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John Stuart Mill: biografía del economista que separó producir de repartir

John Stuart Mill (1806-1873) fue un filósofo y economista inglés. En sus Principios de economía política (1848) distinguió las leyes de la producción, que nadie elige, de las reglas de la distribución, que fija cada sociedad, y defendió un estado estacionario compatible con el progreso humano.

Por Jhon Mosquera25 sep 202618 min de lectura

Última actualización: 2026-09-25

Contenido de esta página

Piense en un heredero que recibe una fortuna hipotecada cuyo grueso es una mina, rica pero condenada a agotarse en vida suya. ¿Sería honorable gastarse lo que da la mina y dejarles la deuda a sus hijos? [1]

El ejemplo no es mío. Lo puso un filósofo de 59 años, diputado por Westminster desde el julio anterior, en la Cámara de los Comunes el 17 de abril de 1866 [1][2]. El debate iba de otra cosa: una moción para rebajar y luego derogar el impuesto a la malta, el que todavía gravaba la cerveza de los pobres [1]. Él se levantó para secundar una enmienda que proponía dedicar los recursos a reducir la deuda nacional [1].

La mina era el carbón británico. Su argumento venía de un libro pequeño de William Stanley Jevons, The Coal Question: si el consumo seguía creciendo al ritmo de entonces, en tres generaciones como mucho, y muy posiblemente en bastante menos, no quedaría carbón explotable a menos de 4.000 pies de profundidad, y sacarlo de más abajo le quitaría al país la capacidad de competir en manufacturas [1]. De ahí la pregunta que le dejó a la Cámara:

«¿Vamos a legar nuestras obligaciones pecuniarias, sin disminuirlas, a unos descendientes a quienes no podemos legar nuestros activos?» (traducción propia) [1].

El siguiente orador, el diputado Read, empezó llamándolo uno de los más grandes filósofos vivos y terminó reprochándole que aquel «docto y elocuente ensayo sobre yacimientos de carbón y la deuda nacional» no tuviera nada que ver con la malta (traducción propia) [1]. La enmienda se retiró sin votarse [1].

El filósofo era John Stuart Mill. Esta página cuenta su vida, sus Principios de economía política de 1848, la frontera que trazó entre producir y repartir, su defensa del estado estacionario y la teoría de salarios que él mismo retiró. Lo que compartía con Smith y Ricardo, la doctrina de toda una escuela, se explica en economía clásica; quiénes fueron sus compañeros de generación, en el hub de los economistas clásicos, y las ocho escuelas del sitio, en el mapa de economistas.

Lámpara de seguridad de minero encendida sobre trozos de carbón junto a una chimenea en un estudio londinense de la década de 1860, imagen alusiva al discurso de John Stuart Mill de 1866 sobre el carbón y la deuda nacional

¿Quién fue John Stuart Mill?

John Stuart Mill (1806-1873) fue un filósofo y economista inglés, hijo del economista James Mill, empleado de la Compañía de las Indias Orientales durante 35 años, diputado por Westminster entre 1865 y 1868 y autor de Principios de economía política (1848), el tratado con que levantó sobre Ricardo y Malthus una economía abierta a la reforma social [2][3][4].

Nació el 20 de mayo de 1806 en la casa de su padre, en el número 13 de Rodney Street, en Pentonville, Londres, y fue el hijo mayor de James Mill, el autor de la Historia de la India británica [3][4]. No fue a la escuela. Lo educó su padre, con un método que el propio hijo describe sin anestesia: no recordaba cuándo empezó el griego, pero le habían contado que fue a los tres años, y el latín, en su octavo año, es decir, a los siete [3][4].

En 1819, a los 13 años, recibió un curso completo de economía política durante los paseos con su padre. Cada día James Mill le explicaba una parte; al día siguiente el niño le entregaba un resumen escrito, que rehacía hasta que quedara claro, y esas notas le sirvieron luego al padre para escribir sus Elements of Political Economy [3]. Después vino Ricardo, amigo íntimo de la casa, cuyo gran libro, según el hijo, no se habría escrito ni publicado sin la insistencia de James Mill [3]. La vida de Ricardo está en su ficha. Luego leyó a Adam Smith con un encargo preciso: aplicarle las luces superiores de Ricardo y detectar lo que había de falaz en sus argumentos [3].

Pasó de mayo de 1820 a julio de 1821 en Francia, en casa de Samuel Bentham, hermano del filósofo Jeremy Bentham [3][4]. En mayo de 1823 su padre le consiguió un puesto en la Compañía de las Indias Orientales, en la oficina del examinador de correspondencia, y ese empleo decidió, escribe él, «los siguientes treinta y cinco años» de su vida (traducción propia) [3]. El DNB sigue la escala: 30 libras al año los tres primeros años, jefe de la oficina en 1856 con 2.000, y retiro con una pensión de 1.500 cuando la compañía se disolvió a finales de 1858 [4].

En el otoño de 1826 tuvo una crisis. Se preguntó si sería feliz en caso de que todas sus metas de reforma se cumplieran de golpe, y una conciencia de sí «irreprimible» le respondió que no (traducción propia) [3]. El DNB la relaciona con la presión a la que estuvo sometido desde la infancia y con el exceso de trabajo intelectual, aunque deja abierto si fue causa o efecto de su trastorno nervioso [4].

