Interés propio y egoísmo en Adam Smith: por qué no son lo mismo
Para Adam Smith, ocuparse de lo propio es legítimo y, bien llevado, tiene nombre de virtud: la prudencia. Lo que reprochaba era el egoísmo que gana a costa de otro. La economía que describió necesita las dos piezas a la vez: motivos propios y reglas de justicia que nadie puede saltarse.
Última actualización: 2026-09-24
Contenido de esta página
- ¿Qué diferencia hay entre interés propio y egoísmo en Adam Smith?
- ¿Por qué Smith apela al interés propio en el intercambio?
- ¿Cómo se complementan La teoría de los sentimientos morales y La riqueza de las naciones?
- ¿Adam Smith inventó el homo economicus?
- ¿Qué muestra el juego del ultimátum sobre el interés propio?
- ¿Qué implica la diferencia para la política pública y la empresa?

La palabra selfish —egoísta— aparece tres veces en La riqueza de las naciones. Ninguna es un elogio. En la más clara, Smith dice que el rico que gasta su renta en baratijas para sí solo muestra con frecuencia una disposición «no solo frívola, sino mezquina y egoísta» (traducción propia) [1]. Self-love, amor propio, sale apenas dos veces en todo el libro, y las dos en el mismo capítulo [1].
Hice el conteo para medir cuánto sostiene el libro la fama de su autor. Poco. El patrono del egoísmo usaba la palabra para reprochar, y lo que defendía tiene otro nombre. De ese concepto trata esta página. Quién fue Smith se cuenta en su biografía, y su lugar en la escuela, entre los economistas clásicos; aquí va solo la idea.
¿Qué diferencia hay entre interés propio y egoísmo en Adam Smith?
En Adam Smith, el interés propio es la atención que cada persona presta a su salud, su fortuna y su reputación; hecha hábito y guiada por la razón, se convierte en la virtud de la prudencia. El egoísmo que él reprocha empieza cuando esa atención se cobra a costa de otro: engañando, dañando, empujando. La frontera entre los dos no la marca el motivo sino la justicia.
Smith lo explicó con una carrera. En la carrera por la riqueza, los honores y los ascensos, escribe, cada uno «puede correr tanto como pueda, y tensar cada nervio y cada músculo, para dejar atrás a todos sus competidores» (traducción propia) [2]. Los espectadores lo acompañan hasta ahí. Si empuja o derriba a alguno, la indulgencia se acaba: es, dice Smith, «una violación del juego limpio» (traducción propia), y el público se pone del lado del agraviado [2].
Competir no es egoísta. Hacer trampa sí.
El mismo pasaje trae la condición previa: para que los demás acepten que alguien se ocupe de sí con más empeño que de cualquier otro, tiene que bajarle el tono a la arrogancia de su amor propio hasta un punto en el que los otros puedan acompañarlo [2]. El interés propio que Smith aprueba ya viene moderado desde adentro.

Conviene ordenar el vocabulario, porque Smith no usa una pareja técnica fija de «interés propio» contra «egoísmo». Habla de amor propio, de la atención de cada quien a su propio interés y de prudencia, y reserva selfish para el reproche:
| Término en Smith | Qué nombra | Cómo lo juzga | Dónde lo dice |
|---|---|---|---|
| Benevolencia (benevolence) | Querer el bien del otro | Valiosa, pero insuficiente para abastecerse en una sociedad grande | La riqueza de las naciones, Libro I, cap. II [3] |
| Amor propio (self-love) | Ocuparse de lo propio | Normal; es el motivo al que apela todo trato comercial | Libro I, cap. II [3] |
| Prudencia (prudence) | El cuidado de la salud, la fortuna y la reputación, hecho hábito | Virtud: la más útil para quien la practica | La teoría de los sentimientos morales, Partes IV y VI [4] [5] |
| Egoísmo (selfish) | Gastar o vivir solo para sí | Reproche | La riqueza de las naciones, Libros II, IV y V [1] |
| Injusticia | Ganar dañando al otro | Castigable: rompe el juego limpio | La teoría de los sentimientos morales, Parte II [2] |
Smith define la prudencia como la unión de la razón que prevé consecuencias y el dominio de sí que aplaza un placer, y la llama «de todas las virtudes, la más útil para el individuo» (traducción propia) [4]. Enseguida pone el contrapeso: la humanidad, la justicia, la generosidad y el espíritu público son las más útiles para los demás [4].
