cadenas globales de valor: la división del trabajo hoy

Hoy el taller de Smith está repartido entre países. Las cadenas globales de valor —procesos productivos cuyas etapas ocurren en economías distintas— explican cerca de la mitad del comercio mundial e impulsaron el auge comercial posterior a 1990, aunque su expansión se estancó tras la crisis financiera de 2008 [11]. La unidad de comercio dejó de ser el producto terminado y pasó a ser la tarea.

Colombia participa poco en ese reparto. Solo alrededor del 10 % del valor añadido de las exportaciones colombianas es de origen extranjero, el segundo porcentaje más bajo de la OCDE en 2020, apenas por encima de Estados Unidos, que tiene la excusa de un mercado interno enorme [12]. El país exporta cosas que hace casi enteramente por su cuenta, sobre todo materias primas: los combustibles minerales, lubricantes y materiales relacionados fueron el 44,3 % de las exportaciones colombianas de bienes y servicios en 2022. Micro, pequeñas y medianas empresas aportan en conjunto apenas el 18 % del total exportado [12]. Quedarse fuera de las cadenas ajenas es quedarse sin la tecnología, la calidad y los precios que traen los insumos intermedios sofisticados.

La división del trabajo en Colombia: por qué la productividad no despega

El síntoma es conocido y la cifra, incómoda. Durante las tres décadas transcurridas desde 1990, la productividad laboral colombiana creció apenas un 1 % anual en promedio, aproximadamente la mitad del promedio de los países de la OCDE y de sus pares latinoamericanos; Brasil, Chile y Perú, en cambio, duplicaron cada uno su propia productividad laboral en ese mismo lapso, medida sobre su nivel de 1990. El resultado es que Colombia sigue siendo el país de la OCDE con el PIB por hora trabajada más bajo —dato de 2022—, incluso ajustando por poder adquisitivo [12].

Conviene medir con cuidado, porque «productividad» nombra cosas distintas que se mueven en direcciones distintas. En el año corrido hasta el tercer trimestre de 2025, según el DANE, la productividad laboral por hora trabajada creció 0,57 % en volumen, mientras la productividad laboral por persona empleada cayó 0,32 %: 0,89 puntos porcentuales de distancia entre dos series del mismo boletín y el mismo periodo [13]. El DANE no tiende un puente entre ellas, las descompone por separado. En la serie por persona empleada, las horas trabajadas por empleado aportan −0,55 % y el capital por persona empleada, −0,48 %; en la serie por hora no hay término de horas y el de capital vale −0,14 %. La productividad total de los factores, 0,91 %, y la composición del trabajo, −0,20 %, son las mismas en ambas [13]. Cada hora rinde un poco más; cada trabajador produce un poco menos, y en esa caída pesan tanto las horas que trabaja como el capital que tiene a mano. Cruzar esas dos series entre sí, o cualquiera de ellas con el PIB por hora ajustado por paridad de poder adquisitivo de la OCDE, es comparar magnitudes que no se hablan.

El dato que mejor conecta con Smith es otro: la informalidad colombiana no está repartida por igual.

Tamaño de la empresaOcupados informales, abril-junio 2026
Microempresa (hasta 10 trabajadores)84,8 %
Empresa pequeña (11 a 50)21,2 %
Empresa mediana (51 a 200)4,9 %
Empresa grande (más de 200)2,3 %

Fuente: DANE, Gran Encuesta Integrada de Hogares [1].

Una microempresa de tres personas no puede dividir el trabajo: el dueño vende, produce, cobra y hace las cuentas. No es que sea informal y además poco productiva; es poco productiva en parte porque su tamaño no admite especialización interna, y la informalidad es a la vez causa y consecuencia de que nunca crezca. La proporción nacional de ocupación informal fue del 54,5 % en ese trimestre, medio punto menos que un año antes [1]. El mismo nudo reaparece en el crecimiento económico, en el desempleo y en la composición del producto interno bruto, tres piezas del tablero de la macroeconomía colombiana.

¿A Colombia le sobra o le falta división del trabajo?

La crítica habitual dice que el trabajo moderno está demasiado fragmentado, que el empleado promedio es un engranaje sin visión de conjunto y que hay que devolverle sentido a la tarea. Puede que sea cierto en una fábrica de Wolfsburgo o en un centro de servicios compartidos de Bogotá. Mi lectura, y la marco como opinión, es que en la mayor parte del territorio colombiano el problema es el opuesto: demasiada gente haciendo demasiadas cosas a la vez porque el mercado nunca se hizo lo bastante grande para permitirles hacer una sola bien.

El carpintero del municipio de seiscientos habitantes no está alienado en el sentido de Marx. Está atrapado en el capítulo III de Smith. Y la cuenta no la paga solo él: la paga el país entero en forma de tres décadas de productividad creciendo al 1 % anual [12]. Ampliar el mercado —vías terciarias, conectividad, formalización que cueste menos de lo que da, integración en cadenas ajenas— no es una política industrial elegante. Es la única manera conocida de que alguien pueda dedicarse a una sola cosa. La pregunta no es cuánta especialización tolera un trabajador, sino cuántos kilómetros de mercado hay que construirle antes de que pueda permitírsela.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre división del trabajo y especialización?

