Microeconomía

Teoría del valor: por qué las cosas valen lo que valen

La teoría del valor responde una vieja pregunta: ¿por qué las cosas valen lo que valen? Chocaron dos respuestas: la del valor-trabajo (Smith, Ricardo, Marx), que lo hace nacer del trabajo invertido, y la subjetiva o marginalista (Jevons, Menger, Walras), que lo sitúa en la utilidad para cada persona. Marshall las reconcilió: el precio lo fijan la utilidad y el costo.

Por Jhon Mosquera16 ago 202613 min de lectura

Última actualización: 2026-08-16

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En un concierto multitudinario en Bogotá, una botella de agua puede costar cuatro o cinco veces lo que vale en la tienda de la esquina. Es exactamente la misma agua, embotellada por la misma empresa; lo único que cambió fue el lugar, el momento y la sed acumulada de miles de personas que no pueden salir a buscar otra. Nadie duda de que el agua es más necesaria para vivir que casi cualquier otra cosa y, sin embargo, fuera de ese estadio su precio es de los más bajos del mercado.

Cambiemos de escena. Una tejedora en Nariño invierte semanas en una mochila hecha a mano, hilo por hilo, y cuando la lleva a vender siente que lo que le ofrecen no alcanza a pagar tanto trabajo. Su intuición —”esto vale por lo que me costó hacerlo”— es tan vieja como poderosa, y durante más de un siglo fue la respuesta oficial de la economía. La botella del concierto, en cambio, susurra una respuesta distinta: que el valor depende de las ganas que alguien tenga de algo, aquí y ahora.

Detrás de esas dos escenas corrientes late una de las discusiones más largas y fértiles de la microeconomía: de dónde sale, exactamente, el valor de las cosas. La respuesta que la disciplina fue construyendo terminó cambiando su propio rumbo.

Balanza de latón antigua sobre una superficie de pizarra oscura, con un vaso de agua en un platillo y un diamante tallado en el otro, metáfora de la teoría del valor y la paradoja del agua y los diamantes

¿Qué es la teoría del valor?

La teoría del valor es el conjunto de explicaciones con que la economía ha intentado responder una pregunta engañosamente simple: qué determina el valor económico de un bien y, por lo tanto, cuánto tiende a costar. Durante dos siglos compitieron dos grandes familias de respuestas: una mira hacia atrás, al esfuerzo y los recursos que costó producir el bien; la otra mira hacia adelante, a la satisfacción que le da a quien lo usa. De esa disputa nació buena parte de la economía moderna.

Conviene separar dos palabras que solemos confundir. El valor es la importancia económica que atribuimos a un bien; el precio es la cantidad de dinero que se paga por él en un mercado concreto. Toda teoría del valor busca explicar qué hay debajo del precio: por qué algunas cosas mandan mucho a cambio y otras, casi nada. Las dos familias de respuestas se resumen así.

RasgoTeoría del valor-trabajo (objetiva)Teoría subjetiva / marginalista
¿De dónde sale el valor?Del trabajo y los costos invertidos en producir el bienDe la utilidad que el bien da a cada persona, según su escasez
Figuras claveAdam Smith, David Ricardo, Karl MarxJevons, Menger, Walras
Lo que explica bienPor qué producir cuesta y por qué el trabajo importaPor qué el mismo bien vale distinto según el contexto
Lo que le cuesta explicarLa paradoja del agua y los diamantesEl papel del costo y del trabajo en el largo plazo

El valor nace del trabajo: la teoría clásica del valor-trabajo

La teoría del valor-trabajo sostiene que el valor de un bien está determinado por la cantidad de trabajo necesaria para producirlo. Fue la respuesta dominante de la economía clásica y coincide con una intuición muy extendida: si algo costó mucho esfuerzo, “debería” valer más. Adam Smith la formuló en 1776 al afirmar que el trabajo es la medida real del valor de cambio de todas las mercancías [2].

