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Daniel Kahneman: vida, obra y legado del psicólogo que ganó el Nobel de Economía

Daniel Kahneman (Tel Aviv, 1934 – 27 de marzo de 2024) fue el psicólogo que en 2002 recibió el premio de ciencias económicas en memoria de Alfred Nobel por llevar la investigación psicológica al análisis económico. Suyos son el Sistema 1 y el Sistema 2, el estudio del ruido en el juicio y la distinción entre el yo que experimenta y el yo que recuerda.

Por Jhon Mosquera17 sep 202614 min de lectura

Última actualización: 2026-09-17

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Cuaderno abierto con una curva descendente dibujada a mano sobre un escritorio de madera con luz de ventana, evocación del primer gráfico que Daniel Kahneman dibujó en 1941

El primer gráfico que Daniel Kahneman recuerda haber dibujado lo hizo en 1941, cuando tenía siete años, y mostraba la fortuna de su familia en función del tiempo. Alrededor de 1940, escribió él mismo sesenta años después, la curva cruzó al dominio negativo [1].

No era una metáfora. Su padre, jefe de investigación de una gran fábrica química, había sido detenido en la primera redada masiva de judíos y estuvo seis semanas internado en Drancy, la antesala francesa de los campos de exterminio. Salió vivo. La familia huyó a la Francia de Vichy, luego al centro del país, y el padre murió de una diabetes mal tratada en 1944, seis semanas antes del desembarco de Normandía que esperaba con desesperación [1].

El niño que graficó esa caída terminó ganando el premio de ciencias económicas en memoria de Alfred Nobel con un pregrado en psicología y matemáticas y un doctorado en psicología [1][2][4].

Quién fue Daniel Kahneman y de dónde venía

Daniel Kahneman nació el 5 de marzo de 1934 en Tel Aviv, entonces Mandato Británico de Palestina, mientras su madre visitaba a la familia; el domicilio habitual de sus padres, judíos lituanos emigrados a Francia en los años veinte, estaba en París [2]. Murió el 27 de marzo de 2024, a los 90 años, como profesor emérito Eugene Higgins de Psicología en Princeton [3]. Entre esas dos fechas hay una carrera entera hecha de preguntas sobre cómo se equivocan las personas competentes.

Su relato de la infancia es el de alguien que creció, según sus palabras, en un mundo hecho «exclusivamente de personas y palabras» [1]. Terminó su último periodo en un liceo francés en 1946; la mudanza a Palestina, que él fecha después de la liberación, lo puso a repetir octavo grado y, por primera vez, a no ser el más pequeño ni el más débil del salón [1]. A los diecisiete ya había decidido que sería psicólogo. Cuando fue a orientación vocacional, cuenta, psicología salió como primera recomendación y economía no muy atrás [1].

Obtuvo su primer título en la Universidad Hebrea de Jerusalén en dos años, con psicología como área principal y matemáticas como secundaria [1]. El doctorado llegó después, en la Universidad de California en Berkeley, en 1961 [4].

El teniente de 21 años que rediseñó las entrevistas del ejército israelí

En 1954 Kahneman fue reclutado como subteniente y, tras un año como jefe de pelotón, lo trasladaron a la rama de Psicología de las Fuerzas de Defensa de Israel. Allí participaba en la evaluación de candidatos a la escuela de oficiales con métodos heredados del ejército británico: ocho hombres sin insignias, identificados solo por un número, debían pasar un muro de 2,5 metros cargando un poste telefónico sin que el poste tocara el suelo ni la pared [1]. Dos observadores miraban. Creían ver líderes, seguidores leales, fanfarrones y cobardes.

No veían nada. Más o menos cada mes había un «día de estadísticas» en el que llegaba la retroalimentación de la escuela de oficiales y sus predicciones resultaban casi inútiles. Kahneman llamó después a eso la ilusión de validez: la confianza sobrevivía intacta a la evidencia de que no funcionaba [1].

