Economistas

¿Qué es el precio natural según Adam Smith?

En La riqueza de las naciones (1776), Adam Smith llama precio natural al que basta exactamente para pagar la renta, los salarios y el beneficio a sus tasas ordinarias. El precio de mercado es el que se cobra hoy y lo fija la proporción entre lo que llega al mercado y la demanda efectiva. El primero es el centro; el segundo gravita hacia él.

Por Jhon Mosquera3 sep 202611 min de lectura

Última actualización: 2026-09-03

Contenido de esta página
Balanza de dos platos en equilibrio sobre una mesa de pizarra, junto a paño oscuro, carretes de hilo y un libro de cuentas cerrado

Cuando el país entraba en luto, subía el precio del paño negro.

Adam Smith anotó ese detalle en 1776 y no lo usó como curiosidad. Un luto público deja el mercado desabastecido de paño negro, así que su precio sube y con él la ganancia de los comerciantes que tenían existencias. El salario de los tejedores no se mueve. El de los sastres, sí. La razón que da Smith es que en un caso falta mercancía —trabajo ya hecho— y en el otro falta trabajo por hacer [1].

Ese modo de mirar sostiene todo el capítulo VII del Libro I de La riqueza de las naciones: hay un precio que se cobra hoy y hay otro, más terco, del que el primero no logra alejarse mucho tiempo. Esta página trata de ese capítulo y de su continuación sobre salarios. La definición general del concepto —cómo se estima, con qué métodos, en qué mercados— vive en precio natural; la vida y la obra entera del autor, en su ficha y en el hub de economistas clásicos.

¿Qué es el precio natural según Adam Smith?

Smith llama precio natural al precio que no es ni mayor ni menor que lo suficiente para pagar la renta de la tierra, los salarios del trabajo y los beneficios del capital empleados en producir una mercancía, prepararla y llevarla al mercado, cada uno a su tasa ordinaria [1]. No es una hipótesis sobre lo que la gente pagaría: es lo que cuesta que la mercancía siga apareciendo.

Smith añade una frase que dio para dos siglos de discusión. A ese precio, escribe, la mercancía «se vende exactamente por lo que vale, o por lo que realmente le cuesta a quien la lleva al mercado» (traducción propia) [1]. El «realmente» incluye el beneficio del vendedor: si vende sin obtener la tasa de ganancia ordinaria de su vecindad, dice Smith, pierde en el negocio, porque empleando su capital de otro modo habría obtenido esa ganancia.

El adjetivo importa. «Natural» no significa aquí eterno ni universal. Las tasas naturales de salario y beneficio, dice Smith, las regulan en parte las circunstancias generales de la sociedad —su riqueza o pobreza, si avanza, está estancada o retrocede— y en parte la naturaleza de cada oficio; la de la renta, esas mismas circunstancias y la fertilidad natural o mejorada de la tierra [1]. El precio natural de Bogotá en 2026 y el de la Escocia de 1776 son el mismo concepto y números distintos.

De qué se compone el precio natural: renta, salarios y beneficio

En el capítulo anterior, el VI, Smith ya había descompuesto el precio de cualquier mercancía en tres partidas —salarios, beneficio y renta— y advertido que en una sociedad avanzada el trabajador deja de quedarse con el producto entero de su trabajo: aparecen el dueño del capital y el dueño de la tierra, y ambos cobran [2]. El capítulo VII toma esas tres partidas y les pone un nivel de referencia: la tasa ordinaria o media de cada una, en ese lugar y en ese momento. Eso son las tasas naturales.

De ahí sale una consecuencia poco intuitiva. El precio natural no se «calcula» mirando una fábrica: se lee mirando el resto de la economía, porque las tres tasas que lo componen son promedios sociales, no decisiones de un empresario. Y de ahí sale también la conexión con la pregunta de dónde viene el valor, que tiene su propia casa en teoría del valor y no se resuelve aquí.

Qué es el precio de mercado y qué es la demanda efectiva

El precio de mercado es, sin más, el precio al que una mercancía se vende habitualmente. Puede estar por encima, por debajo o exactamente en el natural [1]. Lo regula la proporción entre la cantidad que efectivamente llega al mercado y la demanda de quienes están dispuestos a pagar el precio natural. A esos compradores Smith los llama demandantes efectivos, y a su demanda, demanda efectiva.

