Comparativos

Adam Smith y Keynes: en qué chocan sobre ahorro, crisis y Estado

Adam Smith y John Maynard Keynes chocan en una pregunta: ¿una economía de mercado gasta por sí sola lo que ahorra? Smith, en 1776, supuso que el ahorro se invierte casi al mismo tiempo; Keynes, en 1936, sostuvo que puede quedarse sin invertir y dejar gente sin empleo. Smith no fundó la economía keynesiana, y Keynes dio por válido el análisis clásico con pleno empleo.

Por Jhon Mosquera14 sep 202613 min de lectura

Última actualización: 2026-09-14

Contenido de esta página
Alcancía de barro sellada sobre un banco de trabajo frente a una fila de máquinas de coser cubiertas y apagadas, imagen del duelo entre Adam Smith y Keynes sobre el ahorro y la inversión
Una alcancía de barro sellada frente a un taller detenido evoca la pregunta sobre el ahorro que separa a Smith y a Keynes. Imagen generada con IA.

Entre las búsquedas con las que llegan lectores a esta página hay una que no pregunta nada. Afirma, con toda seguridad, que Adam Smith es el fundador de la economía keynesiana.

La frase junta dos libros separados por 160 años. La riqueza de las naciones se publicó en 1776 [1]; la Teoría general del empleo, el interés y el dinero, en 1936 [2]. Smith no pudo leer a Keynes, y Keynes escribió contra una escuela en la que Smith figura solo como antecesor.

Aun así, el error tiene de dónde agarrarse. En el penúltimo capítulo de su libro, Keynes trata a Smith con una simpatía que pocos esperan: elogia su moderación con las leyes de usura porque, escribe, Smith sabía que el ahorro individual puede terminar en deudas y no en inversión [3]. De ese elogio a llamarlo fundador hay un salto que ninguno de los dos textos sostiene.

Lo que sí enfrenta a los dos autores cabe en tres preguntas: si el dinero que se ahorra vuelve solo a la economía, qué pasa cuando no vuelve y qué le toca hacer al Estado. Las vidas de los dos están en las biografías de Adam Smith y de John Maynard Keynes; la corriente que nació del libro de Keynes, en la escuela keynesiana. Smith tiene otros dos duelos en este sitio, con David Ricardo y con Karl Marx, y el mapa completo está en el pilar de comparativos de economistas.

¿Adam Smith es el fundador de la economía keynesiana?

No, y el propio Keynes lo ubica en el otro lado. En una nota al pie del capítulo 23 de la Teoría general llama a Smith «el precursor de la escuela clásica» (traducción propia) [2], la escuela con cuyas conclusiones el libro se propone contrastar las suyas desde la primera página [2]. Que Keynes le reconozca a Smith una intuición suelta sobre el destino del ahorro no lo vuelve fundador de la economía keynesiana, que nació en 1936 como crítica de esa tradición.

La clave está en una nota al pie del capítulo 1. Keynes explica que «los economistas clásicos» fue un nombre inventado por Marx para cubrir a Ricardo, a James Mill «y sus predecesores», y que él, «quizá cometiendo un solecismo», lo extendió a los seguidores de Ricardo, entre ellos John Stuart Mill, Marshall, Edgeworth y Pigou (traducción propia) [2].

En esa nota del capítulo 1, Smith entra por la puerta de los predecesores, sin nombre propio; el título de precursor aparece en una nota del capítulo 23 [2]. El adversario directo del libro es la ortodoxia en la que Keynes se había formado, hasta el punto de que le dedica a Pigou un apéndice entero [2]. Qué afirmaba esa doctrina se explica en economía clásica.

Hay un segundo malentendido pegado al primero: que Smith predicó el laissez-faire y Keynes lo enterró. Keynes lo desmintió diez años antes de la Teoría general, en El fin del laissez-faire (1926): la expresión, escribió, «no se encuentra en las obras de Adam Smith, de Ricardo ni de Malthus», y ni siquiera la idea aparece en ellos en forma dogmática (traducción propia) [4]. En lo que toca a Smith, la primera mitad se puede comprobar en su libro principal: en el texto inglés completo de La riqueza de las naciones publicado por Project Gutenberg, la palabra «laissez» aparece cero veces [1].