Su asignación mayor fue rediseñar la entrevista de todos los reclutas de unidades de combate. Era 1955, acababa de publicarse el libro de Paul Meehl que mostraba que la predicción clínica pierde de forma consistente frente a la actuarial, y alguien se lo puso en las manos [1]. Kahneman impuso una entrevista estructurada, con preguntas fijas y seis calificaciones de rasgos. Las entrevistadoras —en su mayoría jóvenes recién salidas del bachillerato, escogidas por sus puntajes psicométricos— casi se amotinan: sentían que las reducían a robots. Su respuesta, que él mismo recuerda como poco convincente, fue: «Asegúrense de ser confiables y déjenme a mí la validez» [1] (traducción propia).

Cedió a medias. Les permitió añadir, al final, un juicio global libre. La validez del sistema subió mucho, y el esquema siguió en uso, con pocas modificaciones, durante décadas [1]. Si le parece raro que un teniente de veintiún años montara el sistema de entrevistas de un ejército, él mismo lo explicó: el Estado de Israel tenía siete años, la improvisación era la norma y, con un pregrado en el campo apropiado, «yo era el psicólogo profesional mejor entrenado del ejército» [1] (traducción propia).

Ese episodio explica media obra posterior. Kahneman no llegó a la economía desde la teoría: llegó desde un problema de personal mal resuelto.

Amos Tversky y el seminario que le cambió la vida

Después de Berkeley, Kahneman volvió a Jerusalén, montó un laboratorio de visión y pasó un año en Harvard, donde escuchó una charla sobre atención de una psicóloga inglesa llamada Anne Treisman, que doce años después sería su esposa [1]. Volvió a casa en 1967 convertido, dice, en un investigador por fin bien entrenado.

Entre 1968 y 1969 dictó un seminario de posgrado sobre aplicaciones de la psicología a problemas reales y le pidió a un colega más joven, Amos Tversky, que le contara a la clase qué pasaba en su campo. Fue, en sus palabras, un acontecimiento que le cambió la vida [1]. Tversky expuso la tesis de que las personas son «bayesianos conservadores»; la discusión que siguió no le cuadró a nadie, porque la observación cotidiana muestra gente sacando conclusiones apresuradas [1].

En el verano de 1969 Kahneman estaba investigando en Cambridge, Inglaterra, con un cuestionario sobre intuiciones acerca de la variabilidad muestral. Tversky pasó unos días de camino a Estados Unidos, se llevó el cuestionario, lo aplicó en una reunión de la Mathematical Psychology Association y semanas después se encontraron en Jerusalén a mirar los resultados y escribir el artículo [1]. De ahí salió la «ley de los números pequeños».

De esa sociedad nacieron las heurísticas de juicio y la teoría de las perspectivas, el modelo de elección riesgosa que publicaron en 1979 [5] y que la Academia sueca reconocería como el corazón del premio [4]. Su contenido —la función de valor, la ponderación de probabilidades, la aversión a las pérdidas y las heurísticas de representatividad, disponibilidad y anclaje— lo desarrolla en este sitio la página de Amos Tversky, y el catálogo aplicado a decisiones de inversión está en el análisis sobre psicología económica y sesgos del inversionista.

Lo que sí le pertenece a Kahneman es el testimonio de cómo se trabajaba ahí adentro. Escribió que a Amos lo describían a menudo quienes lo conocían como la persona más inteligente que habían tratado, y que en su presencia él mismo se volvía gracioso: «probablemente he compartido con Amos más de la mitad de las risas de mi vida» [1] (traducción propia). La fase intensa de esa colaboración duró, según él, «bastante más de una década». Tversky murió en 1996, veintisiete años después de aquel seminario.

Sistema 1 y Sistema 2: qué dijo realmente Kahneman

El Sistema 1 y el Sistema 2 son dos modos de operación mental que Kahneman usó como metáfora para ordenar décadas de resultados: el primero produce impresiones rápidas y automáticas; el segundo, juicios deliberados y costosos. Conviene decir algo que casi nunca se dice: las etiquetas no son suyas. En su conferencia Nobel las atribuye explícitamente a Keith Stanovich y Richard West, que las propusieron en 2000 [5].