Salió de ella leyendo a Marmontel y a Wordsworth [4].

En 1830 conoció a Harriet Taylor, casada con un comerciante de Londres. Fueron amigos durante más de veinte años, se casaron en abril de 1851, tras la muerte del marido de ella en 1849, y ella murió en Aviñón en 1858, durante un viaje, poco más de un mes después de que él se jubilara [4][5]. Mill compró una casa junto al cementerio y pasó allí la mitad de cada año desde entonces [4].

En 1865 aceptó presentarse por Westminster con dos condiciones: no hacer campaña puerta a puerta ni gastar dinero [4]. Ganó. Entre febrero de 1866 y julio de 1868 Hansard le registra 160 intervenciones [2], entre ellas una enmienda a la reforma electoral de 1867 para dar el voto a las mujeres, que reunió 73 votos [3][4]. Perdió el escaño en 1868 [4]. Murió en Aviñón el 7 de mayo de 1873 y fue enterrado junto a su esposa [5]; el DNB fecha la muerte un día después [4].

AñoHecho
1806Nace el 20 de mayo en Pentonville, Londres [3][4]
1819Curso de economía política con su padre; lee a Ricardo [3]
1823Entra a la Compañía de las Indias Orientales [3][4]
1826Crisis mental del otoño [3]
1843A System of Logic [4]
1844Essays on Some Unsettled Questions of Political Economy [6]
1848Principles of Political Economy [7]
1851Se casa con Harriet Taylor [4]
1858Se jubila; Harriet muere en Aviñón [4][5]
1865Diputado por Westminster hasta 1868 [2]
1869Retira la teoría del fondo de salarios [8]
1873Muere en Aviñón; sale la Autobiografía [4][5]

¿Qué obras escribió John Stuart Mill?

La obra económica de John Stuart Mill cabe en tres textos: los Essays on Some Unsettled Questions of Political Economy (escritos en 1829 y 1830, publicados en 1844), los Principios de economía política (1848) y la reseña de 1869 con la que abandonó la teoría del fondo de salarios. Sus libros de lógica, libertad, gobierno y ética rodean esa obra sin ser economía [4][6][7][8].

AñoObraCampoFuente
1843A System of LogicLógica y métodoDNB [4]
1844Essays on Some Unsettled Questions of Political EconomyEconomía teóricaprefacio de 1844 [6]
1848Principles of Political EconomyEconomíaportada de 1848 [7]
1859On LibertyFilosofía políticaDNB [4]
1861Considerations on Representative GovernmentGobiernoDNB [4]
1863Utilitarianism (artículos de 1861)ÉticaDNB [4]
1869The Subjection of Women (escrito en 1861)Igualdad de los sexosDNB [4]
1873Autobiography (póstuma)MemoriasDNB [4]

Los Essays de 1844 son, según el DNB, su trabajo más original de economía abstracta [4]. El quinto define la economía política como la ciencia que estudia al ser humano solo en cuanto «desea poseer riqueza» y es capaz de juzgar qué medios le sirven para obtenerla (traducción propia) [6]. Sus primeros críticos lo acusaron de haber creado un «hombre económico» monomaníaco, interesado solo en acumular dinero (traducción propia) [9]; esa discusión tiene su propia historia en la página sobre interés propio y egoísmo.

El utilitarismo entra en esta ficha por una sola puerta. En Sobre la libertad (1859) Mill aclara que la doctrina del libre comercio descansa en fundamentos «distintos, aunque igual de sólidos» que el principio de libertad individual del ensayo (traducción propia): las restricciones al comercio son malas porque no producen los resultados que prometen, no porque violen la libertad [10].

¿Qué son los Principios de economía política de Mill?

Principles of Political Economy, with some of their applications to social philosophy (Londres, John W. Parker, 1848, dos volúmenes) es el tratado económico de John Stuart Mill. Se divide en cinco libros —producción, distribución, cambio, influencia del progreso de la sociedad e influencia del gobierno— y quiso hacer por su época lo que Adam Smith hizo por la suya [7][11].

El prefacio lo dice sin rodeos. Mill admiraba de Smith que nunca separara los principios de sus aplicaciones, y quería un libro de ese tipo puesto al día, porque La riqueza de las naciones estaba, escribió, «en muchas partes obsoleta y, en todas, imperfecta» (traducción propia) [11]. El libro de Smith tiene su página propia: La riqueza de las naciones.

Lo escribió rápido. Empezó en el otoño de 1845 y lo tuvo listo para la imprenta antes de terminar 1847; en medio hubo seis meses de pausa para escribir en el Morning Chronicle a favor de crear pequeñas propiedades campesinas en las tierras baldías de Irlanda [3].

La Autobiografía le atribuye a Harriet Taylor el capítulo que más influyó, el de «el futuro probable de las clases trabajadoras»: en el primer borrador, dice Mill, ese capítulo no existía, y lo escribió porque ella le hizo ver que sin él el libro quedaba muy imperfecto [3]. Es la versión de Mill, que el DNB matiza como escrito «a sugerencia, y en parte por inspiración» de ella (traducción propia) [4].