¿Por qué Smith apela al interés propio en el intercambio?
El pasaje del carnicero, el cervecero y el panadero, que no nos dan la cena por benevolencia sino por atender su propio interés, explica por qué la gente intercambia con desconocidos, no cómo debe vivir. Su texto completo y el mito que se formó alrededor están en la biografía de Smith; aquí interesa el argumento que lo rodea.
Ese argumento es de escala. En una sociedad civilizada, escribe Smith, cada persona necesita en todo momento la cooperación de multitudes, mientras que «toda su vida apenas le alcanza para ganarse la amistad de unas pocas personas» (traducción propia) [3]. Si el pan dependiera del afecto, casi nadie comería. Por eso Smith concluye que nadie, salvo un mendigo, elige depender sobre todo de la benevolencia de sus conciudadanos, y que aun el mendigo resuelve la mayor parte de sus necesidades ocasionales comprando y trocando [3].
Amartya Sen señaló el error de lectura con precisión. El pasaje responde a una pregunta estrecha —qué motiva a la gente a intercambiar— y no dice nada sobre la producción, la distribución ni lo que hace sostenible un intercambio, como la confianza [6]. «Es un buen argumento sobre la motivación para comerciar, pero no una afirmación sobre la suficiencia del afán de lucro para el éxito económico en general», escribió en 2010 (traducción propia) [6]. Su ejemplo sale del mismo libro de Smith: los billetes de un banquero circulan como el oro solo mientras el público confía en su fortuna, su probidad y su prudencia [6].
Quien haya comprado fiado en una tienda de barrio conoce la diferencia: el tendero atiende su negocio, pero el cuaderno del fiado funciona por confianza, no por precio. Lo anoto como observación, no como dato.
¿Cómo se complementan La teoría de los sentimientos morales y La riqueza de las naciones?
Los dos libros de Smith no describen dos naturalezas humanas sino una sola en dos escalas. La teoría de los sentimientos morales (1759) explica de dónde salen el juicio moral y las reglas de justicia; La riqueza de las naciones (1776) da esas reglas por puestas y estudia qué hace el interés propio dentro de ellas. El segundo libro supone el primero.
La prueba está en una cláusula que se suele saltar. Cuando La riqueza de las naciones describe el sistema de libertad natural, deja a cada persona libre para perseguir su interés a su manera y competir con cualquier otra, pero solo mientras no viole las leyes de la justicia [7]. Es la carrera de La teoría de los sentimientos morales escrita en lenguaje de economía política.
También se ve en sus adversarios, que se equivocaban hacia lados opuestos.
El primero era Francis Hutcheson, para quien la virtud consistía solo en la benevolencia. Smith le objeta que el cuidado de la propia felicidad aparece muchas veces como un principio de acción muy loable: los hábitos de economía, laboriosidad, discreción y atención se cultivan por motivos de interés propio y merecen la estima de todos [8]. El amor propio, concluye, puede ser el motivo de una acción virtuosa [8].
El segundo era Bernard Mandeville, el de la Fábula de las abejas. Smith llama a su doctrina un sistema licencioso y localiza el truco: «la gran falacia del libro del Dr. Mandeville» es presentar toda pasión como «enteramente viciosa» en cuanto lo es en algún grado o dirección (traducción propia), y así llegar a su conclusión favorita, que los vicios privados son beneficios públicos [9].
Entre los dos, Smith ubicó un interés propio decente y acotado. La vieja tesis de que sus dos libros se contradicen, el llamado Das Adam Smith Problem, tiene su historia en la página de La teoría de los sentimientos morales; el contenido del libro de 1776, en La riqueza de las naciones, y la metáfora que la posteridad convirtió en doctrina, en la mano invisible.
¿Adam Smith inventó el homo economicus?
No. La expresión homo economicus no aparece en La riqueza de las naciones ni en La teoría de los sentimientos morales, y el «hombre económico» que solo busca acumular dinero se discutió en el siglo XIX alrededor de John Stuart Mill, cuyos primeros críticos lo acusaron de haberlo creado. Atribuírselo a Smith es un anacronismo que, además, invierte su vocabulario.