En esa conferencia describió así el contraste: «Las operaciones del Sistema 1 son rápidas, automáticas, sin esfuerzo, asociativas y difíciles de controlar o modificar» [5] (traducción propia). Las del Sistema 2 son más lentas, seriales, costosas y controladas de forma deliberada, pero también más flexibles y potencialmente gobernadas por reglas [5].

Esquema de la relación entre el Sistema 1 y el Sistema 2 según Daniel Kahneman: el Sistema 1 propone impresiones automáticas y el Sistema 2 avala o corrige los juicios explícitos
Relación entre los dos sistemas según la conferencia Nobel de Kahneman (2002). Las etiquetas «Sistema 1» y «Sistema 2» son de Stanovich y West (2000); Kahneman las adoptó como metáfora expositiva, no como descripción anatómica.
RasgoSistema 1Sistema 2
VelocidadRápidoMás lento y serial
ControlAutomático, difícil de modificarDeliberadamente controlado
EsfuerzoSin esfuerzoCostoso
FlexibilidadAsociativoFlexible y potencialmente gobernado por reglas
Qué aporta al juicioGenera impresiones involuntarias, no necesariamente verbalesEstá involucrado en todos los juicios explícitos, vengan de impresiones o de razonamiento

Fuente: descripción de la Figura 1 en la conferencia Nobel de Kahneman, 2002 [5].

Dos precisiones que el uso popular suele perder. La primera: el Sistema 2 interviene en todos los juicios explícitos, no solo cuando algo sale mal; lo que ocurre, escribió Kahneman, es que ese monitoreo «suele ser bastante laxo» y deja pasar intuiciones erróneas [5]. La segunda: los errores de juicio intuitivo implican fallas de los dos sistemas, del que generó el error y del que no lo detectó [5]. No hay un sistema bueno y uno malo.

En la introducción de Thinking, Fast and Slow (Farrar, Straus and Giroux, 25 de octubre de 2011) el propio Kahneman advierte que describe la vida mental «mediante la metáfora de dos agentes» y habla de ellos como si fueran personajes con rasgos y disposiciones [6]. Es una convención expositiva, no una anatomía. La versión en español, Pensar rápido, pensar despacio, es la que llevó esos dos nombres al lenguaje corriente de oficina.

El Nobel de 2002, contado desde su lado

El 9 de octubre de 2002 la Real Academia Sueca de Ciencias anunció que el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel se repartiría por mitades. A Kahneman, entonces en Princeton, «por haber integrado hallazgos de la investigación psicológica en la ciencia económica, especialmente en lo relativo al juicio y la toma de decisiones humanas bajo incertidumbre» [4] (traducción propia). La otra mitad fue para el economista experimental Vernon Smith, por un motivo distinto que su propia página desarrolla.

El comunicado menciona a Amos Tversky con un paréntesis seco: «fallecido en 1996» [4]. Desde 1974, los estatutos de la Fundación Nobel establecen que un premio no puede concederse de manera póstuma, salvo que la muerte ocurra después del anuncio [7]. Tversky llevaba seis años muerto cuando se leyó el fallo.

Lo más interesante es lo que Kahneman hizo con el crédito. En la autobiografía que escribió para la Fundación Nobel reconoce que no quería renunciar a su parte, pero añade que, en su opinión, «el trabajo de integración lo hizo en realidad sobre todo Thaler» y el grupo de jóvenes economistas que se formó a su alrededor, empezando por Colin Camerer y George Loewenstein [1] (traducción propia). Y va más lejos: sostiene que el texto fundacional de la economía del comportamiento fue el artículo de 1980 de Richard Thaler, no el suyo [1].

Es una afirmación rara en un discurso de premiación. Encaja, eso sí, con alguien que había pasado la vida documentando el exceso de confianza.

El resto del edificio conductual lo levantaron otros: la racionalidad limitada venía de Herbert Simon, y el mapa completo de la escuela —con sus discusiones abiertas— está en el hub de economía del comportamiento, dentro del índice general de economistas y escuelas de este sitio.