El libro cambió entre ediciones, y conviene saber cuál se cita:

EdiciónAñoQué cambió
1.ª1848Dos volúmenes, escritos antes de la revolución francesa de 1848 [3][7]
2.ª1849Sus opiniones cercanas al socialismo aparecen «algo más» [3][4]
3.ª1852Esas opiniones quedan expuestas «de forma inequívoca» [3][4]
4.ª a 6.ª1857, 1862 y 1865Nuevas ediciones [4]
Popular1865Edición barata pedida por trabajadores [3]
7.ª1871Declina incorporar el debate sobre salarios y huelgas [12]

Salvo que se diga otra cosa, las citas de esta página son de la primera edición.

¿Qué dijo Mill sobre la producción y la distribución de la riqueza?

John Stuart Mill sostuvo en 1848 que la producción de riqueza obedece a condiciones que nadie elige —el capital acumulado, la destreza, la maquinaria, lo que rinde la tierra—, mientras que su distribución depende de las instituciones de cada sociedad. Añadió una advertencia que suele omitirse: las reglas del reparto se eligen, pero sus consecuencias no [11].

La primera mitad la ilustró con la tierra. Quiéranlo o no los hombres, escribe, el doble de trabajo no sacará de la misma tierra el doble de alimento sin una mejora en los métodos de cultivo; podemos ganar espacio dentro de los límites, pero existen «leyes últimas que no hicimos, que no podemos alterar y a las que solo podemos ajustarnos» (traducción propia) [11]. La frase célebre sobre la distribución como institución humana, y el lugar que ocupa en la escuela, está en economía clásica.

La segunda mitad es la que casi nunca se cita:

«La sociedad puede someter la distribución de la riqueza a las reglas que juzgue mejores; pero qué resultados prácticos saldrán de esas reglas, eso la sociedad no puede escogerlo: tiene que conformarse con aprenderlo» (traducción propia) [11].

Por eso Mill deja fuera de la economía la pregunta de por qué una sociedad adopta unas reglas y no otras, que pertenece a una teoría general del progreso humano, y se queda con sus consecuencias, que para él son tan poco arbitrarias como las leyes de la producción [11].

Esquema de tres columnas con la distinción de John Stuart Mill: la producción obedece a leyes que nadie eligió, la distribución a reglas que la sociedad elige, y las consecuencias de esas reglas vuelven a no elegirse y son lo que estudia el economista

En la Autobiografía, publicada en 1873, Mill presentó esa distinción como el tono que diferenciaba su libro de todas las exposiciones anteriores que tuvieran alguna pretensión científica: las leyes de la producción son leyes de la naturaleza, y los modos de la distribución, «sujetos a ciertas condiciones, dependen de la voluntad humana» (traducción propia) [3]. Dijo haberla aprendido en parte de los sansimonianos y atribuyó a su esposa que se volviera el principio que anima todo el libro [3].

El tratado sacaba consecuencias concretas. En el capítulo de las herencias escribió que, si redactara un código según lo que le parecía mejor en sí mismo, «sin considerar las opiniones y sentimientos existentes», preferiría limitar lo que cada quien pudiera adquirir por legado o herencia a un máximo que alcanzara para una «independencia holgada» (traducciones propias). Su argumento: la diferencia de felicidad entre una independencia moderada y cinco veces más le parecía insignificante frente a lo que podrían hacer las otras cuatro quintas partes [11]. En el de impuestos defendió gravar el aumento espontáneo de la renta de la tierra, porque los terratenientes

«se hacen más ricos, por así decirlo, mientras duermen, sin trabajar, arriesgar ni economizar» (traducción propia) [7].

Descartó perseguir finca por finca el aumento ya ocurrido, porque no había forma de separar lo que se debía a la marcha de la sociedad de lo que se debía a la inversión del dueño. Proponía avaluar toda la tierra, eximir su valor presente y gravar solo el aumento posterior [7]. Henry George le reprocharía después esa cautela, y la discusión está en su ficha.

No era un intervencionista de oficio. El mismo libro cierra con un capítulo sobre los límites del Estado que concluye: «el laisser-faire, en suma, debería ser la práctica general: toda desviación, salvo que la exija algún gran bien, es un mal seguro» (traducción propia) [7]. Las dos ideas conviven en el mismo tratado, y creo que ahí está su mérito: Mill no le pedía al mercado que fuera justo ni al Estado que fuera sabio; le pedía al economista que distinguiera cuál de las dos cosas estaba discutiendo.

¿Qué es el estado estacionario según John Stuart Mill?

Para John Stuart Mill, el estado estacionario es la situación en que el capital y la población dejan de crecer. Los economistas anteriores lo veían como un final sombrío; Mill se inclinaba a creer, en 1848, que sería, «en conjunto», una mejora considerable respecto de la situación de su tiempo, con su carrera por enriquecerse (traducción propia), siempre que la riqueza estuviera mejor distribuida, la población se contuviera y el progreso humano siguiera su curso [7].

Por qué la escuela clásica esperaba ese final, con Smith y Ricardo, está explicado en economía clásica. Lo propio de Mill fue discutir con sus colegas por su nombre. En el primer apartado del capítulo le toca a John Ramsay McCulloch:

«Para el señor McCulloch, por ejemplo, prosperidad no significa una producción grande y una buena distribución de la riqueza, sino un aumento rápido de ella» (traducción propia) [7].

Su prueba de prosperidad eran las ganancias altas, añade Mill, y como el propio crecimiento tiende a bajarlas, el progreso económico acababa, según McCulloch, por extinguir la prosperidad [7].