Son las dos caras de un mismo hecho visto desde distinta altura. La división del trabajo describe cómo se reparte un proceso completo entre varias personas; la especialización, qué le pasa a cada una cuando se concentra en su parte. Uno es el reparto; la otra, su efecto sobre quien recibe el pedazo.

¿La división del trabajo siempre aumenta la productividad?

No de forma indefinida. Becker y Murphy sostuvieron en 1992 que lo que suele fijar hasta dónde conviene subdividir no es el tamaño del mercado sino los costos de coordinar a los especialistas y el conocimiento general disponible [10]. Cuando coordinar sale más caro de lo que ahorra especializar, dividir más destruye valor en lugar de crearlo.

¿Cómo afecta la automatización a la división del trabajo?

La reorganiza, no la elimina. El patrón que describió Young sigue operando: primero se parte un proceso complejo en pasos simples, y solo entonces algunos resultan mecanizables [5]. Lo que cambia es cuál pedazo queda del lado humano, y esa frontera se mueve desde la mano hacia el criterio desde que Taylor separó planear de ejecutar [9].

¿Por qué en los pueblos pequeños la gente hace de todo?

Porque no hay demanda suficiente para vivir de una sola cosa, que es literalmente el teorema de Smith: él lo ilustró con las tierras altas de Escocia, donde cada granjero tenía que ser su propio carnicero, panadero y cervecero [2]. El equivalente colombiano se lee por tamaño de empresa: en las microempresas de hasta diez trabajadores, donde apenas hay entre quiénes repartir las tareas, el 84,8 % de los ocupados era informal en el trimestre abril-junio de 2026, frente al 2,3 % en las empresas grandes [1].