En el texto completo de los dos libros no hay una sola aparición de economic man ni de economicus [1] [10]. Los críticos de John Stuart Mill le reprocharon un hombre económico monomaníaco, y el economista Joseph Persky mostró en 1995 que la psicología que Mill le daba era más rica: incluía el deseo de ocio, de lujo y de relaciones sexuales [11].
¿Por qué se asocia a Smith con esa caricatura? Sen apunta a una tradición concreta. George Stigler, de la Universidad de Chicago, presentó su teoría del interés propio —la creencia de que el interés propio domina a la mayoría de los hombres— como construida «en líneas smithianas», y no fue un caso aislado: fue la lectura estándar de muchos que invocaban a Smith para sostener una teoría de la racionalidad reducida al propio provecho [6]. El veredicto de Sen cabe en una línea: «a Adam Smith le han impuesto mucha pequeñez» (traducción propia) [6]. La obra de Stigler tiene su página en George Stigler.
La crítica de Sen tiene dos partes. Una es de hecho: las personas no se guían siempre solo por la ganancia, ni siquiera por la prudencia. La otra es práctica: hay buenas razones, éticas y prácticas, para cultivar otros motivos [6]. Él mismo remite a su ensayo Adam Smith’s Prudence (1986) y a On Ethics and Economics (1987) para el desarrollo completo [6]; su obra está en la página de Amartya Sen.
¿Qué muestra el juego del ultimátum sobre el interés propio?
El juego del ultimátum pone a prueba el supuesto de interés propio puro. Una persona propone cómo repartir una suma y otra acepta o rechaza; si rechaza, ninguna cobra. Si las dos solo quisieran dinero, la primera ofrecería lo mínimo y la segunda lo aceptaría, porque algo es más que nada. En los experimentos, casi nunca pasa así.
Werner Güth, Rolf Schmittberger y Bernd Schwarze publicaron en 1982 el primer análisis experimental del juego, con estudiantes de posgrado en economía de la Universidad de Colonia, cuando casi nadie había estudiado esa clase de negociación en laboratorio [12]. La estructura formal del juego y su equilibrio se explican en teoría de juegos.
Faltaba saber si el resultado era cosa de estudiantes universitarios. Un equipo encabezado por Joseph Henrich, con economistas como Samuel Bowles, Colin Camerer y Ernst Fehr, llevó el juego a quince sociedades de pequeña escala y publicó los resultados en 2005 [13]. El modelo que supone puro interés propio falló en todas [13]. Mientras la oferta media en los experimentos estándar de sociedades industrializadas suele estar entre el 40 % y el 50 % de la suma, en esas quince sociedades osciló entre el 26 % y el 58 % [13]. Y subir lo que está en juego, incluso a tres meses de ingreso, no cambia en lo sustancial el resultado, según los estudios que el equipo revisa [13].
Seis de las quince sociedades viven en América del Sur:
| Grupo | País | Oferta media en el ultimátum |
|---|---|---|
| Aché | Paraguay | 48 % |
| Achuar | Ecuador | 43 % |
| Tsimane | Bolivia | 37 % |
| Mapuche | Chile | 34 % |
| Machiguenga | Perú | 26 % |
| Quichua | Ecuador | 25 % |
| Referencia: experimentos estándar en sociedades industrializadas | — | entre 40 % y 50 % |
Fuente: Henrich et al. (2005), tabla 2 y sección 4 [13].
Los machiguenga, horticultores de la Amazonía suroriental peruana, originaron el proyecto: en 1996 jugaron de forma mucho menos prosocial que los estudiantes universitarios de todo el mundo [13]. Su oferta más frecuente fue el 15 %, y quienes recibían ofertas rechazaron una sola, aunque más del 75 % estaba por debajo del 30 % [13]. Aun así, su oferta media rondó una cuarta parte de la suma, no el mínimo que predice el interés propio puro. En Conambo, en la Amazonía ecuatoriana, achuar y quichua viven juntos y se casan entre sí, y aun así los achuar ofrecieron en promedio el 43 % y los quichua el 25 % [13].