La distinción no es un tecnicismo. El ejemplo de Smith es un hombre muy pobre que, en algún sentido, «demanda» un carruaje tirado por seis caballos: le gustaría tenerlo. Su demanda no es efectiva, porque el carruaje nunca podrá llevarse al mercado para satisfacerla [1]. Deseo y demanda no son lo mismo, y solo la segunda mueve precios.

Cuando lo que llega al mercado queda corto frente a la demanda efectiva, algunos compradores prefieren pagar de más antes que quedarse sin el bien; compiten entre ellos y el precio sube. Cuánto sube depende del tamaño del faltante y de la riqueza y el capricho de quienes compiten. Smith cierra el párrafo con el caso extremo: el precio exorbitante de los víveres durante el bloqueo de una ciudad, o en una hambruna [1].

Al revés funciona igual de rápido y con los papeles cambiados: cuando lo que llega excede la demanda efectiva, una parte hay que vendérsela a quien pague menos, y el precio de mercado cae «según que la magnitud del exceso aumente más o menos la competencia de los vendedores» (traducción propia), o según lo importante que a estos les resulte deshacerse de la mercancía cuanto antes [1]. Ahí va además un matiz que se suele olvidar: el exceso hunde más el precio de lo perecedero que el de lo durable. Un cargamento de naranjas de más pesa mucho más que un cargamento de chatarra de más [1].

El mecanismo de gravitación: por qué el precio de mercado vuelve al centro

Esquema del mecanismo de gravitación: una curva de precio de mercado oscila por encima y por debajo de una línea recta de precio natural a lo largo del tiempo, y en el tramo final se queda por encima

Aquí está el corazón del capítulo, y Smith lo plantea por el lado de las cantidades. Si al mercado llega más de lo que la demanda efectiva absorbe, alguno de los componentes del precio termina pagándose por debajo de su tasa natural: si es la renta, el terrateniente retira parte de su tierra; si son salarios o beneficio, trabajadores y patronos retiran parte de su trabajo o de su capital de ese empleo. La cantidad ofrecida baja hasta ajustarse a la demanda efectiva y todas las partidas vuelven a su tasa natural, con lo que el precio entero vuelve al natural. Si lo que llega queda corto, ocurre lo simétrico: alguna partida se paga por encima de su tasa, otros terratenientes preparan más tierra, otros trabajadores y comerciantes meten más trabajo y más capital, y el precio baja de vuelta [1].

Smith resume el resultado en una imagen que se le quedó pegada a la economía: «El precio natural es, por así decirlo, el precio central hacia el cual gravitan continuamente los precios de todas las mercancías» (traducción propia) [1]. Y agrega, con prudencia, que distintos accidentes pueden mantenerlos suspendidos bastante por encima, o forzarlos algo por debajo, sin que dejen de tender hacia ese centro.

Conviene decir dónde no está una frase famosa: la «mano invisible» no aparece en este capítulo. En el texto completo que publica Project Gutenberg, la expresión aparece una sola vez en toda la obra, y lo hace en el Libro IV, capítulo II, a propósito de otra cosa: la preferencia del inversionista por la industria doméstica frente a la extranjera [3]. El concepto tiene su propia página en mano invisible.

Qué impide la gravitación, según el propio Smith

Smith no era ingenuo con su propio mecanismo. En el mismo capítulo lista lo que puede mantener el precio de mercado por encima del natural durante mucho tiempo: el secreto comercial o de fabricación —el tintorero que descubre cómo lograr un color con materiales que cuestan la mitad puede disfrutarlo de por vida—; las producciones que exigen una singularidad de suelo y situación, como ciertos viñedos franceses, donde la escasez es perpetua; el monopolio concedido a un individuo o a una compañía; y los privilegios exclusivos de las corporaciones de oficio junto con los estatutos de aprendizaje, que él describe como «una especie de monopolios ampliados» (traducción propia) [1].

Sobre el monopolio es tajante: «El precio de monopolio es, en toda ocasión, el más alto que puede obtenerse» (traducción propia), mientras que el precio natural, o precio de libre competencia, es el más bajo que los vendedores pueden aceptar y seguir en el negocio [1].