Adam Smith y Keynes: las diferencias, pregunta por pregunta

Adam Smith y John Maynard Keynes discrepan de frente en dos preguntas: qué pasa con lo que se ahorra y si alguien sensato deja el capital quieto. Discrepan a medias en qué causa una crisis y en cuánto debe hacer el Estado. Y coinciden en una quinta, la que suele olvidarse: que el mercado sirve para decidir qué se produce, aunque Keynes le pone una condición.

PreguntaSmith responde (La riqueza de las naciones, 1776)Keynes responde (El fin del laissez-faire, 1926, y Teoría general, 1936)Grado de choque
¿Vuelve a la economía todo lo que se ahorra?Sí: lo ahorrado se gasta casi al mismo tiempo, por otras manos [5]No necesariamente: si todos intentan ahorrar más, los ingresos caen [6] [7]Frontal
¿Alguien sensato deja el capital quieto?Solo por miedo: donde hay seguridad tolerable, todo capital se emplea [8]Decidir no consumir hoy no equivale a decidir invertir [9]Frontal
¿Qué causa una crisis?Excesos de crédito y préstamos a proyectistas; pide leyes que los frenen [10] [11]Riesgo, incertidumbre e ignorancia, con una cura fuera del alcance de los individuos [4]Parcial
¿Qué le toca al Estado?Defensa, justicia y obras que ningún particular costearía [12]Lo que hoy nadie hace, incluida una influencia orientadora sobre la propensión a consumir y una amplia socialización de la inversión [4] [13]Parcial
¿Sirve el mercado para decidir qué se produce?Sí: la industria encuentra sola su empleo más ventajoso [14]Sí, una vez asegurado el pleno empleo [13]Coinciden

La última fila es la que desmonta la caricatura de «más mercado contra más Estado». Las otras cuatro se desarrollan abajo.

Ley de Say frente a demanda efectiva: ¿se vende todo lo que se produce?

La ley de Say sostiene que producir genera por sí mismo el poder de compra con que se adquiere lo producido; su formulación y su historia están en la página de Jean-Baptiste Say. Keynes la reemplazó por el principio de la demanda efectiva: el empleo depende de lo que los empresarios esperan vender, y ese gasto esperado puede quedarse corto [15].

La ley lleva el nombre de Say y no el de Smith, pero La riqueza de las naciones descansa en un supuesto vecino: quien tiene capital lo pone a trabajar. En el primer capítulo del Libro II escribe que un hombre «tiene que estar completamente loco» si, donde hay una seguridad tolerable, no emplea todo el capital del que dispone, propio o prestado (traducción propia) [8].

La excepción que él mismo anota vale oro. En los países donde la gente teme la violencia de sus superiores, dice Smith, se entierra o se esconde buena parte del capital para tenerlo a mano y huir con él [8]. En ese pasaje, el capital escondido es un síntoma de miedo, no de cálculo.

Keynes discute justo ese vínculo automático entre guardar y emplear. En el capítulo 2 de la Teoría general dice que quien lo da por hecho sufre una «ilusión óptica» que hace ver como una sola dos actividades distintas: decidir no consumir hoy y decidir proveer para el consumo futuro (traducción propia) [9]. A ese supuesto lo llama el «axioma de las paralelas» de la teoría clásica, y advierte que de él se siguen las ventajas sociales del ahorro, la actitud tradicional ante el tipo de interés y la teoría clásica del desempleo [9].

Ahorro e inversión: ¿lo que es prudente para una familia lo es para un país?

Para Adam Smith, lo que una persona ahorra de su renta se convierte en capital y paga trabajo productivo casi al mismo tiempo, así que ahorrar enriquece al país. Para Keynes, ese razonamiento vale para una persona y falla para la sociedad entera: si todos intentan ahorrar más recortando su consumo, bajan los ingresos de los demás y el ahorro total no crece como esperaban.

Smith lo dice en el capítulo sobre la acumulación del capital. «Lo que se ahorra cada año se consume con la misma regularidad que lo que se gasta», escribe, y aclara que lo consume casi al mismo tiempo otra clase de gente: los trabajadores que el capital pone en movimiento (traducción propia) [5].

La frase más famosa de Smith sobre la prudencia doméstica la escribió a propósito del comercio. «Lo que es prudencia en la conducta de cada familia particular difícilmente puede ser locura en la de un gran reino» (traducción propia) está en el Libro IV, junto al sastre que no fabrica sus zapatos y se los compra al zapatero: un país tampoco debería producir en casa lo que le sale más caro que comprar [14].