El hallazgo que más debería inquietar a quien confunde mercado con egoísmo es otro: cuanto mayor la integración de una sociedad a los mercados y mayor el provecho de cooperar en su vida diaria, más equitativo fue el reparto en los juegos [13]. Lo que sigue es interpretación mía, no de los autores: ese resultado se lleva mejor con el Smith de la carrera limpia que con el patrono del egoísmo que le atribuyen.
¿Qué implica la diferencia para la política pública y la empresa?
Si la gente no es egoísta pura, diseñar reglas como si lo fuera cuesta: puede empeorar la conducta que se quería corregir. Y si los clientes castigan lo que juzgan injusto, la empresa que exprime cada venta puede perder más de lo que gana. La primera tiene aquí evidencia experimental, y colombiana; para la segunda, esta página se apoya solo en juicios de equidad de los clientes.
En el verano de 1998, Juan Camilo Cárdenas, entonces en la Universidad Javeriana, y dos colegas de la Universidad de Massachusetts llevaron un experimento a tres zonas rurales de Colombia: Encino, en la región andina oriental; Circasia y Filandia, en el Quindío, y Nuquí, en el Pacífico [14]. Los participantes sacaban leña o madera de bosques y manglares de los que dependían su agua o su pesca, y el juego reproducía ese dilema [14]. A unos grupos se les permitió conversar; a otros se les impuso una regla externa vigilada con poca intensidad. La regla, que la teoría estándar predecía beneficiosa, no mejoró el resultado: al final del juego los grupos regulados extraían lo mismo que al comienzo, y más que los grupos a los que solo se dejó conversar. Lo que sí cambió fue la conducta: los regulados empezaron a elegir de forma más egoísta, y la regulación desplazó la conducta cooperativa [14]. El experimento se discute también en la página de Elinor Ostrom.
En la empresa, una encuesta muestra el mecanismo. Entre 1984 y 1985, Daniel Kahneman, Jack Knetsch y Richard Thaler preguntaron por teléfono a residentes de Toronto y Vancouver qué pensaban de una ferretería que vendía palas para nieve a 15 dólares y, la mañana siguiente a una gran nevada, subía el precio a 20. El 82 % de 107 personas lo juzgó injusto [15]. Los autores titularon su artículo con la conclusión: la equidad es una restricción a la búsqueda de beneficio [15]. La trayectoria de esos autores está en Daniel Kahneman y en el hub de economía del comportamiento.
Mi posición, que es opinión y no dato: la política pública colombiana se diseña con frecuencia para el egoísta de manual, con multa y vigilancia como única herramienta, y el experimento de 1998 muestra que ese diseño puede fabricar al egoísta que pretendía controlar. Quien más pierde en ese error es la comunidad que ya se cuidaba sola. La pregunta útil para un regulador, y para un gerente, no es si la gente persigue su interés. Claro que lo persigue. Es si las reglas que usted pone premian correr más rápido o empujar al de al lado.
Preguntas frecuentes
¿Adam Smith dijo que la codicia es buena?
No, y en su obra está la tesis contraria. La idea de que los vicios privados producen beneficios públicos es de Bernard Mandeville, y Smith la trató como un sistema licencioso construido sobre una falacia: llamar vicio a cualquier pasión que tenga algo de exceso [9]. Lo que Smith aceptaba era la ambición que compite sin dañar.
¿Qué es el amor propio en Adam Smith?
Es el término que Smith usa para la preocupación de cada quien por sí mismo, y no equivale a vanidad ni a egoísmo. Smith lo trata como un dato de la naturaleza humana que la vida social obliga a moderar: el que quiere ser aprobado debe rebajar su amor propio hasta que los demás puedan acompañarlo [2]. En el comercio, es la motivación a la que apela quien propone un trato [3].
¿Qué significa interés propio en economía?
En el uso corriente de los manuales, es el supuesto de que cada agente decide buscando su propio beneficio. En Smith el término es más acotado: nombra un motivo legítimo que opera dentro de reglas de justicia, no una descripción completa de la conducta humana. La economía experimental mostró que ese supuesto, tomado en sentido estricto, falla en todas las sociedades estudiadas [13].
¿Por qué rechazar una oferta del ultimátum contradice al homo economicus?
Porque quien rechaza renuncia a dinero seguro para castigar un reparto que le parece injusto, algo que un maximizador puro nunca haría. Entre los hadza de Tanzania, por ejemplo, los que recibían ofertas rechazaron el 24 % de todas y el 43 % de las que no pasaban del 20 % de la suma [13].