David Ricardo la afinó en 1817. En el primer capítulo de sus Principios de economía política y tributación sostuvo que el valor de cambio de los bienes reproducibles depende sobre todo de la cantidad relativa de trabajo que exige obtenerlos, y no solo de su escasez [3]. Medio siglo después, Karl Marx llevó la idea a su forma más influyente: en el primer tomo de El capital (1867) definió el valor de una mercancía por el “tiempo de trabajo socialmente necesario” para producirla, es decir, el que requiere un productor medio en condiciones normales [4]. Sobre esa base construyó su teoría de la plusvalía y de la explotación, la versión más elaborada del valor-trabajo y la que ocupa la siguiente sección de esta página.

La intuición de la tejedora de Nariño es, en el fondo, puro valor-trabajo: su mochila vale por las semanas que le dedicó. El problema es que esa explicación, tan convincente para lo que producimos, se estrella contra un caso que Smith mismo había dejado servido.

La teoría del valor de Marx: plusvalía y explotación

La teoría del valor de Marx es la versión más elaborada de la rama objetiva: conserva el tiempo de trabajo socialmente necesario como medida [4] y le añade dos piezas propias. Una separa el trabajo concreto del trabajo abstracto; la otra convierte la capacidad de trabajar en una mercancía con una propiedad única. De ese par salen sus dos conceptos más citados —la plusvalía y la tasa de explotación— y también el problema técnico que todavía se le discute.

Coser, programar y conducir un camión son actividades incomparables entre sí: eso es trabajo concreto. Marx sostuvo que en el intercambio el mercado las iguala como cantidades de trabajo abstracto, esfuerzo humano reducido a tiempo [4]. Traducido a ejemplos de hoy: sería lo único que una camisa y una línea de código tendrían realmente en común. La consecuencia es incómoda para la intuición de la tejedora de Nariño: como la medida es el tiempo socialmente necesario y no el que cada quien tardó, una técnica que permita hacer lo mismo en la mitad del tiempo abarata el producto de todos, incluido el de quien sigue trabajando al ritmo antiguo.

La fuerza de trabajo, la mercancía que crea más valor del que cuesta

El giro decisivo de Marx fue distinguir el trabajo —la actividad— de la fuerza de trabajo, la capacidad de trabajar que alguien vende por un tiempo determinado. En el capítulo 6 del primer tomo de El capital (1867) escribió que quien tiene dinero encuentra en el mercado una mercancía cuyo «valor de uso posee la propiedad peculiar de ser fuente de valor» (traducción propia) [10]. Dicho en corto: el empleador no compra un producto terminado, compra horas de una capacidad que, al ejercerse, crea valor nuevo.

Esa asimetría es todo el argumento. Lo que el salario paga, en el esquema de Marx, es lo que cuesta reproducir esa capacidad —alimento, vivienda, formación—, y no hay ninguna razón para que ese costo coincida con lo que la jornada alcanza a producir [10]. Ahí se abre la brecha que Smith y Ricardo habían dejado sin nombre.

Qué es la plusvalía y cómo se mide la tasa de explotación

La plusvalía es el valor que una jornada crea por encima de lo que cuesta el salario. Marx dividió el día de trabajo en dos tramos: en el trabajo necesario el trabajador produce el equivalente al valor de su fuerza de trabajo; en el trabajo excedente sigue produciendo valor que ya no está contenido en su salario [11]. La razón entre ambos tramos es la tasa de plusvalía, que Marx llamó sin rodeos «una expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital» (traducción propia) [11].

Ese mismo esquema descompone el valor de cualquier mercancía en tres piezas. La aritmética del ejemplo es ilustrativa, no un dato de una empresa real.

PiezaQué representaEjemplo ilustrativo
Capital constante (c)Valor de los medios de producción consumidos: insumos, desgaste de máquinas50
Capital variable (v)Los salarios pagados por la fuerza de trabajo50
Plusvalía (p)Valor creado durante la jornada que no se paga en el salario50

Si ese taller vende su producción en 150, el valor se reparte como c + v + p = 50 + 50 + 50, y la tasa de plusvalía (p dividido entre v) es del 100%. Conviene leer «explotación» como Marx la usaba: no es un insulto ni un juicio moral, sino el nombre técnico de esa razón aritmética [11]. Que suba o baje no depende de la maldad de nadie, sino de la duración de la jornada, de la intensidad del trabajo y de la productividad.