El ruido: el defecto de juicio que persiguió al final

Ruido, en el vocabulario que Kahneman fijó con Olivier Sibony y Cass R. Sunstein en Noise (2021), es la variabilidad en juicios que deberían ser idénticos: dos médicos de la misma ciudad que diagnostican distinto al mismo paciente, dos jueces del mismo juzgado que sentencian distinto el mismo delito, el mismo evaluador que decide distinto un lunes y un miércoles [8]. No es sesgo. El sesgo empuja siempre hacia el mismo lado; el ruido dispersa.

El fenómeno estaba documentado mucho antes del libro. En 1974, el Federal Judicial Center de Estados Unidos les mandó a los cincuenta jueces federales participantes del Segundo Circuito una serie de treinta informes previos a sentencia, a razón de cinco por semana durante seis semanas a partir del 16 de marzo. Los veinte primeros eran expedientes reales, escogidos para ser ampliamente representativos del trabajo del circuito y editados para alterar datos de identificación tales como nombres, lugares y fechas; los diez últimos se prepararon en dos versiones que diferían en una sola característica, y los jueces se repartieron al azar en dos grupos para recibir una u otra. Se enviaron 1.465 informes y se recibieron 1.442 respuestas a la serie de treinta, con una advertencia que el informe hace explícita: cerca de la mitad de los jueces recibió algo menos que la serie completa, porque a ninguno se le pidió sentenciar un caso que él mismo hubiera sentenciado antes [9].

El resultado en los veinte casos representativos fue de disparidad sustancial, y al examinar los diez casos de prueba el informe anota que sus sentencias «tienden a confirmar el hallazgo de que la disparidad sustancial es la regla y no la excepción» [9] (traducción propia). El prólogo lo firma el juez Marvin E. Frankel.

Kahneman siguió discutiendo el asunto hasta el final. En 2022, con David Krakauer, Sibony, Sunstein y David Wolpert, publicó en la revista Collective Intelligence un intercambio de cartas sobre si el ruido inhibe la inteligencia colectiva o puede amplificar el descubrimiento de soluciones inteligentes [10]. El desacuerdo quedó impreso, sin ganador.

Ese formato no era casual, y aparece otra vez en la última pieza de su obra.

Felicidad, ingreso y los dos «yo»

Cuando escribió su autobiografía para la Fundación Nobel, en 2002, Kahneman dijo que el foco de su investigación en los quince años anteriores había sido el estudio de varios aspectos de la utilidad experimentada [1]. Siguió en esa línea hasta el final, y esa línea ya no era el riesgo: era el bienestar. La distinción que la sostiene la trajo de vuelta a la economía desde Bentham: la utilidad experimentada es la que uno vive, frente a la utilidad de decisión, que se infiere de las elecciones y sirve para explicarlas [1].

El experimento que mejor la ilustra es desagradable y simple. A una persona se le sumerge una mano en agua dolorosamente fría durante 60 segundos. En otra ocasión, los mismos 60 segundos van seguidos de 30 más en los que la temperatura sube apenas. El segundo episodio contiene todo el dolor del primero y añade medio minuto de dolor extra. Cuando se les pide escoger cuál repetir, la mayoría escoge el más largo [1]. La memoria del episodio la fijan el pico de intensidad y el final; la duración casi no cuenta.

De ahí salió la pareja que en Thinking, Fast and Slow llamó el yo que experimenta y el yo que recuerda: dos instancias que, escribe, «no tienen los mismos intereses» [6] (traducción propia). Quien elige es el que recuerda, y a veces manda al otro a sufrir de más.

Llevada a la medición del bienestar, esa distinción produjo el resultado más citado y peor entendido de su carrera. En 2010, con el economista Angus Deaton, analizó más de 450.000 respuestas al Gallup-Healthways Well-Being Index de residentes de Estados Unidos encuestados en 2008 y 2009 [11]. Encontró que la evaluación de la vida —la escalera de Cantril, de 0 a 10— sube sin detenerse con el logaritmo del ingreso, mientras que el bienestar emocional, medido por las emociones del día anterior, sube también pero «no progresa más allá de un ingreso anual de unos 75.000 dólares» [11] (traducción propia). La conclusión del artículo cabe en una frase: «un ingreso alto compra satisfacción con la vida, pero no felicidad» [11] (traducción propia).