Referencias
- Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, texto completo en inglés (ebook #3300) — conteo propio sobre el texto entre las marcas de inicio y fin del ebook: «selfish» 3 veces, todas en sentido de reproche (Libro II, cap. III: «not only a trifling, but a base and selfish disposition»; Libro IV, cap. IX, en la exposición del sistema agrícola; Libro V, cap. III: «any selfish pleasure so frivolous»); «self-love» 2 veces, ambas en el Libro I, cap. II; 0 apariciones de «economic man» y de «economicus». Project Gutenberg: The Wealth of Nations, texto completo — Consultada: 2026-09-24.
- Smith, Adam. The Theory of Moral Sentiments, Parte II, sección II, capítulo II (pp. 76-77 de la edición de 1872) — la exigencia de «humble the arrogance of his self-love»; «In the race for wealth, for honours, and preferments, he may run as hard as he can, and strain every nerve and every muscle, in order to outstrip all his competitors»; y si empuja o derriba a alguno, «It is a violation of fair play, which they cannot admit of». Project Gutenberg: Theory of Moral Sentiments, Parte II sección II cap. II — Consultada: 2026-09-24.
- Smith, Adam. The Wealth of Nations, Libro I, capítulo II — el hombre civilizado «stands at all times in need of the co-operation and assistance of great multitudes, while his whole life is scarce sufficient to gain the friendship of a few persons»; «He will be more likely to prevail if he can interest their self-love in his favour»; el pasaje del carnicero, el cervecero y el panadero; y «Nobody but a beggar chooses to depend chiefly upon the benevolence of his fellow-citizens». Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro I cap. II — Consultada: 2026-09-24.
- Smith, Adam. The Theory of Moral Sentiments, Parte IV, capítulo II (pp. 167-168 de la edición de 1872) — la prudencia como unión de la razón y el dominio de sí, «of all the virtues that which is the most useful to the individual»; y «Humanity, justice, generosity, and public spirit, are the qualities most useful to others». Project Gutenberg: Theory of Moral Sentiments, Parte IV cap. II — Consultada: 2026-09-24.
- Smith, Adam. The Theory of Moral Sentiments, Parte VI, sección I (p. 188 de la edición de 1872) — «The care of the health, of the fortune, of the rank and reputation of the individual… is considered as the proper business of that virtue which is commonly called Prudence». Project Gutenberg: Theory of Moral Sentiments, Parte VI sección I — Consultada: 2026-09-24.
- Sen, Amartya. «Adam Smith and the contemporary world». Erasmus Journal for Philosophy and Economics, vol. 3, núm. 1, 2010, pp. 50-67 — el pasaje del panadero como respuesta a la motivación del intercambio y no a la producción, la distribución ni la confianza: «This is a fine point about motivation for trade, but it is not a claim about the adequacy of self-seeking for economic success in general»; el ejemplo del banquero de Smith; la «self-interest theory» de George Stigler presentada «on Smithian lines»; «Adam Smith has had much smallness thrust upon him»; las dos proposiciones, epistémica y práctica; y la remisión a Adam Smith’s Prudence (1986) y On Ethics and Economics (1987). Erasmus Journal for Philosophy and Economics: Sen, Adam Smith and the contemporary world — Consultada: 2026-09-24.
- Smith, Adam. The Wealth of Nations, Libro IV, capítulo IX — en el sistema de libertad natural, «Every man, as long as he does not violate the laws of justice, is left perfectly free to pursue his own interest his own way». Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro IV cap. IX — Consultada: 2026-09-24.
- Smith, Adam. The Theory of Moral Sentiments, Parte VII, sección II, capítulo III (p. 269 de la edición de 1872) — contra el sistema de Hutcheson: «Regard to our own private happiness and interest, too, appear upon many occasions very laudable principles of action. The habits of œconomy, industry, discretion, attention, and application of thought, are generally supposed to be cultivated from self-interested motives»; y la precisión de que no es cierto que «self-love can never be the motive of a virtuous action». Project Gutenberg: Theory of Moral Sentiments, Parte VII sección II cap. III — Consultada: 2026-09-24.