La tesis central cabe en una línea: «una condición estacionaria del capital y de la población no implica un estado estacionario del progreso humano» (traducción propia) [7]. Habría tanto espacio como siempre para la cultura y para mejorar lo que Mill llama el arte de vivir, con más probabilidades de lograrlo cuando las mentes dejaran de estar absorbidas por el arte de abrirse paso [7].

Dos pasajes del capítulo envejecieron bien. Uno es ecológico: Mill no encontraba satisfacción en un mundo sin nada librado a la actividad espontánea de la naturaleza, con cada franja de tierra cultivable arada, cada seto arrancado y los animales no domésticos exterminados como rivales por la comida [7]. El otro es tecnológico. Escribió que hasta entonces era dudoso que todos los inventos mecánicos hubieran aliviado la jornada de un solo ser humano: habían permitido que más gente viviera la misma vida de trabajo pesado y que otros hicieran grandes fortunas [7].

Y hay un tercero que el lector latinoamericano no debería saltarse:

«Solo en los países atrasados del mundo el aumento de la producción sigue siendo un objetivo importante; en los más avanzados, lo que se necesita económicamente es una mejor distribución […]» (traducción propia) [7].

La frase sigue: para Mill, un medio indispensable de esa mejor distribución era una restricción más estricta de la población [7].

El estado estacionario de Mill era, entonces, una propuesta para los países más avanzados de su tiempo, no una receta universal. A mi juicio, quien lo invoca hoy para pedir que dejen de crecer los países de ingreso medio le hace decir algo que él mismo acotó por escrito.

¿Por qué Mill abandonó la teoría del fondo de salarios?

La teoría del fondo de salarios sostenía que en cada momento existe una suma fija de capital destinada a pagar trabajo, de modo que el salario medio solo depende de entre cuántos trabajadores se reparte. Mill la expuso en 1848 y la retiró en mayo de 1869, en una reseña del libro On Labour de William Thornton, su compañero de oficina en la Compañía de las Indias [7][8][4].

En 1848 la regla era clara: los salarios dependen de la oferta y la demanda de trabajo o, como suele decirse, «de la proporción entre población y capital» (traducción propia) [11]. Es la misma doctrina que McCulloch había hecho célebre y cuya historia cuenta su ficha.

Veintiún años después, en la Fortnightly Review, Mill hizo algo raro en un economista famoso. Supuso que esas deducciones estaban en todos los tratados sistemáticos, «el mío, desde luego, incluido», y se declaró culpable:

«Debo declararme culpable de haber aceptado, junto con el mundo en general, la teoría sin las salvedades y limitaciones necesarias para hacerla admisible» (traducción propia) [8].

Luego preguntó si existía de verdad un fondo de salarios fijo, y respondió que, por debajo del límite de todo lo que poseen los empleadores, no lo era en ningún sentido: lo que el patrón gasta en salarios y lo que gasta en sí mismo salen del mismo bolsillo, y si paga más a sus trabajadores, lo paga de su propio ingreso [8]. La consecuencia la sacó él mismo: la doctrina, enseñada por todos o casi todos los economistas, «incluido yo», que negaba que las asociaciones obreras pudieran subir los salarios quedaba sin fundamento científico y debía desecharse (traducción propia) [8]. Mantuvo, eso sí, el otro factor del salario, que llamó «todavía más importante»: el número de trabajadores entre los que se reparte, que según él no quedaba afectado por nada de lo anterior [8].

El tratado nunca la incorporó. El prefacio de la séptima edición, de 1871, dice que la discusión sobre oferta y demanda y sobre el efecto de huelgas y sindicatos en los salarios todavía no estaba «madura» para un tratado general, y remite al lector a la reseña de 1869 (traducción propia) [12]. El DNB añade un matiz: según Alfred Marshall, Mill no solo hizo concesiones, sino que se atribuyó confusiones en las que en realidad no había caído [4].

¿Cómo llegó John Stuart Mill a América Latina?

En Argentina, la mejor documentada de las recepciones que encontré con fuente académica, John Stuart Mill entró por tres vías: las aulas de derecho, donde se enseñaron sus ideas de gobierno y sus Principios; el Congreso, donde varios diputados invocaron su autoridad para pedir medidas proteccionistas; y las traducciones. Colombia aparece en esa historia con un jurista y con la primera traducción al español de El utilitarismo, publicada en 1873 [13].

La excepción proteccionista que esos diputados podían invocar está en el libro quinto de los Principios:

«El único caso en que, por meros principios de economía política, pueden defenderse los derechos protectores es cuando se imponen temporalmente (sobre todo en una nación joven y en ascenso) con la esperanza de aclimatar una industria extranjera» (traducción propia) [7].

Mill ponía condiciones. La industria debía ser adecuada a las circunstancias del país, la protección debía limitarse a casos en que hubiera buenas razones para esperar que después pudiera prescindir de ella, y los productores nunca debían contar con que se prolongara más de lo estrictamente necesario [7]. Si el argumento nació con él o antes es otra discusión, que la ficha de Friedrich List aborda con sus fuentes.