Conviene decir qué NO dice ese número. Son dólares estadounidenses de una encuesta levantada en 2008 y 2009, sobre residentes de Estados Unidos, y el umbral aplica a una medida de experiencia emocional diaria, no a la satisfacción con la vida. Convertirlo a pesos colombianos de hoy y compararlo con un salario local mezcla moneda, año, población y variable medida. No lo haga.

Trece años después, el propio Kahneman ayudó a desmontar su hallazgo. Matthew Killingsworth había publicado en 2021 un resultado contrario con otro método, y en lugar de la habitual ronda de réplicas los dos se sentaron a rehacer el análisis juntos y le pidieron a Barbara Mellers que hiciera de facilitadora; ella firma el artículo como tercera autora. El resultado, publicado en PNAS el 7 de marzo de 2023, es que el aplanamiento existe pero «está restringido al 20% menos feliz de la población»: entre la gente más feliz, la felicidad sigue subiendo con el logaritmo del ingreso, y en el grupo más feliz incluso acelera [12].

Kahneman y Deaton (2010)Killingsworth, Kahneman y Mellers (2023)
Qué midieronBienestar emocional (emociones del día anterior) y evaluación de la vidaFelicidad experimentada, con muestreo de experiencia y escala continua
DatosMás de 450.000 respuestas del Gallup-Healthways Well-Being Index, residentes de EE. UU., 2008-2009Reanálisis conjunto de los datos de muestreo de experiencia de Killingsworth
HallazgoEl bienestar emocional deja de progresar más allá de unos 75.000 dólares anualesEl aplanamiento se restringe al 20% menos feliz; entre los más felices la felicidad sigue subiendo
Cómo se resolvió la contradicción—Colaboración adversarial, con Barbara Mellers como facilitadora y coautora del artículo

Fuentes: Kahneman y Deaton, PNAS 2010 [11]; Killingsworth, Kahneman y Mellers, PNAS 2023 [12].

Para Colombia, la lectura honesta pasa por reconocer qué se mide aquí. El DANE publica en la Encuesta Nacional de Calidad de Vida la calificación promedio de satisfacción con la vida en general de las personas de 15 años y más: 8,2 sobre 10 en 2025, seguida de salud (7,9), seguridad y tiempo libre (7,6 cada una), trabajo (7,4) y, de último, el ingreso percibido entre quienes lo reciben (6,8) [13]. Todas esas cifras son calificaciones de satisfacción, es decir, mediciones del yo que recuerda. Son comparables con la escalera de Cantril de Kahneman y Deaton, no con su medida de emociones diarias, y no son comparables con un umbral en dólares de 2008.

Que el ingreso sea la dimensión peor calificada del listado del DANE, y aun así el país se ponga 8,2 a la vida en general, es exactamente el tipo de brecha entre dimensiones que Kahneman dedicó su última etapa a explicar.

Qué queda de Kahneman

Kahneman murió el 27 de marzo de 2024, veintidós días después de cumplir noventa años [3]. El inventario obvio de su legado —el Sistema 1 y el Sistema 2, el vocabulario de sesgos que hoy usa cualquier área de riesgo, el ruido— ya está escrito en todas partes.

A mí me parece que lo más transferible es otra cosa, y la digo como opinión: el procedimiento. Kahneman propuso la colaboración adversarial como reemplazo del formato crítica-respuesta-réplica en el que, según él, casi nadie admite un error ni reconoce haber aprendido algo del otro [1]. Tuvo tres antes del Nobel. Publicó una más a los ochenta y nueve años, contra su propio resultado más famoso, y la firmó [2][12].

En un oficio donde defender la cifra propia es casi un reflejo profesional, eso es más raro que un Nobel.