El problema de la transformación: por qué los precios no coinciden con las horas

La objeción salta a la vista en cualquier tienda: si el valor lo da el trabajo, los precios deberían seguir las horas trabajadas, y no lo hacen. Marx lo sabía y dedicó buena parte del tomo III de El capital (1894) al asunto. Su respuesta fue que la competencia tiende a igualar las tasas de ganancia entre sectores, de modo que lo que se observa en el mercado no son valores sino precios de producción: el costo más la ganancia que corresponde según la tasa general [12]. Por eso un sector muy mecanizado y otro intensivo en mano de obra terminan con márgenes parecidos aunque empleen cantidades de trabajo muy distintas.

La salida de Marx fue sostener que las desviaciones se compensan en el agregado: la suma de los precios de producción del conjunto de la economía equivale a la suma de los valores [12]. El paso de unos a otros es lo que la literatura llama el problema de la transformación, y no es un detalle menor. La Stanford Encyclopedia of Philosophy señala que el intento del propio Marx adolece de dificultades técnicas y que las soluciones propuestas después siguen discutiéndose [13].

Por qué se sigue discutiendo: críticas y lo que la teoría conserva

La crítica más conocida es la marginalista, que llega apenas cuatro años después de El capital y que esta página desarrolla más adelante: si el valor lo decide la utilidad de la última unidad, el trabajo no crea el valor, sino que vale porque se valora lo que produce. A ella se suman objeciones internas —cómo comparar trabajos de calificación muy distinta, cómo tratar el software, una patente o una marca— y una discusión de fondo sobre si la teoría de la explotación necesita realmente la del valor-trabajo: la propia Stanford Encyclopedia of Philosophy recoge definiciones alternativas, como la de John Roemer, que no dependen de ella [13].

La rama empírica es la menos conocida. Con tablas insumo-producto, W. Paul Cockshott y Allin Cottrell publicaron en 1997 en el Cambridge Journal of Economics que los precios de mercado están bien correlacionados con el contenido de trabajo directo e indirecto, y que sustituir el trabajo por otras bases de valor —electricidad, hierro y acero o petróleo— no da correlaciones mejores [14]. Los propios autores lo presentaron como una nota de investigación y no como una prueba de la teoría [14], que es la lectura prudente: una correlación alta no demuestra que el trabajo sea la fuente del valor.

Lo que la teoría conserva hoy no es la calculadora de precios del día a día —ese trabajo lo hacen la oferta, la demanda y la utilidad marginal— sino la pregunta por el reparto: quién se queda con el excedente que produce una jornada. Los datos de la Organización Internacional del Trabajo le dan anclaje contemporáneo. La participación del trabajo en el ingreso mundial cayó 1,6 puntos porcentuales entre 2004 y 2024, y la propia OIT cifra esa caída: en 2024 representó un faltante anual de 2,4 billones de dólares —en paridad de poder adquisitivo constante— frente a lo que los trabajadores del mundo habrían recibido si la participación se hubiera mantenido estable desde 2004 [15]. En la región de las Américas el retroceso fue de 1,2 puntos, y solo entre 2019 y 2024 [15]. En ese mismo lapso de dos décadas, entre 2004 y 2024, la productividad laboral mundial —el PIB por hora trabajada— creció 58% mientras el ingreso laboral por hora creció 53% [15]: producir más y cobrar más no van al mismo ritmo. Ahí es donde las categorías de Marx se siguen usando como lente de distribución en América Latina, para preguntarse quién captura el valor en el trabajo de plataformas o a lo largo de una cadena de producción que cruza varios países.