Referencias

  1. Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Boletín técnico: ocupación informal, trimestre abril-junio 2026 — proporción de ocupación informal del 54,5 % en el total nacional, 83,2 % en centros poblados y rural disperso y 40,7 % en las 13 ciudades y áreas metropolitanas; e informalidad por tamaño de empresa: 84,8 % en microempresas, 21,2 % en pequeñas, 4,9 % en medianas y 2,3 % en grandes. DANE: ocupación informal abril-junio 2026 (PDF) — Consultada: 2026-09-08.
  2. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro I, capítulo III («That the Division of Labour is Limited by the Extent of the Market») — el clavero que produce mil clavos diarios y trescientos mil al año pero no podría colocar mil en las tierras altas de Escocia; el granjero que allí debe ser «butcher, baker, and brewer, for his own family»; y el transporte por agua como apertura de un mercado más extenso que el terrestre. Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro I capítulo III — Consultada: 2026-09-08.
  3. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro I, capítulo I («Of the Division of Labour») — la división del trabajo como efecto al que se deben las mayores mejoras de la capacidad productiva; la distinción entre su operación «in the general business of society» y en manufacturas particulares; las «three different circumstances» (destreza, ahorro de tiempo, invención de máquinas); las cifras de los claveros (200-300, 800-1.000 y «upwards of two thousand three hundred nails in a day»); los «upwards of forty-eight thousand pins in a day» del taller, que Smith reparte en «four thousand eight hundred pins in a day» por cabeza y contrasta con la fracción que cada uno alcanzaría trabajando «separately and independently, and without any of them having been educated to this peculiar business» —«not the two hundred and fortieth, perhaps not the four thousand eight hundredth, part of what they are at present capable of performing»—; el hábito de «indolent careless application» al cambiar de tarea; y las máquinas que fueron invención de «common workmen». Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro I capítulo I — Consultada: 2026-09-08.
  4. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro I, capítulo II — la división del trabajo como consecuencia lenta y gradual de «the propensity to truck, barter, and exchange one thing for another», y el pasaje según el cual el genio que distingue a las profesiones «is not upon many occasions so much the cause, as the effect of the division of labour», ilustrado con el filósofo y el mozo de cuerda, cuya distancia «seems to arise not so much from nature, as from habit, custom, and education» y que a los seis u ocho años eran «perhaps, very much alike». Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro I capítulo II — Consultada: 2026-09-08.
  5. Young, Allyn A. «Increasing Returns and Economic Progress». The Economic Journal, vol. 38, núm. 152, diciembre de 1928, pp. 527-542 — la reformulación del teorema de Smith como que «the division of labour depends in large part upon the division of labour», con la advertencia de que «this is more than mere tautology»; y la enmienda sobre la maquinaria: lo decisivo es que la división transforma un conjunto de procesos complejos en una sucesión de procesos más simples, algunos de los cuales se prestan al uso de máquinas. The Economic Journal: Increasing Returns and Economic Progress (DOI) — Consultada: 2026-09-08.
  6. Durkheim, Émile. De la division du travail social: étude sur l’organisation des sociétés supérieures, París: Félix Alcan, 1893 — la distinción entre la «solidarité mécanique ou par similitudes» y la «solidarité organique» como los dos tipos de cohesión social, siendo la segunda la que produce la división del trabajo. Internet Archive: De la division du travail social, edición de 1893 — Consultada: 2026-09-08.
  7. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro V, capítulo I, Parte III — el pasaje sobre los efectos de la especialización extrema, donde «his dexterity at his own particular trade seems, in this manner, to be acquired at the expense of his intellectual, social, and martial virtues»; y el remedio propuesto: «for a very small expense, the public can facilitate, can encourage and can even impose upon almost the whole body of the people, the necessity of acquiring those most essential parts of education», mediante una escuela en cada parroquia o distrito con maestro pagado solo en parte por el erario. Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro V capítulo I — Consultada: 2026-09-08.
  8. Marx, Karl. Manuscritos económico-filosóficos de 1844, primer manuscrito, sección «El trabajo enajenado» — el trabajo que, dados los presupuestos de la economía política y la propiedad privada, se vuelve ajeno al trabajador. Marxists Internet Archive: Manuscritos de 1844, primer manuscrito — Consultada: 2026-09-08.
  9. Taylor, Frederick Winslow. The Principles of Scientific Management, 1911 — el traslado de la planeación del obrero a la gerencia: «all of the planning which under the old system was done by the workman, as a result of his personal experience, must of necessity under the new system be done by the management in accordance with the laws of the science», y la afirmación de que «in most cases one type of man is needed to plan ahead and an entirely different type to execute the work». Project Gutenberg: The Principles of Scientific Management — Consultada: 2026-09-08.
  10. Becker, Gary S. y Murphy, Kevin M. «The Division of Labor, Coordination Costs, and Knowledge». The Quarterly Journal of Economics, vol. 107, núm. 4, noviembre de 1992, pp. 1137-1160 — el argumento de que el grado de especialización lo determinan más los costos de coordinar a trabajadores especializados con tareas complementarias, y la cantidad de conocimiento general disponible, que la extensión del mercado. JSTOR: The Division of Labor, Coordination Costs, and Knowledge — Consultada: 2026-09-08.
  11. Banco Mundial. Informe sobre el desarrollo mundial 2020: el comercio al servicio del desarrollo en la era de las cadenas de valor mundiales — las cadenas globales de valor representan casi la mitad del comercio mundial, impulsaron el auge del comercio internacional posterior a 1990 y su expansión se estancó tras la crisis financiera de 2008. Banco Mundial: Informe sobre el desarrollo mundial 2020 — Consultada: 2026-09-08.
  12. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Estudios Económicos de la OCDE: Colombia 2024, capítulo 3 — la productividad laboral creció «sólo un 1% anual de media» durante las tres décadas desde 1990, cerca de la mitad del promedio de la OCDE y de los pares latinoamericanos, mientras algunos países de la región, «como Brasil, Chile y Perú, han duplicado su productividad en el mismo periodo» (Gráfico 3.5, panel A, índice propio de cada país con 1990 = 100); Colombia «sigue siendo el país de la OCDE con el PIB por hora trabajada más bajo, incluso después de considerar las diferencias en el poder adquisitivo» (Gráfico 3.5, panel B, datos de 2022); «sólo alrededor del 10% del valor añadido de las exportaciones colombianas es de origen extranjero, el segundo porcentaje más bajo de la OCDE» (Gráfico 3.9, panel B, 2020); los «combustibles minerales, lubricantes y materiales relacionados» con el 44,3 % del Gráfico 3.8, panel B, rotulado «Exportaciones de bienes y servicios, %, 2022» —no del panel A, que desglosa por destino las exportaciones de bienes de 2023—; y el aporte del 18 % de micro, pequeñas y medianas empresas a las exportaciones totales. OCDE: Estudios Económicos de la OCDE, Colombia 2024 (PDF) — Consultada: 2026-09-08.
  13. Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Boletín técnico: Productividad Total de los Factores (PTF), año corrido tercer trimestre de 2025 preliminar — la productividad laboral por hora trabajada creció 0,57 % en volumen (Cuadro 3) y la productividad laboral por persona empleada disminuyó 0,32 % (Cuadro 4). Son dos descomposiciones independientes: en la de por persona empleada, la PTF aporta 0,91 %, las horas trabajadas por empleado −0,55 %, el capital por persona empleada −0,48 % y la composición del trabajo −0,20 %; en la de por hora, la PTF aporta 0,91 %, la composición del trabajo −0,20 % y la contribución del capital por hora trabajada −0,14 %, sin término de horas. El −0,55 % es un aporte dentro de la serie por persona, no la diferencia entre las dos series. DANE: Productividad Total de los Factores, III trimestre de 2025 (PDF) — Consultada: 2026-09-08.
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