- Smith, Adam. The Theory of Moral Sentiments, Parte VII, sección II, capítulo IV, «Of Licentious Systems» (p. 277 de la edición de 1872) — «It is the great fallacy of Dr. Mandeville’s book (Fable of the Bees) to represent every passion as wholly vicious, which is so in any degree and in any direction»; la conclusión de Mandeville «that private vices are public benefits» y el calificativo de «licentious system». Project Gutenberg: Theory of Moral Sentiments, Parte VII sección II cap. IV — Consultada: 2026-09-24.
- Smith, Adam. The Essays of Adam Smith, Londres: Alex. Murray & Co., 1872 — volumen que reproduce la sexta edición completa de The Theory of Moral Sentiments; conteo propio sobre el texto del ebook: 0 apariciones de «economic man» y de «economicus». Project Gutenberg: The Essays of Adam Smith, texto íntegro — Consultada: 2026-09-24.
- Persky, Joseph. «Retrospectives: The Ethology of Homo Economicus». Journal of Economic Perspectives, vol. 9, núm. 2, 1995, pp. 221-231 — resumen: «Early critics of John Stuart Mill attacked him for creating a monomaniacal economic man concerned only with the accumulation of money», mientras que el constructo de Mill poseía una psicología más rica que incluía deseos de ocio, lujo y relaciones sexuales. American Economic Association: Persky, The Ethology of Homo Economicus — Consultada: 2026-09-24.
- Güth, Werner; Schmittberger, Rolf; Schwarze, Bernd. «An experimental analysis of ultimatum bargaining». Journal of Economic Behavior & Organization, vol. 3, núm. 4, 1982, pp. 367-388 — primer análisis experimental del juego del ultimátum; los autores señalan que casi no se había intentado investigar experimentalmente esa negociación; sujetos: estudiantes de posgrado en economía de la Universidad de Colonia. Journal of Economic Behavior & Organization: Güth et al., ultimatum bargaining — Consultada: 2026-09-24.
- Henrich, Joseph, et al. «”Economic man” in cross-cultural perspective: Behavioral experiments in 15 small-scale societies». Behavioral and Brain Sciences, vol. 28, núm. 6, 2005, pp. 795-815 — el modelo canónico «based on self-interest — fails in all of the societies studied»; ofertas medias de estudiantes en sociedades industrializadas «typically between 40% and 50%» frente a «26% to 58%» en la muestra; montos en juego de hasta tres meses de ingreso sin cambio sustancial en el ultimátum, según los estudios que revisa; tabla 2 (Aché 0,48; Achuar 0,43; Tsimane 0,37; Mapuche 0,34; Machiguenga 0,26 con moda 0,15; Quichua 0,25); el «Machiguenga outlier» de 1996; rechazos machiguenga (uno solo, con más del 75 % de ofertas bajo el 30 %) y hadza (24 % y 43 %); achuar y quichua de Conambo (43 % frente a 25 %); y la relación entre integración al mercado, provecho de cooperar y prosocialidad. Behavioral and Brain Sciences: Henrich et al., Economic man in cross-cultural perspective — Consultada: 2026-09-24.
- Cárdenas, Juan Camilo; Stranlund, John; Willis, Cleve. «Local Environmental Control and Institutional Crowding-Out». World Development, vol. 28, núm. 10, 2000, pp. 1719-1733 — experimentos de campo en el verano de 1998 en Encino (región andina oriental), Circasia y Filandia (Quindío) y Nuquí (costa Pacífica); una regulación externa débilmente vigilada, que la teoría estándar predecía benéfica, llevó a elecciones más egoístas: «the regulation appeared to crowd out other-regarding behavior». World Development: Cárdenas, Stranlund y Willis, Institutional Crowding-Out — Consultada: 2026-09-24.
- Kahneman, Daniel; Knetsch, Jack L.; Thaler, Richard. «Fairness as a Constraint on Profit Seeking: Entitlements in the Market». American Economic Review, vol. 76, núm. 4, 1986, pp. 728-741 — encuestas telefónicas entre mayo de 1984 y julio de 1985 en Toronto y Vancouver; palas para nieve de 15 a 20 dólares tras una nevada: «82 percent of respondents (N =107) considered it unfair». University of Chicago Booth: Kahneman, Knetsch y Thaler, Fairness as a Constraint on Profit Seeking — Consultada: 2026-09-24.
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