Keynes la llevó al terreno del ahorro. En la nota del capítulo 23 donde llama a Smith precursor de la escuela clásica, cita esa frase junto a un pasaje de Bernard Mandeville sobre el ahorro de las familias y añade que Smith la escribió «probablemente» en referencia a él (traducción propia) [2]. El adverbio es de Keynes: en el texto de La riqueza de las naciones publicado por Project Gutenberg, el nombre de Mandeville no aparece [1].

Esquema que compara el recorrido del ahorro según Adam Smith, donde se convierte en capital casi al mismo tiempo, y según Keynes, donde el intento colectivo de ahorrar más reduce los ingresos

Keynes invierte la analogía. En el capítulo 7 escribe que, como el consumo de cada uno es el ingreso de otro, resulta imposible que todos los individuos ahorren al mismo tiempo cualquier suma que se propongan, porque el intento se derrota a sí mismo [6]. En el capítulo 9 lo dice con más filo: «cuanto más virtuosos seamos, más resueltamente ahorradores, más obstinadamente ortodoxos en nuestras finanzas nacionales y personales, más tendrán que caer nuestros ingresos» (traducción propia), siempre que el tipo de interés suba frente a la eficiencia marginal del capital [7].

Esa condición final importa. El ahorro colectivo empobrece, en el argumento de Keynes, en un caso preciso: cuando la inversión no lo acompaña.

Tampoco se atribuye la idea. El pasaje de Mandeville que Keynes recoge en el capítulo 23, tomado del comentario a La fábula de las abejas, discute la misma analogía familiar: el ahorro, dice el texto citado, es en las familias el método más seguro para aumentar un patrimonio, y algunos imaginan que haría igual de rica a una nación entera; Mandeville lo llama un error [3].

¿Qué causa una crisis según Smith y según Keynes?

Adam Smith asoció las crisis de crédito a bancos que emiten más papel del prudente y a préstamos que terminan en manos de derrochadores y proyectistas, y pidió leyes para frenarlos aunque limitaran la libertad. Keynes atribuyó el desempleo al riesgo, la incertidumbre y la ignorancia, y sostuvo en 1926 que su remedio está fuera del alcance de los individuos que actúan por separado.

El pasaje de Smith es de los que no encajan en su fama. Al defender que se prohíba a los bancos emitir billetes pequeños, admite que esa norma viola la libertad natural, y responde que «los ejercicios de la libertad natural de unos pocos individuos que podrían poner en peligro la seguridad de toda la sociedad» deben restringirse por ley en cualquier gobierno, libre o despótico (traducción propia) [10]. Lo compara con la obligación de levantar muros cortafuegos entre casas [10].

Con el interés hace algo parecido. Propone que la tasa legal máxima quede apenas por encima de la más baja del mercado, porque si fuera muy alta el grueso del dinero se prestaría a derrochadores y proyectistas, los únicos dispuestos a pagarla [11].

Keynes miraba otro tamaño de desastre. En Estados Unidos, la serie oficial de desempleo pasó de 3,2 % de la fuerza laboral civil en 1929 a 24,9 % en 1933, casi ocho veces la tasa de cuatro años antes [16]. Keynes escribía desde Inglaterra; la cifra es estadounidense y no se mezcla aquí con series británicas.

Siete años antes de ese pico, El fin del laissez-faire ya había dado el diagnóstico de fondo: «muchos de los mayores males económicos de nuestro tiempo son frutos del riesgo, la incertidumbre y la ignorancia» (traducción propia) [4]. De ahí salen, según Keynes, la desigualdad de fortunas y el desempleo, y la cura pasa en parte por el control deliberado de la moneda y el crédito por una institución central y por reunir y publicar datos sobre la situación de los negocios [4].

Cómo se suceden las fases de auge y caída es tema de ciclos económicos, y cómo se mide hoy la falta de trabajo, de desempleo.

¿Qué papel le dan al Estado Adam Smith y Keynes?

Adam Smith le asignó al soberano tres deberes: la defensa, la justicia y las obras e instituciones públicas que ningún particular pagaría porque el beneficio nunca le devolvería el gasto. Keynes corrió esa última frontera: al Estado le corresponde lo que hoy no hace nadie, y en la Teoría general eso incluye influir en el consumo y en el volumen total de la inversión.