Y hay una asimetría que vale oro: el precio de mercado puede quedarse mucho tiempo por encima del natural, pero rara vez mucho tiempo por debajo [1]. Quien está perdiendo lo siente de inmediato y se retira; quien está ganando de más tiene todos los incentivos para que nadie se entere.

La versión contemporánea de esas barreras —poder de mercado, regulación, patentes— se trabaja en monopolio y en competencia perfecta, y la discusión sobre plataformas, intangibles y costos marginales cercanos a cero, en el silo de economía digital. Aquí interesa solo el diagnóstico de Smith, que es de 1776.

Precio naturalPrecio de mercado
Qué lo determinaLas tasas ordinarias de renta, salario y beneficio en esa sociedadLa proporción entre lo que llega al mercado y la demanda efectiva
HorizonteCentro persistente; cambia cuando cambian las tasas naturalesEl precio al que se vende hoy
ComportamientoEstable mientras la sociedad no cambie de estadoOscila; puede quedar largo tiempo por encima, rara vez por debajo
Qué lo desvíaFaltantes, excesos, secretos, monopolios y privilegios de las corporaciones de oficio
Papel en el sistemaUmbral por debajo del cual el bien deja de producirseSeñal que hace entrar o salir tierra, trabajo y capital

El salario natural en Smith (Libro I, capítulo VIII)

El capítulo siguiente responde de dónde sale una de las tres tasas naturales, y ahí Smith se vuelve incómodo. El salario común, dice, depende del contrato entre dos partes cuyos intereses no coinciden, y no es difícil prever cuál de las dos gana: los patronos son menos, se coaligan con más facilidad y la ley de su tiempo autorizaba —o al menos no prohibía— sus acuerdos, mientras prohibía los de los trabajadores. Un fabricante puede vivir un año o dos de lo acumulado; muchos trabajadores no aguantarían una semana [4].

Sobre el mínimo, Smith es preciso y conviene no ponerle palabras que no dijo. Existe una tasa por debajo de la cual no se puede bajar, «evidentemente la más baja compatible con la humanidad común» [4]. Pero lo que él sostiene en ese mismo capítulo es que los salarios británicos de su época no estaban regulados por esa tasa, y da síntomas concretos: los salarios de verano son más altos que los de invierno, aunque mantener a una familia sea más caro en invierno, señal de que no los fija el costo de subsistir sino la cantidad y el valor supuesto del trabajo hecho [4].

Su tesis es la contraria a la de un piso rígido: la recompensa generosa del trabajo es efecto y síntoma natural de una riqueza nacional creciente, mientras que la manutención escasa del trabajador pobre es síntoma de que las cosas están detenidas, y su condición famélica, de que van hacia atrás [4]. De ahí la frase que más se le cita de ese capítulo: «Ninguna sociedad puede, ciertamente, ser floreciente y feliz cuando la mayor parte, con mucho, de sus miembros es pobre y desdichada» (traducción propia) [4]. La lectura de esa misma faceta —interés propio, simpatía y sus límites— está en interés propio y egoísmo.

De Smith a Ricardo

David Ricardo se quedó con el mecanismo y le cambió el contenido. En el capítulo IV de sus Principios (1817), dedicado precisamente al precio natural y al de mercado, describe la misma gravitación —el capital que huye del empleo menos rentable al más rentable impide que el precio de mercado se aparte mucho tiempo del natural— y le da el crédito a quien corresponde: «En el capítulo 7 de La riqueza de las naciones, todo lo que atañe a esta cuestión está tratado con gran maestría» (traducción propia) [5].

El cambio está en qué determina el centro. Para Ricardo el precio natural de una mercancía es la cantidad de trabajo necesaria para producirla, no la suma de tres tasas; y en el capítulo siguiente, el V, «Sobre los salarios», define el precio natural del trabajo como el que permite a los trabajadores subsistir y perpetuar su número sin aumento ni disminución, es decir, un mínimo de subsistencia [5]. Conviene retener de dónde viene cada cosa: identificar el salario natural con la mera subsistencia es la definición de Ricardo [5], y Smith, en su capítulo VIII, sostiene lo contrario para la Gran Bretaña de su tiempo [4]. El desarrollo completo va en la ficha de David Ricardo; el libro de Smith, en La riqueza de las naciones.