Para el caso argentino, la investigadora María Pollitzer, de la Universidad Católica Argentina, reconstruyó cómo se invocó a Mill en los debates del Congreso. En las sesiones de agosto de 1876 varios diputados, entre ellos V. F. López, que había dictado la cátedra de economía política, invocaron la autoridad de Mill para justificar medidas proteccionistas en una sociedad con una industria incipiente, y López llegó a leer «algunos pasajes» de los Principios, sin que la fuente precise cuáles [13]. En 1894 el diputado tucumano Pedro Alurralde lo recordó como «librecambista en Europa y proteccionista en América» [13]. Es la lectura de un político, no una frase de Mill, pero resume bien cómo se usó.

En las aulas, los apuntes que tomaron los estudiantes de la Facultad de Derecho de Buenos Aires en las clases de economía política de F. Martín y Herrera, titular de la cátedra entre 1892 y 1904, presentan los Principios como la exposición más perfecta de Smith, Ricardo y Malthus [13]. El puente con Colombia pasa por un jurista colombiano, Florentino González. En 1868 inauguró la cátedra de derecho constitucional de esa universidad, y fue el primero en traducir al español las Consideraciones sobre el gobierno representativo [13].

Cómo se discuten hoy los aranceles en el país está en aranceles en Colombia.

¿Qué críticas recibió John Stuart Mill?

Las críticas a John Stuart Mill llegaron desde dos lados. Desde la izquierda, Karl Marx lo trató en 1873 como el ejemplo de un sincretismo superficial entre la economía del capital y las reivindicaciones obreras. Desde la ortodoxia ricardiana, según el DNB de 1894, habría pasado por socialista, y ese diccionario resumió la paradoja en una frase [14][4].

Marx escribió en el epílogo a la segunda edición alemana de El capital, fechado en Londres el 24 de enero de 1873, que tras la revolución continental de 1848-1849 algunos economistas intentaron armonizar la economía política del capital con las demandas del proletariado, y que de ahí salió un «sincretismo superficial, cuyo mejor representante es John Stuart Mill» (traducción propia de la versión inglesa) [14]. Lo llamó una declaración de bancarrota de la economía burguesa [14]. El marco desde el que Marx juzgaba está en la página de materialismo histórico.

Mill no rechazaba la etiqueta del todo. En la Autobiografía cuenta que él y su esposa se clasificaban «decididamente bajo la designación general de socialistas», aunque repudiaban con toda energía la tiranía de la sociedad sobre el individuo que se atribuía a casi todos los sistemas socialistas (traducción propia) [3].

El DNB lo dejó en un empate:

«Si al socialista moderno le parece un seguidor de Ricardo, los discípulos de Ricardo lo habrían tenido por socialista» (traducción propia) [4].

Qué escuela desplazó después el marco clásico en el que él trabajó está contado en el hub de los neoclásicos.

¿Qué queda hoy del legado de John Stuart Mill?

De John Stuart Mill quedan un tratado que enseñó economía durante décadas en Europa y, por lo menos, en Argentina, la distinción entre las leyes de la producción y las reglas de la distribución, una defensa temprana de la economía que deja de crecer sin dejar de mejorar, y el ejemplo raro de un economista que retiró en público una teoría suya [3][7][8][13].

Aquí va mi posición. El Mill que más le sirve a un lector colombiano no es el de la cita sobre la distribución, que ya todo el mundo usa para lo que quiere, sino el diputado de 1866. En 2025 los combustibles y los productos de las industrias extractivas fueron el 38,2 % del valor de las exportaciones de Colombia, 19.190,1 millones de dólares FOB de un total de 50.199,9 millones, según cifras provisionales del DANE [15]. Petróleo y carbón se agotan, como el carbón inglés de Jevons.

La pregunta de Mill a la Cámara es, entonces, una pregunta de política fiscal colombiana: si la deuda que se acumula mientras dura la mina queda para quienes ya no tendrán la mina. Cuánto debe hoy el país está en deuda pública de Colombia, y qué vende al mundo, en exportaciones e importaciones.

Y la advertencia de 1848 completa la de 1866. Una sociedad puede decidir cómo reparte la renta de sus recursos, pero no puede decidir qué pasará cuando se acaben. Eso, diría Mill, hay que aprenderlo antes.

Preguntas frecuentes

¿John Stuart Mill era socialista?

Su ideal de largo plazo sí se acercaba: un tiempo en que la sociedad dejara de dividirse entre ociosos y laboriosos y en que el reparto del producto del trabajo no dependiera del accidente del nacimiento, sino de un principio de justicia reconocido. El problema social del futuro, escribió, era unir la mayor libertad individual de acción con la propiedad común de las materias primas del planeta. No pretendía saber qué instituciones lo lograrían ni cuándo [3].

¿Qué relación tuvo Mill con David Ricardo?

Lo conoció como amigo de su padre y lo estudió desde niño. Ya adulto, entre los amigos que se reunían dos mañanas por semana en la casa de George Grote, en Threadneedle Street, discutió los Principios de Ricardo punto por punto; de esas sesiones, cuenta, salió su teoría de los valores internacionales [3][4].

¿Dónde está enterrado John Stuart Mill?

En Aviñón, al sur de Francia, al lado de Harriet Taylor, que había muerto en esa ciudad en 1858 [5]. No fue un azar: Mill vivió buena parte de sus últimos quince años en una casa próxima a la tumba de ella [4][5].

¿Qué edición de los Principios de economía política conviene leer?