El tercer deber está en la Parte III del primer capítulo del Libro V. Son obras e instituciones que pueden ser ventajosísimas para una gran sociedad, pero de tal naturaleza «que el beneficio nunca podría reembolsar el gasto a ningún individuo» o pequeño grupo de individuos (traducción propia) [12]. Los tres deberes, en el conjunto del libro, se resumen en La riqueza de las naciones.

Keynes formuló su criterio en 1926 con palabras muy cercanas: «lo importante para el Gobierno no es hacer las cosas que ya hacen los individuos», sino hacer las que hoy no se hacen en absoluto (traducción propia) [4]. Keynes no cita a Smith en ese pasaje. El parecido lo señalo yo.

La diferencia está en lo que cada uno pone en esa lista. Para Smith son caminos, puentes, canales y puertos, e instituciones para educar a la juventud. Para el Keynes de 1936, el Estado tendrá que ejercer una influencia orientadora sobre la propensión a consumir, en parte con los impuestos, en parte fijando el tipo de interés y en parte, quizá, por otras vías, y una «socialización bastante amplia de la inversión» será el único medio de acercarse al pleno empleo (traducción propia) [13]. En el mismo párrafo aclara que eso no justifica un socialismo de Estado que abarque la mayor parte de la vida económica [13].

En Colombia, esa discusión llegó a la Constitución el mismo año de la Teoría general. El artículo 11 del Acto Legislativo 1 de 1936 dispuso que «el Estado puede intervenir por medio de leyes en la explotación de industrias o empresas públicas y privadas», para racionalizar la producción, distribución y consumo o proteger al trabajador, y exigió para esas leyes mayoría absoluta en ambas cámaras [17]. El texto no nombra a Keynes, y leer la reforma como aplicación de su libro sería inventar una influencia.

Cómo se usan hoy el gasto y los impuestos en el país se explica en política fiscal y gasto público. El régimen de protección social que creció con estas ideas está en Estado de bienestar; la reacción en su contra, en neoliberalismo, y el diagrama con que se enseñó a Keynes en las aulas, en modelo IS-LM.

Qué conserva Keynes de Adam Smith

Keynes conservó de la tradición que arranca con Smith el análisis de cómo el interés privado decide qué se produce, cómo se combinan los factores y cómo se reparte el valor del producto, y lo aceptó sin objeciones una vez asegurado el pleno empleo. Conservó también la iniciativa privada como motor de la economía: sus propuestas de 1926 la dejaban, en sus palabras, sin trabas.

La frase decisiva está en el capítulo final de la Teoría general. Si los controles centrales logran un volumen de producción que corresponda al pleno empleo, escribe Keynes, «la teoría clásica recobra su vigencia a partir de ese punto», y no hay objeción que hacerle a su explicación de cómo el interés privado determina qué se produce y cómo se combinan los factores para producirlo (traducción propia) [13]. Su crítica, aclara, no consistió en encontrarle fallas lógicas, sino en mostrar que sus supuestos tácitos casi nunca se cumplen [13].

En 1926 había ido en la misma dirección. Sus medidas contra la incertidumbre, dice, dejarían «sin trabas» la iniciativa y la empresa privadas (traducción propia), y nada de lo que propone es seriamente incompatible con el rasgo esencial del capitalismo: su apelación intensa al afán individual de ganar dinero como fuerza motriz [4].

Y está el elogio del capítulo 23. Keynes escribe que Smith fue muy moderado con las leyes de usura porque sabía que los ahorros individuales pueden terminar en inversión o en deudas, sin garantía de que vayan a la primera [3]. Es la lectura de Keynes. Lo que Smith escribió fue la propuesta de una tasa legal apenas superior a la del mercado para que el capital no cayera en manos de derrochadores y proyectistas [11].

Mi lectura: dónde acierta cada uno

Esto es opinión, y la marco como tal. En el largo plazo me quedo con Smith: un país que no ahorra no acumula capital, y ninguna teoría de la demanda sustituye esa aritmética.

En la crisis me quedo con Keynes. El supuesto de que todo lo ahorrado se gasta casi de inmediato es justamente el que se rompe cuando la gente tiene miedo, y el propio Smith lo intuyó al describir a quienes entierran su capital en los países inseguros.