Qué queda hoy del precio natural

Queda el mecanismo, con otro nombre. El manual contemporáneo describe el equilibrio de largo plazo en competencia perfecta como el punto en el que la entrada de empresas ante beneficios y la salida ante pérdidas llevan el precio al punto de beneficio económico nulo, en el mínimo de la curva de costo medio [6]. Cambia el aparato —curvas, costo marginal, beneficio económico— y se mantiene la idea de Smith: el precio al que nadie tiene motivo para entrar ni para salir.

Queda también en el derecho, y en Colombia se lee casi como una paráfrasis. El artículo 87 de la Ley 142 de 1994 ordena que el régimen tarifario de los servicios públicos domiciliarios procure que las tarifas «se aproximen a lo que serían los precios de un mercado competitivo», y define la suficiencia financiera como que las fórmulas garanticen la recuperación de los costos y gastos de operación y permitan remunerar el patrimonio de los accionistas como lo haría una empresa eficiente en un sector de riesgo comparable [7]. Renta, salarios y beneficio a sus tasas ordinarias, redactados por un legislador dos siglos después.

Y queda un problema abierto, que es lo más honesto que se puede decir. Jimena Hurtado Prieto, de la Universidad de los Andes, lo formuló así en Cuadernos de Economía: «La interpretación y la determinación de estos precios ha sido materia de debate desde la publicación de la Riqueza de las Naciones en 1776» [8]. Su conclusión es que Smith no parece dar una respuesta definitiva y que el problema de la determinación de esos precios persiste, incluso después de las lecturas renovadas del autor [8].

Mi opinión, y la marco como opinión: el capítulo VII sigue valiendo la lectura no por el mecanismo, que hoy se enseña mejor con curvas, sino por la lista de excepciones. Smith dedicó buena parte del capítulo a explicar por qué la gravitación falla —secretos, suelos únicos, monopolios, corporaciones de oficio— y no solo por qué funciona. Un lector que se quede con la imagen del péndulo y se salte esa lista se lleva la mitad optimista de un autor que escribió la otra mitad a propósito.

Preguntas frecuentes

¿El precio natural de Smith es lo mismo que el precio de equilibrio de la oferta y la demanda? No exactamente. El equilibrio de los manuales es el cruce de dos curvas para un momento dado; el precio natural de Smith es un nivel de costos —renta, salario y beneficio a sus tasas ordinarias— hacia el que el precio observado tiende con el tiempo [1]. El parecido aparece en el largo plazo: ahí el punto de beneficio económico nulo cumple una función equivalente [6].

¿Por qué Smith habla de «demanda efectiva» y no simplemente de demanda? Porque necesitaba separar el deseo de la capacidad de pagar el precio que hace posible traer la mercancía. Solo la segunda influye en el precio de mercado; la primera, en palabras de Smith, no basta para que el bien llegue nunca al mercado [1].

¿Smith creía que el salario natural era el mínimo de subsistencia? No, y es una confusión frecuente. En su capítulo VIII el mínimo funciona como un piso del que Smith se aparta enseguida: da varios indicios de que en la Gran Bretaña de 1776 el jornal no se fijaba por ahí [4]. Quien sí define el salario por la subsistencia estricta es Ricardo, en 1817 [5].

¿El precio natural puede cambiar? Sí. Smith cierra el capítulo diciendo que varía con la tasa natural de cada componente, y que esa tasa depende del estado de la sociedad [1]. Es la razón por la que anuncia allí mismo cuatro capítulos más, dedicados a explicar de qué dependen los salarios, el beneficio y la renta.

¿Qué pasa con los bienes que no se pueden reproducir? Smith trata el caso: cuando la naturaleza del suelo y la situación impiden que la oferta llegue a cubrir la demanda efectiva, el precio puede quedarse alto durante siglos, y el sobreprecio se lo lleva la renta de la tierra —su ejemplo son ciertos viñedos franceses— [1]. Es una excepción declarada dentro de su propio esquema, no una objeción externa.