Para saber qué pensó Mill en 1848, la primera, que está digitalizada completa. Para su versión madura, la séptima, de 1871, cuyo prefacio advierte que el texto coincide con la última edición de biblioteca y con la popular, salvo correcciones verbales [7][11][12].

¿Qué pensaba Mill de las cooperativas?

Que eran una salida al conflicto entre patronos y asalariados. En el capítulo sobre el futuro de las clases trabajadoras de 1848 propuso extender el principio cooperativo o de sociedad por acciones, para que cada quien aportara trabajo o dinero y tuviera en la empresa un interés de socio proporcional a su aporte [7].

Referencias

  1. Hansard, House of Commons. Malt Duty.—Resolution, HC Deb 17 April 1866, vol. 182, cc. 1509-1576 — moción de sir FitzRoy Kelly (la cerveza, «the beverage of the poorer classes», único artículo de primera necesidad aún gravado); enmienda de Mr. Neate para destinar recursos a la «systematic reduction of the National Debt», secundada por Mill (cc. 1524-1528): The Coal Question de Jevons, «three generations at the most, very possibly a considerably shorter period», «nearer to the surface than 4,000 feet in depth»; «Are we going to bequeath our pecuniary obligations undiminished to descendants, to whom we cannot bequeath our assets?»; el heredero de la finca hipotecada con una mina «certain to be exhausted in his lifetime»; réplica de Mr. Read: «one of the greatest living philosophers (Mr. J. Stuart Mill)» y «the learned and eloquent essay they had just heard on coal fields and the National Debt had specially nothing to do with the malt tax»; «Amendment, by leave, withdrawn». UK Parliament: Hansard, Malt Duty Resolution, 17 April 1866 — Consultada: 2026-09-25.
  2. UK Parliament. Hansard 1803-2005: Mr John Stuart Mill (1806-1873) — circunscripción de Westminster del 11 de julio de 1865 al 17 de noviembre de 1868; 160 contribuciones, la primera el 14 de febrero de 1866 y la última el 27 de julio de 1868. UK Parliament: Hansard, Mr John Stuart Mill — Consultada: 2026-09-25.
  3. Mill, John Stuart. Autobiography, Londres: Longmans, Green, Reader, and Dyer, 1873 (texto de Project Gutenberg, eBook #10378; las citas no están entre los corchetes que el transcriptor marca como fragmentos ausentes de algunas ediciones) — «I was born in London, on the 20th of May, 1806»; «I have been told that it was when I was three years old»; «I learnt no Latin until my eighth year»; 1819, «a complete course of political economy», las lecciones en los paseos y las notas para los Elements; el libro de Ricardo, que «would never have been published or written, but for the entreaty and strong encouragement of my father»; Adam Smith leído para «detect what was fallacious in Smith’s arguments»; «In May, 1823, my professional occupation and status for the next thirty-five years of my life»; «It was in the autumn of 1826», «an irrepressible self-consciousness distinctly answered, “No!”»; el grupo de lectura que produjo «The theory of International Values»; el Political Economy «commenced in the autumn of 1845, and was ready for the press before the end of 1847», con seis meses para el Morning Chronicle; opiniones socialistas «less clearly and fully in the first edition, rather more so in the second, and quite unequivocally in the third», primera edición «written and sent to press before the French Revolution of 1848»; «would class us decidedly under the general designation of Socialists», la sociedad no dividida «into the idle and the industrious», la división del producto «on an acknowledged principle of justice» y no por «the accident of birth», y «a common ownership in the raw material of the globe»; el capítulo del futuro de las clases trabajadoras, «in the first draft of the book, that chapter did not exist»; el tono que lo distingue de «all previous expositions of Political Economy that had any pretension to being scientific» y la distinción entre las leyes de la producción y los modos de la distribución, «which, subject to certain conditions, depend on human will», y los sansimonianos; ediciones populares de 1865; la enmienda del voto femenino y sus 73 votos. Project Gutenberg: Mill, Autobiography — Consultada: 2026-09-25.
  4. Stephen, Leslie. «Mill, John Stuart (1806-1873)», en Sidney Lee (ed.), Dictionary of National Biography, vol. 37 (Masquerier-Millyng), Londres: Smith, Elder & Co., 1894, pp. 390-399 — nacimiento el 20 de mayo de 1806 en 13 Rodney Street, Pentonville; Francia de mayo de 1820 a julio de 1821 con sir Samuel Bentham; nombrado el 21 de mayo de 1823 en la India House, 30 libras, 100, 600 (1828), 1.200 (1836) y 2.000 (1856); retiro con pensión de 1.500 libras a la disolución de la compañía a fines de 1858; la crisis y el «excessive intellectual strain», con el «first ray of light» de las Memorias de Marmontel y la atracción por Wordsworth; las reuniones de «about a dozen» amigos en casa de Grote, en Threadneedle Street, dos mañanas por semana, para leer a Ricardo; Essays escritos hacia 1830, «his most original work upon abstract political economy»; Logic publicada en marzo de 1843; el tratado desde el otoño de 1845 y el capítulo del futuro de las clases trabajadoras «written at the suggestion, and partly by the inspiration, of Mrs. Taylor»; Mr. Taylor muerto en julio de 1849 y matrimonio en abril de 1851; casa en Aviñón junto a la tumba de su esposa; candidatura de 1865 sin campaña ni gasto; enmienda del voto femenino en la reforma de 1867; escaño perdido en 1868; muerte el 8 de mayo de 1873; «If he appears to the modern socialist as a follower of Ricardo, he would have been regarded by Ricardo’s disciples as a socialist»; según Marshall, «allowed himself to have fallen into confusions of which he was not really guilty»; Thornton, «his colleague in the India House»; lista de obras y ediciones de los Principles (1848, 1849, 1852, 1857, 1862, 1865). Internet Archive: Dictionary of National Biography, vol. 37 (1894) — Consultada: 2026-09-25.