Todo esto es la teoría del valor de Marx, no su sistema completo: su trayectoria intelectual está en la página de Karl Marx, y lo que hizo después con ese excedente —la acumulación de capital y la lucha de clases— pertenece a la economía política. Queda, eso sí, una cuenta pendiente: ni la versión más elaborada del valor-trabajo resolvió el caso que Smith había dejado servido casi un siglo antes.

La paradoja del agua y los diamantes: la grieta de la teoría clásica

La paradoja del valor es la contradicción entre lo útil que es un bien y lo que cuesta. El propio Adam Smith la planteó en 1776 con el ejemplo más famoso de la economía: nada es más útil que el agua, y sin embargo con ella casi no se puede comprar nada; un diamante, en cambio, apenas sirve para algo, y aun así se cambia por una enorme cantidad de otros bienes [1]. Smith distinguió entre “valor de uso” y “valor de cambio”, pero no logró explicar por qué se separaban tanto.

Si el valor viniera solo del trabajo, la paradoja sería un misterio: extraer, transportar y potabilizar el agua de una ciudad cuesta muchísimo trabajo, y no por eso el agua es cara. Esa grieta se convirtió en el mayor problema sin resolver de la teoría clásica durante casi un siglo, hasta que tres economistas, casi al mismo tiempo y sin ponerse de acuerdo, la cerraron desde un ángulo inesperado.

Gráfico de la utilidad marginal decreciente que resuelve la paradoja del valor: sobre una misma curva, los diamantes (escasos) están a la izquierda con valor alto y el agua (abundante) a la derecha con valor bajo, porque lo que cuenta es la utilidad de la última unidad

La revolución marginalista: el valor está en la cabeza de quien compra

La revolución marginalista fue el giro que, entre 1871 y 1874, trasladó el origen del valor del costo de producción a la utilidad marginal: lo que decide el valor no es la utilidad total de un bien, sino la satisfacción que aporta su última unidad disponible. William Stanley Jevons lo planteó en Inglaterra en 1871, sosteniendo que el valor depende por completo de la utilidad y no del trabajo gastado [5]. Ese mismo año, en Viena, Carl Menger fundó la escuela austriaca con la idea de que el valor no está en el bien sino en la importancia que la persona le da según lo que ese bien puede hacer por ella [6]. Y en 1874, en Suiza, Léon Walras formalizó la utilidad marginal —su “rareté”— dentro de un modelo de equilibrio general [7].

Ese giro resuelve la paradoja del agua y los diamantes de un plumazo. Como el agua es abundantísima, la última gota que consumimos apenas nos aporta nada: su utilidad marginal —y por tanto su valor— es mínima, aunque el total sea inmenso. Los diamantes son tan escasos que cada unidad adicional pesa muchísimo. El valor no mide lo útil que es algo en general, sino cuánto vale la última unidad que tenemos a mano. Esa mirada al margen es la que sostiene hoy la teoría del consumidor y la forma moderna de entender la demanda.

FundadorObra y país (año)Aporte a la teoría subjetiva del valor
William Stanley JevonsThe Theory of Political Economy, Inglaterra (1871)El valor depende de la utilidad de la última unidad, no del trabajo
Carl MengerPrincipios de economía, Austria (1871)El valor es subjetivo: nace de la importancia que le da la persona
Léon WalrasElementos de economía política pura, Suiza (1874)Formaliza la utilidad marginal en un modelo de equilibrio general

La síntesis de Marshall: las dos hojas de la tijera

La síntesis marshalliana zanjó la disputa mostrando que las dos escuelas tenían razón a la vez. En 1890, Alfred Marshall comparó el debate con una tijera: preguntar si el valor lo fija la utilidad o el costo de producción es tan fútil como discutir cuál de las dos hojas corta el papel [8]. En su modelo, la utilidad manda del lado de la demanda —cuánto quiere pagar la gente— y el costo manda del lado de la oferta —cuánto cuesta producir—, y el precio surge donde ambas fuerzas se encuentran.