Referencias

  1. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro I, capítulo VII — tasas naturales de salario, beneficio y renta; definición del precio natural y del precio de mercado; demanda efectiva y el ejemplo del carruaje de seis caballos; competencia de compradores y vendedores; naranjas y chatarra; la gravitación hacia el precio central; el luto público, el paño negro y los sastres; secretos, viñedos, monopolio, privilegios de las corporaciones de oficio y estatutos de aprendizaje; la asimetría por encima/por debajo; variación del precio natural con sus componentes. Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro I capítulo VII — Consultada: 2026-09-03.
  2. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro I, capítulo VI — descomposición del precio en salarios, beneficio y renta, y aparición del dueño del capital y del dueño de la tierra una vez acumulado el capital y apropiada la tierra. Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro I capítulo VI — Consultada: 2026-09-03.
  3. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro IV, capítulo II — única aparición de la expresión «invisible hand» en el texto completo publicado por Project Gutenberg, en el pasaje sobre la preferencia del inversionista por la industria doméstica. Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro IV capítulo II — Consultada: 2026-09-03.
  4. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro I, capítulo VIII — el contrato entre patronos y trabajadores y la ventaja de los primeros; la tasa «más baja compatible con la humanidad común»; los salarios de verano frente a los de invierno como síntoma de que los salarios británicos no se regulaban por ese mínimo; la recompensa generosa del trabajo como síntoma de riqueza creciente; «ninguna sociedad puede, ciertamente, ser floreciente y feliz…». Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro I capítulo VIII — Consultada: 2026-09-03.
  5. Ricardo, David. On the Principles of Political Economy, and Taxation, Londres: John Murray, 1817. Capítulo IV «On natural and market price» — la gravitación por movilidad del capital y el crédito explícito al capítulo 7 de La riqueza de las naciones: Project Gutenberg: Ricardo, Principles of Political Economy and Taxation, capítulo IV. Capítulo V «On wages» — la definición del precio natural del trabajo como el que permite a los trabajadores subsistir y perpetuar su número sin aumento ni disminución: Project Gutenberg: Ricardo, Principles of Political Economy and Taxation, capítulo V. Consultada: 2026-09-03.
  6. OpenStax. Principles of Microeconomics 3e, sección 8.3 «Entry and Exit Decisions in the Long Run» — el equilibrio de largo plazo en competencia perfecta, con beneficio económico nulo, y el proceso de entrada ante beneficios y salida ante pérdidas que lleva el precio al mínimo de la curva de costo medio. OpenStax: Principles of Microeconomics 3e, 8.3 — Consultada: 2026-09-03.
  7. Congreso de la República de Colombia. Ley 142 de 1994, artículo 87, numerales 87.1 y 87.4 — el criterio de eficiencia económica ordena que las tarifas «se aproximen a lo que serían los precios de un mercado competitivo», y el de suficiencia financiera exige que las fórmulas garanticen la recuperación de costos y gastos de operación y permitan remunerar el patrimonio de los accionistas como lo haría una empresa eficiente en un sector de riesgo comparable. Texto según el Gestor Normativo de la Función Pública. Función Pública: Ley 142 de 1994, Gestor Normativo — Consultada: 2026-09-03.
  8. Hurtado Prieto, Jimena (Universidad de los Andes). La teoría del valor de Adam Smith: la cuestión de los precios naturales y sus interpretaciones, Cuadernos de Economía, vol. 21, núm. 38, 2003, Universidad Nacional de Colombia — el debate sobre la interpretación y la determinación de los precios naturales desde 1776, la ausencia de una respuesta definitiva en Smith y la persistencia del problema pese a las lecturas renovadas. Cuadernos de Economía UNAL: Hurtado Prieto, La teoría del valor de Adam Smith — Consultada: 2026-09-03.
Cómo investigamos esta página
  • Pregunta que responde: qué es el precio natural en Adam Smith, por qué el precio de mercado gravita hacia él y cuándo el propio Smith dice que no lo hace.
  • Fuentes: identificadas 28 → incluidas 8
  • Criterios de inclusión: solo texto primario en archivo canónico, fuente académica con editor identificable, norma en gestor oficial y manual abierto; fuera enciclopedias, agregadores y advocacy.
  • Fecha de corte de los datos: 2026-09-03
Scroll to Top