Si hubiera que corregir la frase del buscador, yo diría esto: Adam Smith no fundó la economía keynesiana, y el propio Keynes lo llamó precursor de la escuela que quería corregir. Lo que sí dejó Smith, en una línea sobre el miedo y el dinero enterrado, es una excepción que su propio sistema no desarrolló. Si Keynes reparó en ella, ningún texto suyo lo dice.

Preguntas frecuentes

¿Keynes criticó a Adam Smith por su nombre en la Teoría general?

No lo toma como blanco. En el texto digitalizado de la primera edición, de 1936, las apariciones de su nombre que se localizan están todas en el capítulo 23, el de las notas históricas: el elogio por las leyes de usura (pp. 352-353), una nota que remite a la carta de Bentham a Smith (p. 352), la nota que lo enlaza con Mandeville (p. 361) y dos citas ajenas, de Malthus y de Hobson y Mummery [2] [3]. Las críticas del libro apuntan a los seguidores de Ricardo [2].

¿Qué es la paradoja del ahorro y la formuló Keynes con ese nombre?

Es la idea de que el intento colectivo de ahorrar más puede reducir los ingresos sin aumentar el ahorro total. La Teoría general la desarrolla en los capítulos 7 y 9, pero la expresión «paradox of thrift» no figura en el texto publicado por Project Gutenberg Australia, y el propio Keynes reconoce precedentes en Mandeville y en otros autores de los siglos XVII y XVIII [3] [6] [7].

¿Keynes estaba en contra del capitalismo?

No como sistema productivo. En El fin del laissez-faire escribió que el capitalismo, sabiamente administrado, probablemente puede hacerse más eficiente para fines económicos que cualquier alternativa a la vista, aunque en sí mismo le parecía objetable en muchos sentidos [4]. Su programa era corregir su funcionamiento, no sustituirlo.

¿Por qué se asocia a Adam Smith con el laissez-faire si nunca usó la expresión?

Keynes lo explicó en 1926. Siguiendo a Sidgwick y a Cliff Leslie, sostuvo que la defensa que hace Smith del sistema de libertad natural deriva de su visión teísta y optimista del orden del mundo, expuesta en la Teoría de los sentimientos morales, más que de la economía política, y creía que la expresión se popularizó en Inglaterra por un pasaje de Benjamin Franklin [4]. Hasta el famoso pasaje de la mano invisible, añadió, refleja la filosofía de William Paley más que el dogma económico del laissez-faire [4].