  5. Macleod, Christopher. «John Stuart Mill», Stanford Encyclopedia of Philosophy, primera publicación 25 de agosto de 2016 — la muerte de Harriet en 1858, «only a little over a month after Mill’s retirement from the East India Company», su sepultura en Aviñón y la casa de Mill junto al cementerio; «He died in Avignon on 7 May 1873, and was buried next to his wife». SEP: John Stuart Mill — Consultada: 2026-09-25.
  6. Mill, John Stuart. Essays on Some Unsettled Questions of Political Economy, Londres: John W. Parker, 1844 (texto de Project Gutenberg, eBook #12004) — prefacio: «Of these Essays, which were written in 1829 and 1830, the fifth alone has been previously printed»; ensayo V, la economía política se ocupa del hombre «solely as a being who desires to possess wealth, and who is capable of judging of the comparative efficacy of means for obtaining that end». Project Gutenberg: Mill, Essays on Some Unsettled Questions — Consultada: 2026-09-25.
  7. Mill, John Stuart. Principles of Political Economy, with some of their applications to social philosophy, vol. II, Londres: John W. Parker, 1848 (primera edición; ejemplar de la Biblioteca de Economía de la Universidad de Turín) — libro IV, cap. VII, § 5, p. 324: el «co-operative or joint-stock principle» que da a cada contribuyente, por trabajo o por dinero, «a partner’s interest in it proportionally to the value of his contribution»; libro IV, cap. VI, pp. 306-312: «With Mr. M’Culloch, for example, prosperity does not mean a large production and a good distribution of wealth, but a rapid increase of it; his test of prosperity is high profits»; «I cannot, therefore, regard the stationary state of capital and wealth with the unaffected aversion so generally manifested towards it by political economists of the old school»; «It is only in the backward countries of the world that increased production is still an important object: in those most advanced, what is economically needed is a better distribution, of which an indispensable means is a stricter restraint on population»; «I am inclined to believe that it would be, on the whole, a very considerable improvement on our present condition»; los setos arrancados y los animales «exterminated as his rivals for food»; «a stationary condition of capital and population implies no stationary state of human improvement»; el arte de vivir y «the art of getting on»; «Hitherto it is questionable if all the mechanical inventions yet made have lightened the day’s toil of any human being»; libro V, cap. II, § 5, pp. 360-361: «They grow richer, as it were in their sleep, without working, risking, or economizing»; injusto «to come upon each individual estate», porque no se puede distinguir el aumento debido a la sociedad del debido al propietario; «The present value of all land should be exempt from the tax»; libro V, cap. X, § 1, pp. 487-488: «The only case in which, on mere principles of political economy, protecting duties can be defensible, is when they are imposed temporarily (especially in a young and rising nation) in hopes of naturalizing a foreign industry, in itself perfectly suitable to the circumstances of the country», con sus condiciones; libro V, cap. XI, § 7, pp. 515-516: «Laisser-faire, in short, should be the general practice: every departure from it, unless required by some great good, is a certain evil». Internet Archive: Mill, Principles of Political Economy, vol. II (1848) — Consultada: 2026-09-25.
  8. Mill, John Stuart. «Thornton on Labour and its Claims», parte I, The Fortnightly Review, n.º XXIX, nueva serie, 1 de mayo de 1869, pp. 505-518, firmado «J. S. Mill» — «It is laid down that wages, by an irresistible law, depend on the demand and supply of labour»; p. 515: «They are found, I presume, in every systematic treatise on political economy, my own certainly included. I must plead guilty to having, along with the world in general, accepted the theory without the qualifications and limitations necessary to make it admissible»; p. 516: «But is there such a thing as a wages-fund, in the sense here implied?», «short of this limit, it is not, in any sense of the word, a fixed amount», y el pago de salarios más altos desde el ingreso del propio empleador; pp. 517-518: «The doctrine hitherto taught by all or most economists (including myself), which denied it to be possible that trade combinations can raise wages […] is deprived of its scientific foundation, and must be thrown aside», y «The other and still more important factor, the number of sharers, remains unaffected». Internet Archive: The Fortnightly Review, 1 de mayo de 1869 — Consultada: 2026-09-25.
  9. Persky, Joseph. «Retrospectives: The Ethology of Homo Economicus», Journal of Economic Perspectives, 9(2), 1995, pp. 221-231 — resumen: «Early critics of John Stuart Mill attacked him for creating a monomaniacal economic man concerned only with the accumulation of money». American Economic Association: Persky, The Ethology of Homo Economicus — Consultada: 2026-09-25.