Preguntas frecuentes

¿Daniel Kahneman era economista? No. Su formación fue en psicología: pregrado en la Universidad Hebrea de Jerusalén y doctorado en Berkeley en 1961 [1][4]. El premio de 2002 se lo dieron precisamente por haber traído hallazgos de la psicología a la ciencia económica, no por haber trabajado dentro de ella [4]. Él mismo escribió que, pasado su trabajo más cercano a la economía propiamente dicha, estuvo «sobre todo animando a Thaler y a la economía del comportamiento desde la banca» [1] (traducción propia).

¿Por qué Amos Tversky no recibió el premio junto a él? Porque había muerto en 1996 [4] y, desde 1974, los estatutos de la Fundación Nobel impiden conceder un premio de forma póstuma a menos que el fallecimiento ocurra después del anuncio [7]. No hubo una decisión sobre el mérito de Tversky: hubo una regla de elegibilidad.

¿Cuál es la diferencia entre sesgo y ruido? El sesgo es un error que empuja de manera sistemática hacia el mismo lado; el ruido es dispersión sin dirección, variabilidad entre juicios que tendrían que coincidir [8]. Un tirador sesgado da siempre a la izquierda del centro; uno ruidoso reparte los impactos por todo el blanco. Las dos cosas cuestan, pero solo la primera se nota mirando el promedio.

¿Qué significa que el dinero compre satisfacción pero no felicidad? Que las dos cosas se miden distinto. Preguntarle a alguien cómo califica su vida en una escala de 0 a 10 activa un balance, y ese balance mejora con el ingreso sin techo visible; preguntarle qué sintió ayer mide otra cosa, más pegada al día [11]. El matiz de 2023 es importante: el estancamiento de esa segunda medida aparece sobre todo en la franja menos feliz de la población [12].

¿Por dónde empezar a leerlo? Por su autobiografía para la Fundación Nobel, que es corta, gratuita y sorprendentemente franca sobre sus propios errores [1]. Después, Thinking, Fast and Slow (2011), traducido como Pensar rápido, pensar despacio [6]. Y si le interesan las decisiones organizacionales más que las individuales, Noise (2021) [8].