Referencias

  1. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, texto completo en inglés (ebook #3300) — obra publicada en 1776; conteo propio sobre el texto entre las marcas de inicio y fin del ebook: 0 apariciones de «laissez», «laisser» o «faire», y 0 de «Mandeville». Project Gutenberg: Wealth of Nations, texto plano completo — Consultada: 2026-09-14.
  2. Keynes, John Maynard. The General Theory of Employment, Interest and Money, Londres: Macmillan, 1936 (primera edición, digitalizada por la Digital Library of India) — la lista de obras del autor fecha el libro en 1936; capítulo 1, p. 3: «The object of such a title is to contrast the character of my arguments and conclusions with those of the classical theory of the subject»; nota 1 del capítulo 1: «”The classical economists” was a name invented by Marx to cover Ricardo and James Mill and their predecessors» y «I have become accustomed, perhaps perpetrating a solecism, to include in “the classical school” the followers of Ricardo», incluidos «J. S. Mill, Marshall, Edgeworth and Prof. Pigou»; el apéndice del capítulo 19 dedicado a «Professor Pigou’s “Theory of Unemployment”»; en el capítulo 23, el elogio a Smith por las leyes de usura (pp. 352-353), con la nota «In his Letter to Adam Smith appended to his Defence of Usury» (p. 352), y la nota a la cita de Mandeville (p. 361): «Compare Adam Smith, the Forerunner of the classical school, who wrote, “What is prudence in the conduct of every private family can scarce be folly in that of a great Kingdom” — probably with reference to the above passage from Mandeville»; y, en el mismo capítulo, las citas de Malthus y de Hobson y Mummery que mencionan a Smith. Internet Archive: Keynes, General Theory, edición de 1936 — Consultada: 2026-09-14.
  3. Keynes, John Maynard. The General Theory of Employment, Interest and Money, 1936, capítulo 23 «Notes on Mercantilism, the Usury Laws, Stamped Money and Theories of Under-Consumption», secciones V y VII — «Even Adam Smith was extremely moderate in his attitude to the usury laws. For he was well aware that individual savings may be absorbed either by investment or by debts, and that there is no security that they will find an outlet in the former»; la mención de Cary, que en 1695 «argued that if everybody spent more, all would obtain larger incomes», y de la Fable of the Bees de Mandeville; la cita de Mandeville «As this prudent economy, which some people call Saving, is in private families the most certain method to increase an estate», que concluye «This, I think, is an error»; y las citas de Malthus y de Hobson y Mummery que mencionan a Smith. Esta edición digital no reproduce las notas al pie del libro. Conteo propio sobre su versión de una sola página (printall.html): «paradox of thrift», 0 veces. Project Gutenberg Australia: Keynes, Teoría general, cap. 23 — Consultada: 2026-09-14.
  4. Keynes, John Maynard. The End of Laissez-Faire, Londres: Hogarth Press, 1926 (tercera impresión, 1927; basado en la Sidney Ball Lecture de Oxford, 1924, y en una conferencia en Berlín, 1926), secciones II, IV y V — «The phrase laissez-faire is not to be found in the works of Adam Smith, of Ricardo, or of Malthus. Even the idea is not present in a dogmatic form in any of these authors»; «Even his famous passage about “the invisible hand” reflects the philosophy which we associate with Paley rather than the economic dogma of laissez-faire»; la derivación del «system of natural liberty» de Smith desde la Theory of Moral Sentiments según Sidgwick y Cliff Leslie, y la frase popularizada «by a well-known passage of Dr Franklin’s»; «Many of the greatest economic evils of our time are the fruits of risk, uncertainty, and ignorance»; «the cure lies outside the operations of individuals» y pasa por «the deliberate control of the currency and of credit by a central institution» y la difusión de datos, medidas que «would leave private initiative and enterprise unhindered»; «The important thing for Government is not to do things which individuals are doing already […] but to do those things which at present are not done at all»; nada «seriously incompatible» con la apelación a «the money-making and money-loving instincts of individuals as the main motive force»; y «Capitalism, wisely managed, can probably be made more efficient for attaining economic ends than any alternative system yet in sight, but that in itself it is in many ways extremely objectionable». Internet Archive: Keynes, The End of Laissez-Faire, Hogarth Press — Consultada: 2026-09-14.
  5. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro II, capítulo III — «Whatever a person saves from his revenue he adds to his capital»; «What is annually saved, is as regularly consumed as what is annually spent, and nearly in the same time too: but it is consumed by a different set of people», y la parte ahorrada «is immediately employed as a capital». Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro II capítulo III — Consultada: 2026-09-14.
  6. Keynes, John Maynard. The General Theory of Employment, Interest and Money, 1936, capítulo 7 «The Meaning of Saving and Investment Further Considered», sección V — «the reactions of the amount of his consumption on the incomes of others makes it impossible for all individuals simultaneously to save any given sums. Every such attempt to save more by reducing consumption will so affect incomes that the attempt necessarily defeats itself». Project Gutenberg Australia: Keynes, Teoría general, cap. 7 — Consultada: 2026-09-14.
  7. Keynes, John Maynard. The General Theory of Employment, Interest and Money, 1936, capítulo 9 «The Propensity to Consume: II. The Subjective Factors», sección II — «The more virtuous we are, the more determinedly thrifty, the more obstinately orthodox in our national and personal finance, the more our incomes will have to fall when interest rises relatively to the marginal efficiency of capital». Project Gutenberg Australia: Keynes, Teoría general, cap. 9 — Consultada: 2026-09-14.