  10. Mill, John Stuart. On Liberty, 1859, cap. V, «Applications» (texto de la edición de Walter Scott Publishing, con introducción de W. L. Courtney; Project Gutenberg, eBook #34901) — «This is the so-called doctrine of Free Trade, which rests on grounds different from, though equally solid with, the principle of individual liberty asserted in this Essay»; las restricciones son malas «solely because they do not really produce the results which it is desired to produce by them». Project Gutenberg: Mill, On Liberty — Consultada: 2026-09-25.
  11. Mill, John Stuart. Principles of Political Economy, with some of their applications to social philosophy, vol. I, Londres: John W. Parker, 1848 (primera edición; ejemplar de la Biblioteca de Economía de la Universidad de Turín) — prefacio, pp. iii-vi: el modelo de Adam Smith y «The “Wealth of Nations” is in many parts obsolete, and in all, imperfect»; índice de los cinco libros; libro II, cap. I, § 1, pp. 239-241: «Whether they like it or not, a double quantity of labour will not raise, on the same land, a double quantity of food, unless some improvement takes place in the processes of cultivation»; «there are ultimate laws, which we did not make, which we cannot alter, and to which we can only conform»; «We have here to consider, not the causes, but the consequences, of the rules according to which wealth may be distributed. Those, at least, are as little arbitrary, and have as much the character of physical laws, as the laws of production»; «Society can subject the distribution of wealth to whatever rules it thinks best; but what practical results shall flow from the operation of those rules, society cannot choose, but must be content to learn»; libro II, cap. II, pp. 266-267: «Were I framing a code of laws according to what seems to me best in itself, without regard to existing opinions and sentiments, I should prefer to restrict, not what any one might bequeath, but what any one should be permitted to acquire, by bequest or inheritance», un máximo «sufficiently high to afford the means of comfortable independence», y «the difference to the happiness of the possessor between a moderate independence and five times as much, is insignificant»; libro II, cap. XI, § 1, p. 401: «Wages, then, depend upon the demand and supply of labour; or, as it is often expressed, on the proportion between population and capital». Internet Archive: Mill, Principles of Political Economy, vol. I (1848) — Consultada: 2026-09-25.
  12. Mill, John Stuart. Principles of Political Economy, 7.ª ed., vol. I, Londres: Longmans, Green, Reader, and Dyer, 1871 — prefacio: «The present edition, with the exception of a few verbal corrections, corresponds exactly with the last Library Edition and with the People’s Edition»; el debate sobre oferta y demanda y sobre «the influence of Strikes and Trades Unions on wages» no está aún «ripe for incorporation in a general treatise on Political Economy», con nota que remite a la reseña de Thornton en la Fortnightly Review de mayo y junio de 1869. Internet Archive: Mill, Principles of Political Economy, 7.ª ed. (1871) — Consultada: 2026-09-25.
  13. Pollitzer, María. «Ecos de John Stuart Mill en la Argentina (fines del siglo XIX y comienzos del XX)», Télos. Revista Iberoamericana de Estudios Utilitaristas, 24(1-2), 2020, pp. 1-19 — Florentino González, «jurisconsulto de origen colombiano», inaugura en 1868 la cátedra de derecho constitucional de la Universidad de Buenos Aires y es «el primero en traducir CRG al castellano»; apuntes de las clases de F. Martín y Herrera (1892-1904): los Principios como «la exposición más perfecta de las obras de Smith, Ricardo y Malthus»; sesiones de agosto de 1876 en que V. F. López, M. Cané y otros diputados invocan a Mill para justificar medidas proteccionistas «en sociedades como la argentina, con una industria incipiente», y López «leyó incluso algunos pasajes»; sesión del 22 de noviembre de 1894: Pedro Alurralde recuerda a Mill como «librecambista en Europa y proteccionista en América»; nota 18: «La primera traducción al español de Utilitarism data de 1873 y fue realizada por Aureliano González Toledo y publicada en Colombia». DOI 10.15304/telos.24.1-2.8451: Pollitzer, Ecos de Mill en la Argentina — Consultada: 2026-09-25.
  14. Marx, Karl. Capital, vol. I, epílogo a la segunda edición alemana, fechado en Londres el 24 de enero de 1873 (traducción inglesa del Marxists Internet Archive) — tras la revolución continental de 1848-1849, los intentos de «harmonise the Political Economy of capital with the claims, no longer to be ignored, of the proletariat»; «Hence a shallow syncretism, of which John Stuart Mill is the best representative. It is a declaration of bankruptcy by bourgeois economy». Marxists Internet Archive: Marx, Capital, Afterword to the Second German Edition — Consultada: 2026-09-25.
  15. DANE. Boletín técnico: Exportaciones (EXPO), diciembre de 2025, Bogotá, 3 de febrero de 2026 (cifras provisionales) — enero-diciembre de 2025: exportaciones totales de US$50.199,9 millones FOB; grupo de combustibles y productos de las industrias extractivas, US$19.190,1 millones FOB, participación del 38,2 %, con caídas de petróleo (-17,0 %) y hulla, coque y briquetas (-31,0 %). DANE: Exportaciones, diciembre de 2025 — Consultada: 2026-09-25.
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  • Pregunta que responde: Quién fue John Stuart Mill, qué escribió como economista y qué quedó de sus Principios de 1848
  • Fuentes: identificadas 157 → incluidas 15
  • Criterios de inclusión: Textos de Mill en ediciones de época, Hansard, el DNB de 1894, artículos con DOI y el DANE; cero enciclopedias
  • Fecha de corte de los datos: 2026-09-25
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