Referencias

  1. Fundación Nobel. Daniel Kahneman – Biographical — autobiografía del laureado: infancia en Francia ocupada y Drancy, muerte del padre en 1944, liceo francés en 1946, título en la Universidad Hebrea, servicio en la rama de Psicología de las FDI desde 1954, rediseño de la entrevista de reclutas en 1955, seminario de 1968-1969 con Amos Tversky, atribución del trabajo de integración a Thaler, utilidad experimentada y experimento del agua fría, colaboración adversarial. Fundación Nobel: autobiografía de Kahneman — Consultada: 2026-09-17.
  2. Fundación Nobel. Daniel Kahneman – Facts — fecha y lugar de nacimiento (5 de marzo de 1934, Tel Aviv, Mandato Británico de Palestina), fecha de muerte (27 de marzo de 2024), afiliación al momento del premio y mitad del premio. Fundación Nobel: ficha de Kahneman — Consultada: 2026-09-17.
  3. Princeton University. In Memoriam: Daniel Kahneman — muerte el 27 de marzo de 2024 a los 90 años; cargo de profesor emérito Eugene Higgins de Psicología y profesor emérito de psicología y asuntos públicos. Princeton University: In Memoriam — Consultada: 2026-09-17.
  4. Real Academia Sueca de Ciencias. Comunicado de prensa del 9 de octubre de 2002 — texto oficial de la motivación del premio, reparto por mitades con Vernon L. Smith, mención de Amos Tversky como fallecido en 1996, doctorado en Berkeley en 1961 y cátedra en Princeton desde 1993. Fundación Nobel: comunicado de 2002 — Consultada: 2026-09-17.
  5. Kahneman, D. Maps of Bounded Rationality: A Perspective on Intuitive Judgment and Choice (conferencia Nobel, 8 de diciembre de 2002) — atribución de las etiquetas Sistema 1 y Sistema 2 a Stanovich y West (2000), características de cada sistema, monitoreo laxo del Sistema 2 y fallo conjunto de ambos sistemas en el error intuitivo. Fundación Nobel: conferencia de Kahneman, PDF — Consultada: 2026-09-17.
  6. Farrar, Straus and Giroux (Macmillan). Thinking, Fast and Slow, de Daniel Kahneman — fecha de publicación de la primera edición (25 de octubre de 2011), sello editorial e introducción del libro, donde el autor declara la metáfora de dos agentes y presenta el yo que experimenta y el yo que recuerda como instancias que no tienen los mismos intereses. Macmillan: Thinking, Fast and Slow — Consultada: 2026-09-17.
  7. Fundación Nobel. Nobel Prize facts — desde 1974 los estatutos impiden conceder un premio de forma póstuma salvo que la muerte ocurra después del anuncio. Fundación Nobel: datos del premio — Consultada: 2026-09-17.
  8. Little, Brown Spark (Hachette Book Group). Noise: A Flaw in Human Judgment, de Daniel Kahneman, Olivier Sibony y Cass R. Sunstein — ficha de la primera edición (en venta desde el 18 de mayo de 2021, sello Little, Brown Spark): define ruido como variabilidad en juicios que deberían ser idénticos y da como ejemplos el diagnóstico médico, la sentencia judicial y la decisión que cambia según el día de la semana. Hachette: ficha de Noise, primera edición — Consultada: 2026-09-17.
  9. Partridge, A. y Eldridge, W. B. The Second Circuit Sentencing Study: A Report to the Judges of the Second Circuit (Federal Judicial Center, agosto de 1974) — diseño del experimento: serie de treinta informes previos a sentencia enviados a razón de cinco por semana durante seis semanas desde el 16 de marzo de 1974, los veinte primeros reales y representativos del circuito y los diez últimos en dos versiones asignadas al azar; 1.465 informes enviados y 1.442 respuestas a la serie de treinta, con cerca de la mitad de los jueces recibiendo menos que la serie completa; cincuenta jueces participantes; prólogo del juez Marvin E. Frankel; y, sobre los diez casos de prueba, la anotación de que sus sentencias tienden a confirmar el hallazgo de que la disparidad sustancial es la regla y no la excepción. Federal Judicial Center: Second Circuit Sentencing Study, PDF — Consultada: 2026-09-17.
  10. Kahneman, D., Krakauer, D. C., Sibony, O., Sunstein, C. R. y Wolpert, D. An exchange of letters on the role of noise in collective intelligence, Collective Intelligence, 2022 — intercambio de cartas sobre si el ruido inhibe la inteligencia colectiva o puede amplificar el descubrimiento de soluciones inteligentes. DOI: 10.1177/26339137221078593 — Consultada: 2026-09-17.
  11. Kahneman, D. y Deaton, A. High income improves evaluation of life but not emotional well-being, PNAS 107(38), 2010 — más de 450.000 respuestas al Gallup-Healthways Well-Being Index de residentes de Estados Unidos encuestados en 2008 y 2009; el bienestar emocional no progresa más allá de unos 75.000 dólares anuales mientras la evaluación de la vida sigue subiendo. PubMed Central: Kahneman y Deaton 2010 — Consultada: 2026-09-17.
  12. Killingsworth, M. A., Kahneman, D. y Mellers, B. Income and emotional well-being: A conflict resolved, PNAS 120(10), 7 de marzo de 2023 — colaboración adversarial con Barbara Mellers como facilitadora; el aplanamiento existe pero está restringido al 20% menos feliz de la población, y entre los más felices la felicidad sigue subiendo con el logaritmo del ingreso. PubMed Central: Killingsworth, Kahneman y Mellers 2023 — Consultada: 2026-09-17.
  13. DANE. Boletín técnico. Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ECV) 2025 — calificación promedio de satisfacción, escala de 0 a 10, en personas de 15 años y más: vida en general 8,2; salud 7,9; seguridad y tiempo libre 7,6; trabajo 7,4; ingreso percibido 6,8. DANE: boletín técnico ECV 2025, PDF — Consultada: 2026-09-17.
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