Esa reconciliación es la base de cómo entendemos hoy los precios a través de la oferta y la demanda. El valor-trabajo no era falso: el costo de producir —trabajo incluido— sigue mandando en el largo plazo, porque nadie produce sostenidamente a pérdida. La utilidad marginal tampoco lo era: explica por qué, en el corto plazo, el mismo bien vale distinto según cuánta gente lo desee y cuánto haya. La botella de agua del concierto y la mochila de Nariño encuentran aquí su punto de acuerdo.

La teoría del valor hoy: precios, salarios y el caso colombiano

La teoría del valor no es una antigüedad de museo: reaparece cada vez que discutimos cuánto “debería” valer algo. El caso más claro es el precio del trabajo. Cuando en Colombia se negocia el salario mínimo —fijado para 2026 en $1.750.905 mensuales por decreto, más el auxilio de transporte [9]—, la sociedad intenta poner un piso al valor de una hora de trabajo básico, un eco directo de la vieja pregunta sobre el valor del esfuerzo.

Pero el mercado empuja en la otra dirección. La lógica marginalista recuerda que el salario, como cualquier precio, también responde a la oferta y la demanda de cada tipo de trabajo y a lo que ese trabajo añade a la producción; por eso un oficio muy exigente puede pagarse poco si abunda quien lo hace, y esa brecha alimenta buena parte de la informalidad laboral del país. La tejedora de Nariño lo vive en carne propia: su mochila vale las semanas que le costó, pero el mercado le paga según cuántas mochilas parecidas haya y cuánta gente las quiera. Entender la teoría del valor —y saber que el precio final lo cortan las dos hojas de la tijera, la del costo y la de la utilidad— ayuda a discutir con más claridad asuntos tan cotidianos como un salario, el precio del café o el de una botella de agua. Ese cruce entre lo que cuesta producir y lo que la gente valora es también el terreno donde opera la mano invisible que Smith imaginó.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre valor y precio?

El precio es la cantidad de dinero que se paga por un bien en un mercado y un momento concretos; el valor es la importancia económica que le atribuimos y que explica hacia dónde tiende ese precio. Los dos no siempre coinciden: un producto puede venderse por debajo o por encima de lo que “vale” si hay una escasez pasajera o un exceso de existencias. La teoría del valor estudia qué sostiene al precio por debajo de la superficie —costo, utilidad o escasez—, mientras que el precio es apenas el número visible del intercambio.

¿Qué economista resolvió la paradoja del agua y los diamantes?

No fue uno solo: la resolvieron casi a la vez, y por separado, Jevons, Menger y Walras a comienzos de la década de 1870, con el concepto de utilidad marginal. La clave fue dejar de mirar la utilidad total de un bien y fijarse en la de su última unidad disponible. Como el agua abunda, esa última unidad vale poco pese a ser vital; como los diamantes escasean, cada uno vale mucho. La misma idea explica por qué pagamos más por lo escaso aunque sea menos necesario.

¿Sigue vigente la teoría del valor-trabajo de Marx?

Depende de para qué. Como método para explicar el precio de un producto cualquiera un martes por la tarde, la economía dominante la reemplazó hace más de un siglo por la oferta, la demanda y la utilidad marginal, y ningún banco central ni ninguna empresa fija precios con horas de trabajo. Como lente para estudiar el reparto —cuánto del ingreso va a salarios y cuánto a ganancias, qué pasa cuando la productividad sube más rápido que la remuneración, quién captura el valor en una cadena de producción que cruza cinco países— sigue en uso y publicándose en revistas arbitradas. La respuesta honesta es que no fue refutada ni confirmada: cambió de oficio.

¿Qué diferencia hay entre trabajo y fuerza de trabajo?

El trabajo es la actividad: coser, soldar, atender una fila. La fuerza de trabajo es la capacidad de hacerlo, y es lo que realmente se contrata cuando alguien firma por ocho horas diarias. Marx insistió en la distinción porque de ella depende todo su argumento: un empleador no compra un producto terminado a su precio, compra tiempo de una capacidad. Si esa capacidad rinde durante la jornada más de lo que costó contratarla, aparece la diferencia que él llamó plusvalía. Es la misma razón por la que un contrato laboral se pacta por horas y no por unidades entregadas.