  8. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro II, capítulo I — «A man must be perfectly crazy, who, where there is a tolerable security, does not employ all the stock which he commands, whether it be his own, or borrowed of other people»; y en los países donde los hombres temen «the violence of their superiors», «they frequently bury or conceal a great part of their stock». Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro II capítulo I — Consultada: 2026-09-14.
  9. Keynes, John Maynard. The General Theory of Employment, Interest and Money, 1936, capítulo 2 «The Postulates of the Classical Economics», sección VI — quienes suponen el vínculo «are deceived, nevertheless, by an optical illusion, which makes two essentially different activities appear to be the same», las decisiones «to abstain from present consumption» y «to provide for future consumption»; y la igualdad entre precio de demanda y de oferta de la producción total como «the classical theory’s “axiom of parallels”», de la que se siguen «the social advantages of private and national thrift, the traditional attitude towards the rate of interest, the classical theory of unemployment». Project Gutenberg Australia: Keynes, Teoría general, cap. 2 — Consultada: 2026-09-14.
  10. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro II, capítulo II — la propuesta de no permitir papel moneda «but for such sums as would confine it pretty much to the circulation between dealers and dealers»; la restricción como «in some respect a violation of natural liberty», pero «those exertions of the natural liberty of a few individuals, which might endanger the security of the whole society, are, and ought to be, restrained by the laws of all governments; of the most free, as well as or the most despotical» (así en el ebook), con la comparación de «the obligation of building party walls, in order to prevent the communication of fire». Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro II capítulo II — Consultada: 2026-09-14.
  11. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro II, capítulo IV — la tasa legal de interés «ought always to be somewhat above the lowest market price»; si fuera de ocho o diez por ciento, el dinero «would be lent to prodigals and projectors, who alone would be willing to give this high interest». Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro II capítulo IV — Consultada: 2026-09-14.
  12. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro V, capítulo I, parte III — «The third and last duty of the sovereign or commonwealth, is that of erecting and maintaining those public institutions and those public works, which though they may be in the highest degree advantageous to a great society, are, however, of such a nature, that the profit could never repay the expense to any individual, or small number of individuals»; y los ejemplos de obras que facilitan el comercio, «such as good roads, bridges, navigable canals, harbours», junto al artículo «Of the Expense of the Institution for the Education of Youth». Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro V capítulo I — Consultada: 2026-09-14.
  13. Keynes, John Maynard. The General Theory of Employment, Interest and Money, 1936, capítulo 24 «Concluding Notes on the Social Philosophy towards which the General Theory might Lead», sección III — el Estado «will have to exercise a guiding influence on the propensity to consume partly through its scheme of taxation, partly by fixing the rate of interest»; «a somewhat comprehensive socialisation of investment will prove the only means of securing an approximation to full employment», pero «no obvious case is made out for a system of State Socialism»; la crítica consistió no en «logical flaws» sino en que sus supuestos tácitos «are seldom or never satisfied»; y con la producción de pleno empleo «the classical theory comes into its own again from this point onwards», sin objeción a su análisis de cómo «private self-interest will determine what in particular is produced». Project Gutenberg Australia: Keynes, Teoría general, cap. 24 — Consultada: 2026-09-14.
  14. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776, Libro IV, capítulo II — el sastre que no hace sus zapatos y el zapatero que no hace su ropa; «What is prudence in the conduct of every private family, can scarce be folly in that of a great kingdom»; y la industria del país, al comprar fuera, queda «left to find out the way in which it can be employed with the greatest advantage». Project Gutenberg: Wealth of Nations, Libro IV capítulo II — Consultada: 2026-09-14.
  15. Keynes, John Maynard. The General Theory of Employment, Interest and Money, 1936, capítulo 3 «The Principle of Effective Demand» — el volumen de empleo «depends on the amount of the proceeds which the entrepreneurs expect to receive from the corresponding output», y el punto de la función de demanda agregada donde la corta la de oferta «will be called the effective demand». Project Gutenberg Australia: Keynes, Teoría general, cap. 3 — Consultada: 2026-09-14.
  16. U.S. Bureau of the Census. Historical Statistics of the United States, Colonial Times to 1957, capítulo D (Labor Force), series D 46-47 «Unemployment: 1900 to 1957» (promedios anuales, personas de 14 años y más) — desempleados como porcentaje de la fuerza laboral civil: 3,2 en 1929 y 24,9 en 1933. U.S. Census Bureau: Historical Statistics, capítulo D — Consultada: 2026-09-14.
  17. Congreso de Colombia. Acto Legislativo 1 de 1936 (agosto 5), reformatorio de la Constitución, Diario Oficial n.º 23.263 de 22 de agosto de 1936, artículo 11 y parágrafo (texto reproducido en un anexo de la Editorial Universidad del Rosario) — «El Estado puede intervenir por medio de leyes en la explotación de industrias o empresas públicas y privadas, con el fin de racionalizar la producción, distribución y consumo de las riquezas, o de dar al trabajador la justa protección a que tiene derecho», con leyes que requieren «el voto favorable de la mayoría absoluta de los miembros de una y otra Cámara». Universidad del Rosario: Acto Legislativo 1 de 1936 — Consultada: 2026-09-14.
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