¿Qué es la teoría subjetiva del valor?

La teoría subjetiva del valor sostiene que el valor no es una propiedad objetiva del bien —como el trabajo que contiene— sino que existe en la mente de cada persona, según cuánto le sirva para satisfacer sus necesidades. La formuló sobre todo la escuela austriaca a partir de Carl Menger en 1871. Bajo esta mirada, nada “tiene” valor en sí mismo: lo tiene solo en relación con alguien que lo desea, en un contexto de escasez. Es uno de los cimientos de la economía de mercado moderna.

¿Por qué un trabajo que cuesta mucho esfuerzo a veces se paga tan poco?

Porque en una economía de mercado el pago de un trabajo no depende solo del esfuerzo que exige, sino de cuánta gente puede hacerlo y de cuánto valoran los demás su resultado. Un oficio agotador pero muy común tiende a pagarse poco, mientras que una habilidad escasa y muy demandada se paga bien aunque sea menos sacrificada. Es la teoría del valor aplicada al mercado laboral: el esfuerzo cuenta, pero la utilidad y la escasez pesan tanto o más. De ahí la sensación, tan frecuente, de que el trabajo duro no siempre recibe lo que “merece”.

Referencias

  1. Adam Smith. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations (1776), Libro I, Cap. IV — distingue el «valor de uso» del «valor de cambio» y plantea la paradoja del valor: «Nothing is more useful than water; but it will purchase scarce any thing… A diamond, on the contrary, has scarce any value in use; but a very great quantity of other goods may frequently be had in exchange for it». Smith: La riqueza de las naciones, Libro I (Project Gutenberg) — Consultada: 2026-07-19.
  2. Adam Smith. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations (1776), Libro I, Cap. V — sostiene que el trabajo es la medida real del valor de cambio: «Labour therefore, is the real measure of the exchangeable value of all commodities». Smith: La riqueza de las naciones, Libro I Cap. V (Project Gutenberg) — Consultada: 2026-07-19.
  3. David Ricardo. On the Principles of Political Economy, and Taxation (1817), Cap. I «On Value» — refina la teoría del valor-trabajo: «Possessing utility, commodities derive their exchangeable value from two sources: from their scarcity, and from the quantity of labour required to obtain them», y sostiene que en la mayoría de los bienes reproducibles manda la cantidad de trabajo. Ricardo: Principles of Political Economy and Taxation (Project Gutenberg) — Consultada: 2026-07-19.
  4. Karl Marx. Capital: A Critique of Political Economy, Volume I (1867), Cap. 1 «The Commodity» — define el valor por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir una mercancía: «The labour-time socially necessary is that required to produce an article under the normal conditions of production, and with the average degree of skill and intensity prevalent at the time». Marx: Capital, Volumen I, Capítulo 1 (Marxists Internet Archive) — Consultada: 2026-07-19.
  5. William Stanley Jevons. The Theory of Political Economy (1871) — funda la teoría del valor en la utilidad («final degree of utility», la utilidad marginal) y niega que el valor lo cree el trabajo por sí solo. Jevons: The Theory of Political Economy (Internet Archive) — Consultada: 2026-07-19.
  6. Carl Menger. Principles of Economics (orig. Grundsätze der Volkswirtschaftslehre, 1871) — funda la escuela austriaca y la teoría subjetiva del valor: el valor de un bien no proviene del trabajo incorporado sino de la importancia que la persona da a la satisfacción que le reporta. Menger: Principles of Economics (Internet Archive) — Consultada: 2026-07-19.
  7. Léon Walras. Éléments d’économie politique pure, ou théorie de la richesse sociale (1874) — enuncia de forma independiente la utilidad marginal («rareté») y construye el equilibrio general, cerrando la revolución marginalista. Walras: Éléments d’économie politique pure (Internet Archive) — Consultada: 2026-07-19.
  8. Alfred Marshall. Principles of Economics (1890), Libro V, Cap. III — reconcilia las dos teorías con la metáfora de las tijeras: «We might as reasonably dispute whether it is the upper or the under blade of a pair of scissors that cuts a piece of paper, as whether value is governed by utility or cost of production». Marshall: Principles of Economics (Internet Archive) — Consultada: 2026-07-19.
  9. República de Colombia, Ministerio del Trabajo. Decreto 0159 del 19 de febrero de 2026 — fija transitoriamente el salario mínimo mensual legal para 2026 en $1.750.905 (incremento del 23%), expedido en cumplimiento de la orden del Consejo de Estado que suspendió provisionalmente el Decreto 1469 de 2025. MinTIC Normograma: Decreto 0159 de 2026 — Consultada: 2026-07-19.
  10. Karl Marx. Capital: A Critique of Political Economy, Volume I (1867), Cap. 6 «The Buying and Selling of Labour-Power» — distingue la fuerza de trabajo (la capacidad de trabajar) del trabajo y señala que es la mercancía cuyo «use-value possesses the peculiar property of being a source of value»; el salario cubre el costo de reproducir esa capacidad. Marx: Capital, Volumen I, Capítulo 6 (Marxists Internet Archive) — Consultada: 2026-08-16.
  11. Karl Marx. Capital: A Critique of Political Economy, Volume I (1867), Cap. 9 «The Rate of Surplus-Value» — divide la jornada en trabajo necesario y trabajo excedente y define la tasa de plusvalía: «The rate of surplus-value is therefore an exact expression for the degree of exploitation of labour-power by capital, or of the labourer by the capitalist». Marx: Capital, Volumen I, Capítulo 9 (Marxists Internet Archive) — Consultada: 2026-08-16.
  12. Karl Marx. Capital: A Critique of Political Economy, Volume III (1894), Cap. 9 — define el precio de producción como el precio de costo «plus the profit, allotted to it in per cent, in accordance with the general rate of profit» y sostiene que «the sum of the prices of production of all commodities produced in society… is equal to the sum of their values». Marx: Capital, Volumen III, Capítulo 9 (Marxists Internet Archive) — Consultada: 2026-08-16.
  13. Stanford Encyclopedia of Philosophy. «Karl Marx» (publicada en 2003, revisión sustantiva del 27 de marzo de 2025), §3.2 «Labour Theory of Value» y §3.3 «Exploitation» — expone la teoría del valor-trabajo, señala que el intento de Marx de transformar valores en precios «suffers from technical difficulties» y recoge definiciones de explotación que no dependen del valor-trabajo, como la de John Roemer. Stanford Encyclopedia of Philosophy: Karl Marx — Consultada: 2026-08-16.
  14. W. Paul Cockshott y Allin F. Cottrell. «Labour Time versus Alternative Value Bases: A Research Note», Cambridge Journal of Economics, vol. 21, n.º 4 (1997), pp. 545-549 — los precios de mercado están bien correlacionados con la suma del contenido de trabajo directo e indirecto, y bases alternativas (electricidad, hierro y acero, petróleo) no producen correlaciones mejores. Cockshott y Cottrell: Labour Time versus Alternative Value Bases, Cambridge Journal of Economics 1997 (RePEc/EconPapers) — Consultada: 2026-08-16.
  15. Organización Internacional del Trabajo (OIT). World Employment and Social Outlook: September 2024 Update — la participación del trabajo en el ingreso mundial cayó 1,6 puntos porcentuales entre 2004 y 2024 (0,6 de ellos entre 2019 y 2024) y esa caída «represents an annual shortfall in labour income of $2.4 trillion (in constant PPP)» en 2024 frente a lo que se habría percibido con la participación estable desde 2004; por regiones, las Américas registraron −1,2 p.p. entre 2019 y 2024; la productividad laboral mundial (PIB por hora trabajada) creció 58% entre 2004 y 2024 frente a un 53% del ingreso laboral por hora. OIT: World Employment and Social Outlook, actualización de septiembre de 2024 — Consultada: 2026-08-16.
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